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Liga de Campeones | CELTIC 0-JUVENTUS 3

La Juventus congela Celtic Park

Matri en el arranque y Marchisio y Vucinic en la recta final dejan el pase a cuartos cerrado, salvo hecatombe, para una Juventus funcionarial pero muy superior a un Celtic limitado.

La Juventus congela Celtic Park Ampliar
Tres goles dejan al Celtic casi fuera y a la Juventus de Conte con un pie en cuartos de final. | Jeff J Mitchell

En seis minutos, entre el 77 y el 83, Marchisio y Vucinic aguijonearon a un Celtic estrujado y dejaron el pase de la Juventus a cuartos sentenciado salvo hecatombe. En realidad pareció estarlo desde que Matri saludó al partido con un gol sin cumplirse el tercer minuto. Al tercero, el último clavo en el ataud, le siguió el silencio en Celtic Park, una caldera que se dejó la garganta y cumplió con la mística antes de dejar una grada casi vacía cuando Undiano Mallenco pitó el final. Gélido epitafio para una noche que empezó hirviente, con los ultras de la Green Brigade desplegando un enorme cartel que rememoraba la histórica portada de The Clash: “London Calling”, la final de Wembley llamando al Celtic y la eterna silueta de Paul Simonon destrozando su guitarra… contra un escudo de la Juventus. Pero la mística, por desgracia para la maravillosa afición del East End de Glasgow, no gana partidos. No al menos partidos como este.

Porque enfrente estaba la vieja Juventus, la dama de la Copa de Europa. Esta Juve que ha reconquistado Italia y que vuelve a ser fuerte en Europa tras un regreso casi literal desde los infiernos no es la Juventus de siempre, áspera y ganadora, italiana hasta el tuétano. El de ahora es un equipo que quiere jugar bien y que lidera una redención del Calcio con el que colabora la Azzurra. Con Conte como ideólogo en el banquillo y en el campo el arquitecto de casi todo lo bueno que le ha pasado que le ha pasado al fútbol trasalpino en la última década: Pirlo. Pero en Celtic Park rindió tributo a la historia en un recinto que huele a ella y a fútbol de siempre. Y ganó como tantas veces, como siempre, en un ejercicio de táctica y eficacia. Gol tempranero, partido en conserva, sentencia a golpe de picotazos, cuartos de final en el bolsillo y el regreso a la elite continental encarrilado.

La Juventus fue inteligente y práctica en un campo en el que no se pueden cometer errores y en un momento de la temporada en el que trata de recuperar su mejor nivel tras cierta zozobra en el arranque del año. En el Calcio vuelve a llevar con el gancho al Nápoles y en Escocia no maravilló pero ganó de sobra. Con un once cercano al de gala aunque con Peluso y sin Chiellini ni Asamoah. Y sin Giovinco, al que Conte consideró liviano para un partido que se presumía bravo. Lo fue durante apenas dos minutos, el tiempo que pasó entre el pitido inicial de Undiano y el gol de Matri. Tiempo para un pequeño terremoto, un par de arreones locales y un par de disparos lejanos. Hasta que un balón largo descubrió lento a Ambrose en la recuperación y al portero Forster en la salida. Entre ellos se coló Matri, que marcó un gol que primero fue para Marchisio, que remachó un despeje de Wilson cuando el balón ya había superado la línea: gol de Matri, gol de la Juventus en todo caso y golpe mortal para un Celtic al que ya no le salían las cuentas por mucho que siguiera en el partido a base de genética y corazón. Quien se niega a vivir de otra manera no muere de otra manera. Y el Celtic murió con justicia y goleado pero de pie. Llegó hasta donde le dieron las fuerzas, no mucho esta vez.

El plan de Conte redobló su sentido con el 0-1 y la Juventus jugó un partido inteligente, sin fallos defensivos y sin lanzar arriba la presión. Basculó con paciencia ante un rival sin caudal de fútbol y lanzó los contragolpes justos, tocando hasta Pirlo y bombeando a partir de ahí hacia Matric, Vucinic y Marchisio. Seguro en el muro frontal que repelía los empellones del Celtic, cada vez más primitivo y apagado, el cuadro turinés dormitó y rumió su superioridad hasta que soltó los dos directos que tumbaron al rival y que convirtieron el triunfo a los puntos en K.O. Primero Marchisio, en su enésima ruptura por la izquierda, con un gran recorte y tras una excelente asistencia de Matri, el delantero que estuvo casi desahuciado en el mercado invernal. Y después Vucinic, que golpeó los flancos de un rival que ya no corría hacia atrás ni hacia delante: se movía en desbandada. En ese tramo final debutó Anelka y la mente de la Juventus, la vieja Juventus, ya estaba puesta en los cuartos, el lugar al que regresa y donde tuvo antaño un puesto reservado por derecho.

Al Celtic, que no pudo contar con el talismán Samaras, sólo se le puede aplaudir su trayectoria hasta aquí, el pase a octavos, aquel triunfo ante el Barcelona que aún disfruta una grada siempre feliz aunque a veces resignada. El plan de Neil Lennon necesitaba una tonelada de trabajo y un milagro y este no se produjo. Mal atrás, muy blando Ambrose, a merced de los contragolpes que espolvoreó una Juventus que no regaló ni una gota extra de brillo. Y sin fe en ataque en cuanto le sepultó el paso de los minutos. Muchos disparos lejanos primeros, un millón de balones colgados después y apenas un par de remates francos. Lo más cerca que estuvo del gol fue en los agarrones en el área que antecedían a cada córner, un baile protagonizado por Lichtsteiner y Cooper que pareció destinado a acabar o con un penalti señalado o con expulsión del delantero. Undiano prefirió no tocar la vajilla por miedo a romperla. Quiso escapar del protagonismo y lo consiguió.

La Juventus estará en el bombo de cuartos salvo que suceda una epopeya que no parece al alcance de este Celtic, limitado en Celtic Park y todavía menor a domicilio. Y no ante esta Juventus experta, madura y con mucho más fútbol del que necesitó en Glasgow. Un aviso para los que lleguen a cuartos. La Juventus, la vieja dama de Europa, está de vuelta.

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