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Portada | barcelona 5 - osasuna 1

Messi no descansa nunca

Marcó cuatro goles a Osasuna horas después del 'hat-trick' de Cristiano para elevar el tono del duelo del miércoles. Los navarros se quedaron sin respuesta al verse con diez.

Santi Giménez

Barcelona

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Messi y Villa celebran uno de los goles del argent.ino | CARLOS MIRA

Está claro que desafiar a Messi debería ser considerado un comportamiento de alto riesgo. Algo así como bañarse con la tostadora enchufada al lado de la bañera, hurgar con un palo en un avispero o correr un encierro de San Fermín siendo australiano. Hay gente a la que es mejor no molestar, porque luego pasa lo que pasa. Y ayer, después de que Cristiano Ronaldo hiciera otra exhibición en el Bernabéu marcando tres goles, salió Messi por la tarde y le pegó una patada al luso en el culo de los navarros. Con ese aire indolente que le adorna en ocasiones, selló el partido marcando cuatro. Y le sobró media hora que la empleó en dar asistencias a sus compañeros. El duelo del miércoles entre ambos en la Copa promete ser apasionante.

Messi aparte, el partido cayó del lado del Barça por su propio peso. Y ni la excusa arbitral existe. Pero como es semana de Clásico, seguramente valdrá todo. Osasuna se quedó muy pronto con diez en virtud de un reglamento absurdo en el que se penaliza más una mano involuntaria que un codazo voluntario. Ahí, los colegiados no tienen culpa ninguna. Es el reglamento. Está mal pensado. Pero lo aplican. Seguramente, lo hace gente que hizo la mili.

Luego están los fallos en los fueras de juego que son fáciles de determinar en la tele y peliagudos en directo. A Pedro le concedieron un gol que nunca debió ser por fuera de juego de Alves de la misma forma que a Messi le quitaron otro legal (el quinto hubiera supuesto al final del partido).

Es decir, que más allá de los lamentos corífeos, ganó el que tenía que ganar porque es mucho mejor. Osasuna llegó al Camp Nou como el cuarto equipo menos goleado de la Liga (21 en contra) y se llevó cinco. Algo hará bien el Barça.

El Barça, consciente de que disfruta de un colchón de puntos en la Liga que ya quisiera para sí un marqués para su cama, se tomó el partido ante los navarros como una ocasión pintiparada para dar descanso a algunos de los que llegaron más molidos de Málaga, donde el Barça marcó cuatro remontando la eliminatoria sobre un césped muy precario.

Dejando a un lado a Gerard Piqué, que cumplió sanción por la roja en el último partido de Liga, Roura decidió prescindir de Jordi Alba, Cesc e Iniesta. A Xavi y a Pedro los retiró cuando el que nunca descansa, Messi, ya había enviado el partido al limbo.

Lo de Messi ante Osasuna es fijación. La temporada pasada en la Copa se incorporó a la concentración previa al partido cuando se había anunciado que no iba a jugar porque tenía “dolor de panza” y los liquidó en veinte minutos con dos goles. Ayer, que llegaba al partido tras pedir el cambio en Málaga por molestias, algo más raro que un político dimitiendo, les marcó cuatro en una hora.

A Osauna se le empezó a ir el partido cuando se quedó con diez jugadores. En igualdad ya tuvo un milagro, y raramente se producen dos. Menos aún en el Camp Nou, donde la inercia te lleva a la goleada en un día que muchos de los que se saben en medio de una competencia (Adriano, Alves, Villa o Thiago) quisieron hacer méritos para jugar el miércoles.

 

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