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Copa del Rey | Valencia 1 - Real Madrid 1

Un trámite con accidentes

La lesión de Iker Casillas y las expulsiones de Fabio Coentrao y Di María alteraron el cómodo pase del Real Madrid. Benzema marcó primero y Tino Costa salvó el honor.

Juanma Trueba
Un trámite con accidentes Ampliar
GOL DEFINITIVO. Benzema abrió el marcador anoche en Mestalla (43’). En la imagen Khedira, Xabi Alonso y Varane lo celebran con el delantero francés. |

Para el Valencia, el único modo de afrontar el partido era la amnesia, pero la amnesia selectiva, olvidar lo reciente y recordar lo anterior, cuando el Madrid temblaba en Mestalla, viejos tiempos. No lo logró. A la primera carrera de Cristiano se acordó de lo que no debía. De los goles como flechas. Como sucedió hace tres días, cada contragolpe del Madrid le provocó un ataque de pánico. No hay antídoto frente a esa estampida. Si reculas, acabas atrapado en la red como una mariposa; si atacas el balón, te saltan como una valla.

A pesar de tan trágico panorama, el Valencia sobrevivió a ese peligro durante 42 minutos. Un mérito. Durante ese tiempo nadó entre pirañas y chapoteó entre tiburones. En su afán por achicar espacios, Valverde retrasó la defensa y desplegó lo que podríamos denominar una "presión prudente": unos muerden, los de arriba, y otros vigilan y rezan, los demás.

El campo nunca dejó de estar cuesta arriba, pero el Valencia disfrutó de las ocasiones de la esperanza, siempre a balón parado. A los tres minutos, Valdez rozó el gol tras cabecear un saque de esquina. A los siete, Cristiano contestó con la misma jugada que le dio el primer gol el pasado domingo, galope y disparo al primer palo; Guaita no fue Diego Alves (es mejor aún) y rechazó con seguridad.

No se había cumplido el cuarto de hora cuando el meteorito con el que soñaba el Valencia cayó en el área del Madrid. Casillas, golpeado por Arbeloa, se fue lesionado. El público le despidió con una ovación de cariñoso reconocimiento y de evidente alivio. También había algo de asombro, porque lo que sucede con estos porteros roza lo esotérico. Alguien (superior) parece decidido a llevar la contraria a Mou. No sabe con quién se enfrenta.

Pero no fue esa la cadencia del partido. El juego se espesó y las defensas prevalecieron, ordenadísima la del Madrid y concentradísima la del Valencia. La distinción es relevante, porque unos podían pestañear y los otros no. Bastó una mínima distracción, alimentada por el nerviosismo de Joao Pereira (picado con Coentrao y Cristiano), para que Ricardo Costa, compatriota de todos y preocupado por ellos, se dejara una puerta abierta. Y pum, la cerró Benzema.

Observado con la perspectiva del partido de Liga (0-5 al descanso) el resultado, para el Valencia, era decoroso. Su siguiente mérito fue considerarlo insuficiente. A base de insistir, el equipo de Valverde forzó varias faltas de alto riesgo y las dos amarillas de Coentrao, un futbolista que se cae al vacío cada vez que se asoma al balón.

Colchón. Tino Costa logró el empate y el gol no dejó en buen lugar a Adán, aunque peor parado hubiera salido Casillas. Mejoró el Valencia y el Madrid se dedicó a la misma contención del 0-5, consciente de que tenía un colchón de plumas de oca y tres goles de ancho.

Los últimos minutos fueron para disfrutar de las semifinales, los de azul antracita, y para defender su orgullo, los de blanco roto. Di María fue expulsado por patear a Joao Pereira (perejil de todas las salsas) y ese fue el último jirón de piel que se dejó el Madrid. Su superioridad no se discute, a pesar de todo lo que discutimos en la ida.

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