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ATLÉTICO de Madrid 1 - BARCELONA 1

Neymar frustra el golazo de Villa

El brasileño tiró al traste con su gol de cabeza el gran partido del Atlético, que se adelantó con una gran volea del asturiano. Undiano perdonó la roja a Busquets. Messi, lesionado.

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Neymar celebra su gol en el Calderón. | JAVIER SORIANO

Villa marcó un golazo para un Atleti ejemplar. Neymar resucitó a un Barça que estaba groggy. Y Undiano mantuvo esa filosofía de huir de los problemas a la que se apuntó hace tiempo. Así, la Supercopa se marcha al Camp Nou con ventaja culé, pese a que los de Martino dieron claros síntomas de no haber asumido aún la vuelta al trabajo. Su rival, por contra, vive enchufado. Medalla para el Cholo, que cogió un equipo que bajo presión se diluía como un azucarillo y ahora compite como pocos en los días tontos y como nadie en las finales.

El 1-0, a los 12 minutos, fue el ideal de lo que pretende Simeone, la naturaleza contragolpeadora del Atleti en todo su esplendor. Presión, robo de balón y combinación precisa y vertiginosa entre Koke, Arda y Villa, socios perfectos. Para este tipo de acción, Villa es mejor que Falcao. Cada toque suyo en la jugada, la mejoró, hasta desembocar en un remate fabuloso, una volea muy difícil ajustada al palo. Un gol para enmarcar. Había dicho el Guaje que cuando marca a un antiguo equipo lo celebra con menos efusividad. Visto que sólo le faltó besar el banderín, da miedo pensar cómo festejará su próximo tanto. Tal vez sea mejor mantener este horario antiniños por lo que pueda suceder...

El gol no espabiló al Barça, una sombra durante la 70 minutos, siempre con cinco segundos de retraso respecto a sus rivales. Busquets, rodeado de unas versiones de Xavi e Iniesta que parecían señores disfrazados, no daba abasto, rodeado de tiburones. El Atleti de Simeone vive con hambre. Se come un entrecot y el cuerpo le pide un chuletón. No para.

La presión rojiblanca obligó al Barça a traicionar sus principios y recurrir sin reparos al balón largo de Piqué hacia Alexis, el único que corría. El chileno ve la portería como una ratonera y su cerebro parece no controlar siempre a sus piernas, pero es un futbolista muy superior a la leyenda que se ha creado a su alrededor. Hasta el descanso, fue el latido del Barça y la principal preocupación del Atleti, que rozó el 2-0 en el 17’ con otra contra de manual en la que Valdés evitó el éxtasis definitivo de un Villa que parece haberse quitado tres años de encima.

En distinta medida, fallaron los esperados protagonistas de la noche. Diego Costa se enzarzó en una batalla con Jordi Alba que acabó por sacarle del partido. De Messi no hubo noticias hasta que se anunció que se quedaba en el banquillo tras el descanso por unas molestias físicas. Entró Cesc y, nunca pensé escribir esto respecto a Messi, el Barça empezó a jugar con once.

El partido se igualó y Courtois empezó a trabajar. Mucho portero para la miopía de Alexis. Miranda casi repite heroicidad en una final, pero le faltó un centímetro, y Undiano dio la puntilla al Atleti perdonando la segunda amarilla a Busquets en dos ocasiones; la segunda, al cortar una contra de Villa, de manual. Le faltó silbar el Pío pío mientras huía del corro de atléticos.

De inmediato, empató el Barça: centro de Alves al segundo palo, Juanfran que se olvida de que tras su espalda no acaba el mundo y Neymar que cabecea a placer. El Atleti, pese a un último intento de Villa, sacó bandera blanca y Courtois mantuvo el empate. Poco premio para tanto esfuerzo, pero tal vez el Atleti no esté tan lejos como quiere hacernos creer el Cholo...

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