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Liga de Campeones | MANCHESTER UNITED 2-EVERTON 0

El United viaja al Bernabéu con la Premier League en el bolsillo

Mourinho fue testigo en la grada de Old Trafford de una demostración de jerarquía de su rival en Champions, que prácticamente sentenció la Premier. Marcaron Giggs y Van Persie.

Juanma Rubio
El United viaja al Bernabéu con la Premier League en el bolsillo Ampliar
Giggs y Van Persie marcaron los goles ante un Everton que se sintió inferior. | Shaun Botterill

Doce jornadas por delante, doce puntos de ventaja. Poco le ha durado la alegría al acaudalado City, de nada han servido los volantazos del Chelsea, las veleidades exquisitas del Arsenal, la pujanza del Tottenham o la reinvención del Liverpool. La Premier League va a volver al que ha sido su hogar en el último lustro con la excepción de la aparición del City como impertinente vecino la pasada temporada. Doce puntos, doce jornadas: salvo cataclismo improbable, el Manchester United volverá a ganar su campeonato doméstico salvo que estropee un curso que está gobernando con una autoridad incuestionable. Aviso para navegantes.

 Porque el United es la historia, la camiseta, Old Trafford y el sabor a batallas gloriosas. Tiene aventuras vividas y cuentas pendientes con cualquier otro transatlántico del fútbol europeo. Por eso es uno de los grandes. Aviso para navegantes: puede parecer un United peor que el de un pasado no tan lejano pero es el United. Competitivo, experto, en perfecto estado de revista y terriblemente peligroso. Sin un gran caudal de fútbol, con la línea de retaguardia a veces en solfa y con problemas para gobernar el balón durante períodos de partido largos. Todo eso es tan cierto como que es un equipo con una genética tan definida que asusta. Una genética que gana partidos. Con un juego mejor o peor, atractivo o conservador, dictatorial o afortunado. Gana partidos, el último ante un Everton que apenas pudo airear en Old Trafford trazas de su brillante temporada, minimizado por un rival que le sometió y le dirigió, anestesiado. Presión inicial, gol tempranero, repliegue, sentencia a la contra.

Mourinho miraba en la grada y lo que vio fue a ese viejo United que mutará poco en cuanto a nombres en el Bernabéu. Del equipo que se espera en Madrid sólo se cayeron Ferdinand, vital en la defensa, y Carrick, instrumental en el centro del campo. El resto estaban, Rooney y Van Persie en punta, y todo queda a expensas de lo que pase por la mente de Sir Alex el miércoles. Si plantea un partido cerrado podría postar por el trivote y meter a Phil Jones junto a Carrick y Cleverley, que parecen fijos. Si quiere evitar alegrías excesivas quizá sacrifique a Rafael, lateral derecho, y ponga el cepo a las subidas sísmicas de Evra en el costado izquierdo. Tal vez agrupe líneas y no plante uno de esos dibujos asimétricos que tan bien le funcionan. El ataque seguramente no variará: Valencia y Giggs en bandas, Rooney detrás de Van Persie.

El partido ante el Everton vengó un empate a 4 fatídico que le costó un pedazo de la pasada Premier, dejó vista para sentencia la actual y de paso explicó hasta al espectador más despistado por dónde se va hacia el desastre ante este equipo, rocoso cuando toca serlo. Ordenado en la presión, mandó hasta que forzó dos llegadas claras. La primera la mandó Van Persie al palo, la segunda la embocó Giggs, que ha marcado al menos un gol en las últimas 23 ediciones de la Premier League. Después entregó la batuta al Everton, obligado a jugar lejos de De Gea y anestesiado, condenado a jugar a contraestilo. Sin arrreones verticales y sin buscar a Fellaini por alto, el Everton se enredó en un toque plano y dócil que sólo le sirvió para entregar el 2-0 en bandeja, en un despliegue rápido del United que culminó Van Persie, que no falla dos ocasiones. El Everton es desde luego mucho menos que el Real Madrid, pero es más de lo que pareció en Old Trafford, competidor legítimo por las plazas de Champions que apenas lo pareció: otro aviso para navegantes.

El Manchester se sabe su guión y es paciente. Acumula sin disimulo minutos de nada cuando le conviene y mete la sexta velocidad cuando la ocasión lo requiere. Es peligroso por alto, malo para el Real Madrid, y letal si cometes despistes defensivos, otro asunto en el que no saca matrícula esta temporada el equipo de Mourinho. Llega rápido y mete jugadores en el área rival, peligroso desde las bandas con los desmarques de Van Persie a modo de diapasón, una sentencia de muerte cuando acompañan a las acciones en tres cuartos de Rooney, que se maneja como una piraña en esa zona de nadie que separa la espalda de los centrocampistas del pecho de los centrales, vendidos si llegan tarde y se ceban porque Van Persie les castiga con rupturas en diagonal.

El Real Madrid es favorito y tiene un caudal de llegadas y un ritmo de partido que deberían hacer daño al United. Pero tiene que respetar al máximo los códigos de la Champions ante un rival que tiene mimbres para sacarles brillo: eficacia en tus ocasiones, máxima atención defensiva, cuidado en el balón parado, aplicación competividad salvaje. Al Real Madrid le espera un equipo con menos talento pero experto e histórico, aplicado y con una delantera tremenda. La cita será el miércoles y será de primera categoría. Pura Champions.

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