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Liga BBVA | Mallorca 2 - Málaga 3

El Málaga acaba sufriendo ante la tardía reacción del Mallorca

Saviola e Isco provocaron el despegue vertical de los andaluces, pero hubo reacción balear. Los de Pellegrini sufrieron tras la expulsión de Demichelis. Caparrós, tocado.

Carlos Cariño

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Los jugadores del Málaga celebran el gol de Saviola. | Montserrat T Diez

El Málaga, con infinito sufrimiento, se llevó un trabajadísimo triunfo que le devuelve a los puestos de Champions a costa de un Mallorca que sigue en caída libre y que ve agotar con velocidad de crucero el crédito de su preparador, Joaquín Caparrós. Fue un partido que tuvo de todo. Momentos brillantes, locos, aburridos y hasta una expulsión, la de Martín Demichelis en el minuto 71.

Habían pasado 10 minutos cuando una falta muy bien sacada por Isco fue débilmente despejada por Geromel. Saviola, atento a la jugada, cazó el rechace sin dejar botar el balón y fusiló al antequerano Calatayud, que debutaba en partido de Liga. Sexto gol del Conejo en Liga.

El Mallorca, en situación crítica de ansiedad, se quedó absolutamente groggy seis minutos después. El inteligente Roque Santa Cruz observó, con el rabillo de su ojo, como Monreal volaba por su banda izquierda; con la celeridad del rayo le cedió el balón y el navarro, tras ganar la línea de fondo, obsequió un centro exquisito para que Isco, libre de marcaje, lanzase un misil que volvió a sembrar de desazón el semblante del portero bermellón. 0-2. El marcador se ensanchaba y la herida del técnico mallorquinista derramaba sangre a borbotones mientras los silbidos castigaban la deplorable aplicación de sus futbolistas.

El Málaga jugaba a placer. Demasiado a placer. La revolución propuesta por Manuel Pellegrini en su novedosa alineación apuntaba a interesante. El debutante Lugano se compenetraba a la perfección con Weligton, Demichelis recuperaba una posición de medio centro donde se encuentra más liberado que siendo central y en ataque, Saviola y Santa Cruz, habituales bienes sustitutivos, se convertían en complementarios.

Era doloroso ver cómo la ansiedad devoraba al Mallorca; la garra de Pina y los fogonazos del mexicano Giovani (el Málaga estuvo a punto de ficharle el pasado verano y, de hecho, hasta se reunieron con él en un hotel de la Costa del Sol) eran 'porca miseria' para equilibrar la temporal superioridad de su adversario. Pero el Málaga se relajó de manera inexplicable.

Giovani, que encontró un chollo en la banda de Sergio Sánchez, metió un balón que Víctor Casadesús, anticipándose a Monreal, incrustó en el fondo de las mallas. Minuto 27. Exceso de confianza que, dos minutos después, casi le cuesta el 2-2. Pero el trallazo del hebreo Hemed, que volvió a la titularidad tras tres jornadas de severo banquillazo, se fue al cielo de Palma.

El Mallorca achuchaba con más coraje que talento; el Málaga perdía gas y mostraba lagunas. Giovani explotaba su cómodo pasillo y minuto a minuto se atrevía a tomar decisiones. En este maremagnum de nervios emergía la enorme figura del Mariscal Weligton, atento a todo. La clausura del primer tiempo fue balsámica para los malagueños, que necesitaban una reflexión por su inexplicable cambio del rosa al amarillo.

El arranque del segundo tiempo parecía una prolongación de lo anterior; el Málaga seguía en el cine y Giovani parecía desatado. A falta de frescura, los blanquiazules no tenían más alternativa que recurrir a su oficio, a la paciencia y a impedir que el Mallorca fuera, y nunca mejor dicho, ‘caparrosiano’. ¡Bingo! En el minuto 62 Nacho Monreal se fue como un rayo por su banda y soltó un zurriagazo que no pudo atajar Calata. Cuando más lo necesitaba, el Málaga volvía a romper el partido.

La cara de Caparrós era un poema, pero, quien si no, Giovani le devolvió la esperanza (minuto 70) con un fabuloso gol de libre directo. El evento dio un vuelco radical cuando Demichelis, al intentar rebañar un balón que se le fue largo, entró con los pies por delante a Javi Márquez con una brusquedad que el colegiado, Velasco Carballo, observó como punible. El argentino fue expulsado. Era el minuto 72. Quedaba un mundo y el Mallorca se lanzó al abordaje. ¿Cómo administraría el Málaga jugar con un hombre menos?

En el minuto 82, Willy Caballero se arrojó valientemente a los pies de Víctor Casadesús en una acción que era medio gol. El Málaga estaba embotellado y sufría como un condenado a galeras. Geromel mandó al limbo un balón con olor a red. Calatayud que subió a rematar un córner. Fue demasiado tarde

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