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Liga BBVA | OSASUNA 0 - REAL MADRID 0

Bandera blanca sin Cristiano

Osasuna, último hasta el final del partido (ahora es el Depor), saca los colores a un Madrid desquiciado que acabó con diez por roja a Kaká y que se olvida definitivamente de la Liga.

Alfredo Matilla
Bandera blanca sin Cristiano Ampliar
El Real Madrid no pudo con Osasuna en El Sadar. | Jesús Diges

‘El Madrid vive de Cristiano’ fue el titular que esta web utilizó para resumir el último partido del Real Madrid ante el Celta en la Copa. Pero bien podría haberse reservado para esta crónica ante Osasuna o para cualquier otra noche cotidiana en la que el astro portugués es decisivo. Ya sea por sus goles o por su ausencia. El equipo blanco no tiene pegada sin el ‘siete’, desfallece sin su gol y, sobre todo, pierde la esencia y el estilo sin su amor propio. El porcentaje de victorias del Madrid disminuye en un 10% cuando la estrella no está (del 75% de victorias al 65%), así que no es sorprendente que Mourinho presentara su rendición en la Liga en El Sadar y que Osasuna engrandeciera la figura del verdadero líder de un vigente campeón en días de luto.

El primer tiempo fue un canto al aburrimiento que hacía presagiar una noche dura para el madridismo. La salida al galope del encuentro más reciente había sido un espejismo. No hubo dueño ni brillo. Sólo pérdidas, interrupciones y brusquedad. Osasuna llevó al Madrid a su terreno y siempre se sintió más cómodo en mitad de un fútbol tan directo, en el que la segunda jugada era la única esperanza ofensiva. Varane y Albiol sostuvieron a su equipo con un poderío ejemplar en las alturas. Sobre todo porque el francés juega un día sí y veinte no y porque el valenciano reaparecía tras mes y medio en la enfermería. Ambos mantuvieron a sus compañeros firmes ante cualquier balón dividido, inyectando la actitud necesaria. Aunque sólo fuera pura fachada. Su dominio propició que Osasuna llegara poco y mal y que el Madrid viviera de esos arranques que le diferencian del resto.

Sin mascarlo ni casi merecerlo, el Madrid gozó de dos ocasiones inmejorables para haber mandado en el marcador en esos primeros 45 minutos. En la primera, Higuaín burló una precipitada salida de Andrés Fernández a la banda. El centro del argentino, sin portero en la cueva, no llegó a rematarlo Khedira en su enésima llegada por sorpresa. La segunda, justo antes del descanso, la desbarató Coentrao. Modric, en una de sus únicas apariciones, había habilitado a Callejón en su desmarque en profundidad y éste, tras encontrar su camino al gol condenado por la salida del portero, compartió el balón con el lateral portugués. Fabio desaprovechó a puerta vacía la oportunidad de pedir perdón por su ‘fumarse’ la primera sesión del año.

Osasuna no pasó los apuros que esperaba. Jamás olvidará el placer de defender sin tener a Özil, Marcelo, Benzema y, sobre todo, a Cristiano enfrente. Di María no era más que un colaborador en la recuperación enemiga de la posesión y ni Callejón ni Higuaín encararon jamás con sangre en el ojo. En ataque, el plan navarro era el de siempre desde que El Sadar existe: intensidad, presión, balón a la banda y envío rápido a la olla. Así tuvo Cejudo la única ocasión local hasta el momento. Tras un saque de banda al área y sin que el Madrid pusiera, reiteradamente, nadie a la salida.

El segundo tiempo se desarrolló con la misma falta de detalles del primero. Pero con un panorama sorprendente. Osasuna lanzado al ataque desde el inicio y el Madrid descoordinado de los pies a la cabeza. El desquiciamiento es colectivo y evidente. Ya no lo disimula nadie. El Madrid sólo piensa en las eliminatorias y así es muy complicado encarar los duelos de tres puntos. La primera de las noticias, el resurgir local, se debe a las urgencias de verse último en la tabla. La repetición de la segunda, el decaimiento madridista, a la falta de personalidad y a la renuncia de una identidad. El Madrid podrá con Osasuna siempre que juegue como suele. Pero jamás con sus mismas armas. Mou no lo entendió y lejos de corregir errores y arriesgar, sustituyó a Higuaín por Benzema y a Kaká, por Di María. Misma estrategia con otros nombres. Por eso, Sola, Oier, Lolo y Armenteros probaron a Casillas con descaro sin más respuesta en el Madrid que el balón largo y los brazos caídos.

La necesidad de ganar y el temor a volver a caer precipitaron a los dos equipos, dando como resultado un correcalles que, al menos, nos despertó del letargo. Osasuna daba más impresión de hacer daño. Por intensidad, convicción y despliegue. Entonces salió Özil y se esperaba lo de siempre: que desequilibrara. Hasta que Kaká dejó al Madrid con diez por una doble amarilla. La primera por no estar metido en el juego. Y la otra por auténtico pardillo. Osasuna se sintió fuerte y seguro, así que atacó en busca de un mejor premio. Lolo y Damiá lo intentaron desde lejos. Callejón, en la única señal de vida del Madrid en inferioridad, superó a Andrés tras un centro de Benzema, aprovechándose (según el colegiado) de unos milímetros de ventaja respecto al único defensor. Ya no había tiempo para enmendar el desastre ni para evitar que el Barça camine por la Liga con la tranquilidad de que ya no sólo tiene que pinchar para ser alcanzado. Debe reventar y parece poco probable.

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