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LAZIO 1 - ATLÉTICO 3

Falcao conquista Roma

El Atleti remontó el tanto inicial de Klose y dio una lección al Lazio en su estadio. El ataque rojiblanco fue demoledor. Falcao (dos goles), Adrián (uno) y Diego sobresalientes.

El Atlético vuelve a ser temible. Hace bien poco volvió a la senda de los títulos. Pero ahora, de la mano de Simeone, ha dado un paso más y no sólo se conforma con ser de nuevo candidato a reinar en Europa por la vía resultadista. Esta vez su amenaza va acompañada de argumentos futbolísticos añorados, que son tan contundentes para pasearse por la Europa Liga como para haber competido con garantías en esta Champions. Lo de El Sardinero no fue casualidad repleta de mala suerte. Ni es un don divino regalado por el Papa. En el Olímpico dio una exhibición de ingenio en ataque y, sobre todo, ofreció una lección de amor propio porque el librillo, la pizarra y la actitud se han retocado. El espíritu de pupas ha mutado. Desde ahora le va más el apellido de invencible. Siete partidos con el 'Cholo', sin noticias de derrotas.

En cualquier otro día, no hace mucho, el injusto gol de Klose que adelantó al Lazio por un mal blocaje de Courtois hubiera sido el origen de una catástrofe. Hasta ese minuto 19 en el que llegó el primer gol encajado de la nueva era, el Atlético mandaba, se expandía en campo ajeno y no sufría en defensa. Falcao había estrellado incluso un balón en el larguero y Koke, la única y brillante novedad en el once, a punto estuvo de culminar una gran combinación entre Falcao y Adrián. Sin embargo, el equipo siguió a lo suyo. Con la certeza de haber estado haciendo bien las cosas hasta el momento, a pesar del resultado adverso, y con la mordiente necesaria para teñir de justicia el marcador.

Los goles de la justicia

El Atlético se apoyó en la sobriedad de Mario en la medular y catapultó su ataque desde las botas de Diego. El brasileño regaló otro master de cambios de ritmo, ofrecimientos, llegadas por sorpresa y pases al hueco. Entre él y los incansables movimientos de Adrián descompusieron a la defensa romana. Falcao no puede tener mejores escuderos. A ellos se unieron Juanfran y Filipe, que dan un aire brasileño al equipo desde los laterales al priorizar, por fin, el desborde a la persecución. Así apareció el empate:

En el 1-1, Juanfran llegó a la línea para poner un balón donde más le duele al adversario, en el punto de penalti donde portero y defensa confunden sus dominios. Falcao cabeceó el servicio en busca de una segunda jugada que Adrián, en línea con su perro de presa, empujó con inquina. El segundo, diez minutos después, mejoró lo que pareció inmejorable. Taconazo de Adrián, control magistral de Diego aderezado con un centro preciso y remate de Falcao entre rivales. La calidad del pase, la inteligencia del centro y la rabia del remate merecen degustar al menos una repetición.

El premio al inconformismo

Desde entonces, con las cosas en su sitio, el tercer gol, el de la sentencia, siempre pareció más cercano que la igualada. Entre otras cosas porque la defensa del Atlético ha dejado de titubear y porque el hambre de este equipo es tan grande como sus miedos de antaño. Falcao se empeñó en conquistar Roma y él tuvo que ser quien una hora después de lo debido reajustara la proporcionalidad del resultado con la realidad del juego. El colombiano volvió a estar donde debe para machacar un gran pase, otro, de Adrián tras un desmarque de libro. Inmediatamente después, el delantero asturiano fue sustituido, y un rato el 'Tigre' No se sabe si para dosificarlos de cara a la Liga o para que entre ambos no destrozaran más la emoción que queda y se merece el Calderón para la vuelta. Aunque no hay por qué temer. Los complejos también se han esfumado. Un aficionado colchonero dudaría antes de ayer con un 1-3, pero ahora le sobra orgullo y confianza para imaginar, con argumentos, que el futuro va a mejorar el presente.

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