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Portugal llora de alegría junto a un feliz Cristiano

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Portugal llora de alegría junto a un feliz Cristiano

El capitán de la selección, cojo, lideró la fiesta de Portugal por las calles de Lisboa, que acabó en el palacio del presidente de la República.

El avión se llamaba Eusebio, y de él salieron a la una de la tarde, como de un huevo kinder, el regalo sorpresa que esperaba Portugal desde hace 12 años, cuando perdió la final de la Eurocopa en su casa frente a Grecia.

El avión Eusebio aterrizó en Lisboa entre dos gigantescos chorros de agua, uno de color rojo y otro de color verde, los colores de la bandera del país, los únicos, que invaden las calles, los balcones, los trajes de todos los portugueses desde medianoche del domingo. No hay bandera ni más himno que La Portuguesa, que resuena continuamente en las calles del país, en actos oficiales y en reacciones espontáneas de la gente. Solo Cristiano Ronaldo bailaba con una bandera de más, una azul y amarilla, la de su Madeira que le vio nacer y crecer.

Los futbolistas y el equipo técnico iniciaron el desfile por la ciudad hasta el palacio de Belém, rodeado de motoristas y de personas que agitaban banderas y camisetas a su paso por puentes, arcenes y calles. En Belem les esperaba el presidente de la República y todos los líderes políticos, todos con la bufanda con los colores de Portugal.

Recibimiento a los campeones de la Euro

Hasta dentro del palacio entraron los dos autobuses de la selección, donde los futbolistas iban elegantemente vestidos de traje y chaleco, pese al calor, mientras daban botes al son de la megafonía. Renato, mejor jugador joven del torneo, llevaba el ritmo y se hacía selfies, mientras que a Cristiano, muy cojo, no le faltaban fuerzas para cantar el himno accidental que ha unido estos días a jugadores e inmigrantes, la canción Mi Casita, una canción nostálgica, pero al ritmo rockero del grupo Xutos e Puntapés: “La nostalgia que yo tenía”, jaleaba Cristiano a la gente que llenaba los alrededores del palacio, “de mi alegre casita, tan modesta como yo”.

En los jardines, el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, que otorgó a cada miembro de la comitiva la medalla de la orden del mérito, elogió la labor del presidente de la federación, Fernando Gomes, y al seleccionador, Fernando Santos, “un hombre de fe, un hombre de palabra, que dijo que iba a venir el día 11 aquí con la Copa y aquí está. Un líder inteligente, un líder con calma, que nunca ha tenido miedo de nada”

Santos fue fundamental en los cambios de la final por su valentía, pues sustituyó a Cristiano por el frío Quaresma, y quitó a un centrocampista (Renato) para meter un delantero, demostración de que no quería penaltis. Sacó al patito feo de un equipo de patitos feos, a Éder, denostado por los mismos portugueses, pero proclamado en Francia, precisamente, el mejor fichaje de invierno. Éder hizo el gol, provocó la falta que acabó en el palo, y durmió la bola cuando llegaba a la delantera.

Elogios del Presidente Marcelo Rebelo de Sousa

“El fútbol es un deporte de equipo y tan importante es marcar con el tobillo como parar un penalti”, añadió el presidente de la República. “Ese espíritu colectivo nos dio la victoria. Son ustedes el orgullo de los emigrantes, de los portugueses, y hoy más que ayer, hay razones para creer en Portugal”.

El constante recuerdo a los emigrantes portugueses, de los que un millón vive en Francia, ha marcado todas las declaraciones, del entrenador a Cristiano.

Éder, el patito feo, fue el más aclamado, por encima de Rui Patrício, Guerreiro, Pepe y Cristiano, los cuatro portugueses del once ideal europeo. Ayer Cristiano volvió a llorar junto a todo su país, pero esta vez fue de alegría. Portugal, dos veces semifinalista en la Eurocopa, semifinalista en el Mundial de 2006, finalista en la Eurocopa de 2004 en su casa, ahora la ha conquistado en París porque sí, porque los héroes necesitan imposibles. “¡Portugal!”, cantaban ayer las gargantas de todo el país, “¡valiente e inmortal!”.

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