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Liga BBVA | GRANADA 1 - REAL MADRID 0

Frenazo en seco del Madrid

Cristiano marcó en propia puerta. Inoperancia en ataque. Callejón y Benzema tuvieron el empate en sus botas.

Juanma Trueba

El estado de optimismo del Real Madrid se interrumpió anoche en Granada, donde el equipo de Mourinho completó su terrible gira andaluza: derrotas en Sevilla (Pizjuán y Heliópolis), Málaga y Los Cármenes. Sin justificaciones ni excusas, sólo queda constatar que el Granada fue mejor, tan metido en el partido que acabó dentro del Madrid, le arrebató el contragolpe y hasta se sirvió de un gol de Cristiano. Alcaraz no hubiera podido soñar algo así; Drácula tampoco.

El dato es concluyente: la primera mitad terminó sin disparos del Real Madrid entre palos. El partido, de hecho, nos ofrecía un inesperado cambio de papeles. El Granada contragolpeaba como suelen hacerlo los madridistas, con ese dinamismo frenético de gacelas en estampida. El equipo de Mourinho, a cambio, se manejaba como un anfitrión algo perezoso, dominador del juego, pero obtuso en la creación.

El asombro era completo porque el Granada ganaba el combate físico en ataque y en defensa. El Madrid se encontraba, sin esperarlo, con un adversario más áspero que un pantalón de franela. El jersey de Wally era un disfraz, porque nadie se escondía: llegado el momento de presionar, cada jugador de Alcaraz se desplegaba como una navaja suiza. Así rascaban Aranda o Ighalo, y así pinchaban el mediocampo y la defensa.

Lo sufrieron especialmente Cristiano e Higuaín, los jugadores que más intiman con los futbolistas contrarios. Algo extraño ocurría anoche, porque su fortaleza no les hacía ganadores de ningún combate. Esa confusión explica, en cierta manera, lo que estaba por suceder.

Habían transcurrido veinte minutos cuando el equipo local robó un balón y cargó su ballesta. Arbeloa abortó el gol en el último instante, cuando Nolito ya imaginaba la celebración de su primer tanto con el Granada: los besos a repartir (al escudo, al anillo, a la Alhambra), el corazón que dibujaría con las manos, los dedos al cielo y el mensaje de la camiseta interior. La afición no tuvo tiempo de sentarse. La jugada continuó con un saque de esquina que Cristiano peinó involuntariamente, fina capa de fijador para batir a Diego López.

Los tuiteros más guasones se apresuraron a decir que Cristiano por fin había marcado al único equipo al que le faltaba y bromearon con una inmediata respuesta de Messi ante el Valencia, dos o tres goles a Víctor Valdés, quizá cuatro. La situación era insólita, pero más allá de la mala suerte o del humor negro, mostraba la perfecta aplicación del Granada, capaz de desquiciar a su ilustre adversario. Al Madrid no se le recuerdan muchos enemigos tan ordenados y tan incisivos, tan rápidos en el juego y en los reflejos, tan ágiles en defensa. Cuántos complejos desaparecen con un nuevo entrenador. Por eso Elizabeth Taylor tuvo ocho.

En la segunda mitad, Mourinho dio entrada a Callejón y Benzema por Khedira e Higuaín. La mejoría fue muy leve, y habría que achacarla más al paso de los minutos que a su influencia en el juego. Se puede maniatar al campeón, pero es imposible evitar el cansancio. El Madrid se acercó más y el Granada se prodigó mucho menos, aunque nunca renunció al gol; lo impedía el ánimo de Ighalo.

A falta de siete minutos para la conclusión, la defensa local tuvo su primer despiste. Mainz no pudo controlar la pelota y Callejón se escapó con ventaja mortal hacia la portería contraria. Ya se cantaba el gol, ya se visualizaba el corazón con las manos, los dedos al cielo, la camiseta interior… Lo intuyó todo el mundo menos Toño, que cayó como una manta rosa sobre Callejón y le apagó las luces. El milagro no acabó ahí. Con el guardameta vencido y la portería abierta de par en par, el rechace llegó a los pies de Benzema, que chutó fuera de modo absolutamente inexplicable.

Así fue el partido, irracional e inesperado. Marcó Cristiano, pero en la portería equivocada. Venció el Granada como lo hubiera hecho el Madrid y hasta las canas de Alcaraz se parecieron ayer muchísimo a las que peina Mourinho.

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