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Liga BBVA | DEPORTIVO - REAL MADRID

Amancio: "En un partido así querría que ganaran los dos..."

Amancio Amaro fichó por el Madrid en 1962 tras estar cuatro temporadas en el Deportivo y ser el artífice de su ascenso a Primera. En torno a él se edificó el Madrid de los Ye-Yés.

¿Por qué se decidió el Madrid a ficharle?

Fue la temporada del ascenso con el Depor, en la que marqué 29 goles. Fui Pichichi de Segunda. Había un buen equipo con los vascos Pegaso, Aurre, y con Manín, Jaime Blanco, Veloso Yo tenía 22 añitos.

¿Quién le llevó al Depor?

En realidad fue el Celta. Estando con la selección gallega y jugando contra la selección oeste, que era Valladolid, Palencia y eso, los directivos del Celta quisieron que me quedara en Vigo al día siguiente para hablar. Y fue cuando se interesó el Depor porque yo estaba jugando con el Victoria en Coruña. Dijeron: "¡Si lo tenemos aquí y no nos hemos dado cuenta!".

¿Cómo se tomaron sus padres que fuera futbolista?

Mi madre tenía un puesto de fruta y mi padre trabajaba de pintor. Hablamos de los años 50 y, siendo mi familia modesta, pasé de estudiar a jugar.

¿Cómo se enteró de que el Madrid quería ficharle?

Antes de eso hubo otros equipos. Oviedo, Sevilla Incluso el Barça. Vino a A Coruña un directivo que era fabricante de textil. Tamburini. Habló conmigo y nada más, y apareció el Madrid.

¿Qué pasó?

Había buena relación del secretario técnico del Depor, Pedro González, con el Madrid. Y luego estaba el dueño de la Voz de Galicia, Emilio Rey, que había estudiado con Bernabéu en El Escorial y ya le había avisado de mi potencial. Y Don Santiago había venido a verme al campo del Plus Ultra, a Ciudad Lineal, para examinarme.

¿Recuerda la primera vez que vio a Don Santiago?

Fue en el hotel Atlántico. Yo ya había fichado y quiso conocerme. Se presentó imponente. Venía de la pesca del cachalote en Finisterre. Llegó con su boina, su ropa de mahón, del azul típico de marinero, y con la camisa abierta mostrando una gran cicatriz en el pecho. Y con el puro en la mano, claro. Me sorprendió lo campechano que era.

¿Cómo fue su primer partido con el Madrid?

Fue en África, en Ghana. Me mosqueó que la única camiseta que no tenía escudo era la mía. Y ya me dio por preguntarle a Alfredo Di Stéfano: "¿Y esto?". Tengo grabada su respuesta: "Este escudo hay que ganárselo sudando primero, chico".

¿Dónde jugaba?

Yo en el Depor era el ocho, un interior. Me fichó el Madrid por eso, pero al final terminé jugando con el siete, en banda, aunque hubo unos cuatro años que jugué de delantero centro, cuando Puskas lo dejó. Así jugué la final de la Copa de Europa del 66. Porque Grosso era más todoterreno y tenía mucho recorrido. Serena se ponía a la derecha y Gento a la izquierda.

¿Era consciente cuando llegó de que el Madrid Ye-Yé se montaba en torno a usted?

En esa época tuvimos que tirar con lo que había, porque alguien tuvo la genial idea de no permitir que vinieran jugadores buenos a España. La famosa medida de los oriundos.

¿Le presionó ser un fichaje tan caro?

Nada de nada. Casi no se hace porque parte de la directiva no estaba de acuerdo con Bernabéu. Fui un empeño suyo. Eran doce millones de pesetas, pero quedaron en diez y la cesión de Miche, Antonio Ruiz, Cebrián y Betancort. Diez millones en el 62 era una locura.

¿Y su primer partido en el Bernabéu?

Tengo mal recuerdo. Fue ante el Anderlecht, en Copa de Europa. La Liga la empezamos en Sevilla contra el Betis. El caso es que nos eliminaron. Fue 3-3 y luego 1-0 en Bruselas.

¿Qué es lo que recuerda de aquel debut?

¡Que me temblaban las piernas! Imagínese con 22 años ante 100.000 espectadores. ¡Y por la noche! Casi estrenando luz artificial. Tanta historia me desorientó. Cuando llegó el descanso no encontraba ni el vestuario. Y mire que nos entrenábamos allí. Pero yo terminé la primera parte desorientadito

¿Y qué siente ante un Depor-Madrid?

Pues que en partidos así querría que ganaran los dos...

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