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La resaca de la Copa del Rey resucita dudas históricas

El KO copero ante el Real Madrid evidencia las carencias del equipo azulgrana. Hay falta de autocrítica: tras perder en Milán se culpó más al césped que a los propios errores.

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El regate de Di María a Puyol ejemplifica el roto del Real Madrid al Barcelona. | Carlos Mira

El Barcelona se despertó ayer colgado del otro lado del péndulo. Acostumbrados en los últimos años a ver las cosas desde el prisma del vencedor, ya sea desde el punto de vista matemático, moral o del estilo, el club blaugrana se sintió descolocado en todos los flancos. Por primera vez en mucho tiempo no hubo más remedio que tragar a cucharones que el Madrid había sido mejor en el resultado y en la puesta en escena. Siendo una entidad de moral endeble por definición, la eliminación provocó conclusiones apocalípticas que han llevado a primar más la Copa que los 16 puntos que a día de hoy le sacan los azulgrana al Madrid en Liga. Parece como si el tiempo no hubiera pasado. Todos los miedos históricos del culé afloraron con la resaca del 1-3.

Parte del impacto que ha generado esta eliminación es consecuencia de la falta de autocrítica por parte de un Barça que lleva tiempo ensimismado en su modelo. El Barça ha vivido convencido de que su fórmula era perenne y que el camino al éxito era en bajada. Especialmente, desde que faltó el técnico que cada día (a veces con más acierto que otras) revolucionaba al grupo.

Que después de perder en Milán una voz tan autorizada como Xavi dijera que la derrota tenía una parte positiva porque "a este equipo le falta una remontada" y que, desde todos los ámbitos del club, se acusara al mal estado del césped como causa principal del naufragio marca el punto de seguridad ficticia que se acumulaba en el vestuario. En otras épocas no demasiado lejanas, a esa manera de pensar se la definió como autocomplacencia.

El equipo, a fuerza de reveses médicos, ha quedado en manos de unos jugadores que no han respondido. Da la sensación de que los entrenadores de guardia respetan las jerarquías a la espera de que alguien dé un paso atrás, pero aquí nadie dice ni mú. La autogestión se ha agotado y parece que las alineaciones hechas en virtud del rango cuartelero no son garantía de nada. La cuestión está en cómo recuperar a jugadores que no han tenido su oportunidad

Esquema. El inmovilismo del Barça le ha llevado a jugar igual ante el Madrid, que ante el Milán sin aprovechar la experiencia del fracaso. A jugar igual ante el Granada que ante el Sevilla.

El único día que se cambió algo fue ante el Getafe, partido que tuvo rara hasta la hora (holgada victoria por 6-1). Ese día, con rotaciones, el Barça fue más Barça que nunca. Y nadie reparó en ello.

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