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Copa del Rey | VALENCIA 1 - REAL MADRID 1

El Madrid confirmó su superioridad y ya está en semis

El Madrid se mete en semifinales pero lo paga con las expulsiones de Coentrao y Di María y la lesión de Casillas. Benzema adelantó al Real y empató Tino Costa.

Juanma Trueba
El Madrid confirmó su superioridad y ya está en semis Ampliar
El delantero francés del Real Madrid, Karim Benzema (2d), celebra su gol, primero de su equipo, con sus compañeros durante el partido, correspondiente a la vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey de fútbol, que Valencia CF y Real Madrid disputan esta noche en el estadio de Mestalla, en Valencia. | Manuel Bruque.

Para el Valencia, el único modo de afrontar el partido era la amnesia, pero la amnesia selectiva, olvidar lo reciente y recordar lo anterior, cuando el Madrid temblaba en Mestalla, viejos tiempos. No lo consiguió. A la primera carrera de Cristiano se acordó de lo que no debía. De los goles como flechas. Como sucedió hace tres días, cada contragolpe del Madrid le provocó un ataque de pánico. No hay antídoto frente a esa estampida. Si reculas, acabas atrapado en la red como una mariposa; si atacas el balón, te saltan como una valla. A pesar de tan trágico panorama, el Valencia sobrevivió a ese peligro permanente durante 43 minutos. Un mérito. Durante ese tiempo nadó entre pirañas y chapoteó entre tiburones. En su afán por achicar espacios, Valverde retrasó la defensa y desplegó lo que podríamos denominar una presión prudente: unos muerden, los de arriba, y otros vigilan y rezan, los demás.

El campo no dejó de estar cuesta arriba, pero el Valencia disfrutó de las ocasiones de la esperanza, siempre a balón parado. A los tres minutos, Valdez, motivadísimo, rozó el gol tras cabecear un saque de esquina. A los siete, Cristiano contestó con la misma jugada que le dio el primer gol el pasado domingo, galope y disparo al primer palo; Guaita no fue Diego Alves (es levemente mejor) y rechazó con seguridad.

No se había cumplido el cuarto de hora cuando el meteorito con el que soñaba el Valencia cayó en la portería del Madrid. Casillas, golpeado por Arbeloa, se marchó lesionado. El público le despidió con una ovación de cariñoso reconocimiento y de evidente alivio. También había algo de asombro, porque lo que sucede con los porteros madridistas roza lo esotérico. Alguien (superior) parece decidido a llevar la contraria a Mourinho. No saben con quien se enfrentan.

Pero no fue esa la cadencia del partido, para nuestra desgracia y para respiro de nuestro maltrecho corazón. El juego se espesó y las defensas prevalecieron, ordenadísima la del Madrid y concentradísima la del Valencia. La distinción es relevante, porque unos podían pestañear y los otros no. Bastó una mínima distracción, alimentada por el nerviosismo de Joao Pereira (picado con Coentrao y Cristiano), para que Ricardo Costa, compatriota de todos y preocupado por ellos, se dejara una puerta sin cerrar. Y pum, la cerró Benzema.

Observado con la perspectiva del partido de Liga (0-5 al descanso) el resultado, para el Valencia, era decoroso. Su siguiente mérito fue considerarlo insuficiente. A base de insistir, el equipo de Valverde forzó varias faltas de alto riesgo y las dos amarillas de Coentrao, un futbolista que se cae al vacío cada vez que se asoma por el balón.

Tino Costa logró el empate en uno de esos lanzamientos de falta y el gol no dejó en buen lugar a Adán, pues ningún delantero tocó el balón, aunque peor parado hubiera salido Casillas. Mejoró el Valencia y el Madrid se dedicó a la misma contención que cuando ganaba 0-5, consciente de que tenía un comodísimo colchón de plumas de oca y tres goles de ancho.

Los últimos minutos fueron para disfrutar de las semifinales, los de azul antracita, y para defender el orgullo de un gran club, los de blanco roto. Di María fue expulsado por patear a Joao Pereira (perejil de todas las salsas), pero ni eso estropeó la imagen general, sólo la de los fideos del mundo. La superioridad del Madrid no se discute, a pesar de todo lo que discutimos en el partido de ida.

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