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El vestuario culé empieza a cuestionar a Luis Enrique

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El vestuario culé empieza a cuestionar a Luis Enrique

Se echa de menos una idea de juego, diálogo y hay desconfianza. Hay varios jugadores azulgranas que creen que “el Clásico no se preparó bien”.

Seguro que cuando Luis Enrique dijo “se abre la veda” en sala de prensa inmediatamente después de perder ante el Celta en casa se refería a los medios de comunicación. Y puede que no le faltara razón. Posiblemente, ignoraba el asturiano que la ‘veda’ se ha abierto también a sus espaldas. Su problema no está únicamente con los que se sientan delante suyo en las ruedas de prensa. Empieza a tener vías de agua en el camerino. Los jugadores, o mejor dicho, un grupo importante de ellos, empiezan a cuestionarle. Cuatro meses después de tomar posesión del cargo, el vestuario ya desconfía de su técnico.

La gota que llevó a que las críticas pasaran a compartirse fue el partido del Bernabéu. Textualmente, algunos jugadores consideran que “el partido del Bernabéu no lo preparamos como debía, llegamos sin saber que plan tener. No entendemos a qué quiere jugar”.

En ese contexto cobran sentido las palabras de Mathieu a una emisora francesa en las que dijo que “me sorprendió jugar de lateral en el Bernabéu”. No era un crítica al técnico, era simplemente una constatación de que el francés no había recibido en toda la semana el menor signo de que iba a variar su posición en el Clásico. Tampoco ayudó a cimentar el prestigio del técnico entre sus jugadores las decisiones que tomó a lo largo del duelo en Madrid. “El cambio de Rakitic por Xavi fue el colmo”, comentó textualmente uno de sus futbolistas.

Sin diálogo. La manera de trabajar de Luis Enrique, que evita el contacto directo con los futbolistas a los que trata por igual, sin distinciones y que se encierra en reuniones con sus colaboradores más próximos, choca con una parte del equipo que estaba acostumbrado a otra manera de trabajar.

“No hay acercamiento alguno, no habla con nadie del equipo”, argumenta uno de los pesos pesados del equipo. La desconfianza se está apoderando del plantel respecto al entrenador, al que vieron llegar con las ideas muy claras, pero que ahora le detectan perdido.

Luis Enrique sustenta su autoridad en base a una idea de disciplina que el vestuario no acaba de entender. Empieza a correr la idea por Sant Joan Despí de que “da la sensación de que el técnico tiene algo personal contra algunos jugadores”. Una idea peligrosa.

Luis Enrique es un corredor de fondo, habituado a resistir malos momentos para acabar imponiendo su idea. Es de aquellas personas que considera que la persistencia es una virtud y que cuando exige a alguien, si este responde, al final acabarán triunfando ambos. El problema está en que nunca hasta hoy el asturiano se había visto dirigiendo a un vestuario con tantos egos y tantas estrellas como es el del Barcelona.

La directiva confía en el técnico al cien por cien, la dirección deportiva lo mismo y Luis Enrique se siente fuerte a pesar de los últimos reveses.

No obstante, los jugadores no saben a que atenerse ante los continuos volantazos de su entrenador, que les tiene desorientados.

A día de hoy, la mayoría de la plantilla sigue mirando más a Messi como solución de sus problemas que a Luis Enrique. La solución a la indefinición del juego del Barça pasa por el entendimiento entre ambos. Un entendimiento que ha ido de más a menos en estos meses. El vestuario pide diálogo, falta ver si el técnico abre la veda a la asamblea.

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