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Europa League | ATLÉTICO DE MADRID-RUBIN KAZAN

El Atlético se hace el harakiri

Salió dormido, encajó el 0-1, chocó contra un muro verde y luego se suicidó. Asenjo se fue arriba en un córner y encajó el 0-2 en el minuto 95. Toca hazaña en Moscú.

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Orbaiz celebra el 0-2. | PEDRO ARMESTRE

Pensaba el Calderón que ya lo había visto todo, que la normalidad se había instalado para bien en su vida y entonces sucedió lo nunca visto. Tras un partido ya de por sí desesperante, con el Atleti estrellándose una y otra vez contra la defensa del Rubin como si jugase a los bolos y no al fútbol, al Cholo le dio un repente. No se puede explicar de otra manera. Con 0-1, Simeone decidió enviar a Asenjo a rematar un córner en el último segundo de la prolongación como si no hubiera un partido de vuelta en Moscú dentro de una semana. A partir de ese instante, fue una antología del absurdo de esas que alimentan la tragicómica leyenda de este equipo, tan a menudo su peor enemigo.

Digamos que la presencia de Asenjo en el área no asustó a la defensa del Rubin como si fuera Santillana, que despejó sin problemas el balón a la frontal. Allí lo agarró, Eremenko que no dio crédito cuando levantó la cabeza y vio ante sí más pradera que Michael Landon. Entre él y el gol, 80 metros y un sólo enemigo, Juanfran, que resultó ser un amigo cuando en vez de hacerle falta le aguantó, esperando no se sabe muy bien qué. Eremenko lo agradeció pasando a Orbaiz, directo hacia la portería en un sprint en el que él corría hacia delante y los del Atleti hacia atrás. Un gol que no habrían imaginado ni los Monty Python. Y del 0-1 al 0-2 va un mundo. El campeón pasa de estar tocado a estar groggy. Toca heroicidad.

El Cholo asumió su error tras el partido diciendo que decidió tomar un riesgo. Noble y cierto, pero fue más una temeridad. Riesgo es alinear de inicio a Asenjo y Cata, uno sin ritmo y el otro sin una máquina del tiempo. Seis minutos tardó el Rubin Kazan, notable rival, en aprovechar la zona blanda. Karadeniz, Eremenko y Rondón combinaron mientras el central argentino daba vueltas sobre su eje y el venezolano remató para que Asenjo dejase un rechace blandito en el área pequeña, regalo que Karadeniz agradeció. Seis minutos y a remar.

Pero el Atleti estaba sin remos. Si Falcao y Arda son las estrellas, Gabi y Diego Costa son el alma de un equipo que vive de la actitud. Sin ellos, la presión se tornó brisa. Mario Suárez, Adrián, Cebolla... Suspenso general de los que tenían que hacer méritos. La primera parte fue rusa, con otro aviso de Rondón en coproducción con el Cata. Por suerte, Sharonov se compadeció de su colega central y se ganó la expulsión antes del descanso con dos amarillas inapelables. El Atleti vio algo de luz.

El Rubin, entre la inferioridad y que llevaba dos meses sin partidos oficiales, cambió el registro y se encerró en su área. El Atleti mejoró la actitud, pero las carreras no enmascararon su falta de fútbol. Sólo Arda es capaz de manejarse en espacios limitados, así que su único recurso fue el empuje. Es muy meritoria su temporada, pero ha empezado a escasear la gasolina y la falta de calidad se cobra factura en días así.

El asedio consistió en colgar balones y cruzar los dedos. Ryzhikov, portero raro aunque resolutivo, cumplió doblemente: parando y perdiendo un tiempo infinito ante la permisividad arbitral. Y cuando él no llegó, Adrián y Cebolla culminaron su nueva decepción con dos remates fuera a puerta vacía. Así acababa la racha de 20 victorias en casa. La noche era para olvidar, hasta que el Atleti decidió hacerla eterna. Para mal.

 


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