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Liga BBVA | REAL MADRID 4 -GETAFE 0

Cristiano desencadenado

El Madrid se desmelenó en la segunda parte después de una primera mitad perezosa. Ramos hizo el 1-0 en una jugada polémica y el portugués firmó un hat-trick.

Juanma Trueba
Cristiano desencadenado Ampliar
Sergio Ramos y Cristiano celebran uno los goles del portugués | JESUS ALVAREZ ORIHUELA

No fue tan fácil, aunque ahora parezca una broma decirlo. El último sabor de boca lo condiciona todo, los cuatro goles indican una avalancha y el resumen televisivo incidirá en esa misma idea: pudieron ser media docena. Sin embargo, el partido, antes de que se impusiera el talento, necesitó de la persistencia. Luego, una vez abierta la puerta, entró el viento, la diversión, la alegría y el optimismo. Los goles. Todo es posible. Hasta encadenar un bostezo con un grito emocionado. Hasta impulsarse en la desgracia y apretarse en la coraza los tornillos de Casillas.

El hat-trick de Cristiano le convirtió en protagonista del partido, en compañía de Özil, con el que siempre conviene tener paciencia. Esa pareja es incontrolable. Tal vez exista antídoto para ellos durante media hora, incluso durante 45 minutos. Pero siempre acaban escapando. No hay prisión de alta seguridad que los retenga ni lúgubre calabozo que los condene. Pregunten al Getafe; Lopo y Alexis todavía inspeccionan sus celdas en busca del túnel.

Por evidente influencia de la matiné dominguera, la primera parte nos dejó un partido de ojos pegados y legañosos. Muy bien el Getafe y muy parado el Madrid, descolocado por el horario o por las dificultades que planteaba el rival, tal vez distraído ante la inminencia del Barça. Es como si el equipo de Mourinho necesitara motivos y ayer no encontrara ninguno. El rival no era el Valencia y el escenario no era Mestalla. No había pique, ni cuentas pendientes, ni rivalidad histórica o histérica.

Al poco tiempo ni la portería madridista nos servía de aliciente. A los tres minutos, Adán salió a los pies de Diego Castro y le arrebató la pelota con seguridad. Esa primera intervención tenía un carácter simbólico: habíamos llegado a pensar que sin Casillas la portería del Madrid sería una procesión de gatos negros. De momento, no.

Sin ritmo y sin la rabia que acostumbra el anfitrión, el Getafe se acomodó asombrosamente al partido y a ratos pareció que disfrutaba. No sólo se manejaba con un orden militar, sino que avanzaba con determinación y alegría, adelantando jugadores como no es fácil que lo haga quien visita el Bernabéu. Su problema, como el de tantos equipos modestos, se localizaba en los últimos metros. Entonces, le faltaba el asesino, el profesional, el tipo que vale millones y ya no hay quien tenga millones.

En choques tan congelados, quien sale victorioso de un regate provoca una revolución. Con eso nos conformamos en la primera mitad, cerrada sin más protagonista que Moyà, quién sabe si el ángel de Casillas equivocó la portería durante 45 minutos.

De vuelta del descanso, Khedira sustituyó a Albiol, con una tarjeta amarilla. El cambio pretendía dar vigor a un centro del campo improductivo. El tándem formado por Essien y Modric ofrece una suma sin media aritmética: o se pierde en las brusquedades del primero o en la insoportable levedad del segundo. Ambos son futbolistas de complemento, pero sin capacidad para la conducción o el liderazgo.

El Madrid mejoró en la misma medida que se achicó el Getafe. Es posible llegar al Bernabéu y ganar la batalla táctica, sin embargo hay muy pocos equipos capaces de resistir la pelea física. Lo triste, para Moyà, es que el derrumbe careció de gloria alguna. Después de una doble parada extraordinaria, a Khedira y Coentrao, el gol del Madrid llegó en una acción repleta de errores, también del árbitro: entre rebotes burdos y escaramuzas fallidas, Carvalho hizo falta al portero y favoreció el tanto de Ramos.

Hasta ahí llegó el Getafe. Y en ese preciso instante despertó el Madrid. Se abrieron espacios, Özil los ocupó a la carrera y el equipo entero se desplegó como le gusta. Cristiano marcó el segundo, a pase del alemán turquesa, con un zurdazo cruzado de los que veremos pocos cuando se retire, allá por el año 2020. En el tercero, el segundo de su cuenta, Cristiano cabeceó un pase de Di María: la ferocidad a la hora de atacar la pelota y la plasticidad del golpeo definen perfectamente sus cualidades como futbolista.

El aguacero era constante, a pesar de no caer una gota. Lopo empujó a Modric y Cristiano completó el hat-trick con un lanzamiento de penalti. Con ese botín, y con la rendida ovación de público, se marchó del campo cuando fue reemplazado en el minuto 72.

Es imposible jugar al fútbol con pesadumbre, aunque el Getafe lo intentó. Hasta disfrutó de alguna ocasión, intercalada entre mil sustos. No consiguió el gol y al final sólo le quedó la nostalgia de su primera parte y la pena de que los partidos tengan dos.

 

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