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Copa del Rey | GETAFE 0 - ATLÉTICO 0

El Atlético de Madrid cumple con un trámite soporífero

A medio gas, el equipo de Simeone pasó a la siguiente ronda ante un Getafe disminuido por la expulsión de Rafa en el minuto 33.

Iñako Díaz-Guerra
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El centrocampista turco del Getafe Arda Turan controla el balón ante la oposición de los jugadores del Getafe, Xavier Torres y Miguel Torres durante el partido de vuelta de octavos de final de la Copa del Rey disputado esta tarde en el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe. | Alberto Martín

Decía Gene Hackman en La noche se mueve que ir a ver una película de Eric Rohmer era tan divertido como sentarse a observar crecer la hierba. Si llega a tener que tragarse el gélido Getafe-Atleti de ayer, Rohmer le parecerían los hermanos Marx, un festival. La conjunción del 0-3 de la ida, la dichosa Copa a doble partido y la idiosincrasia del Getafe, un equipo al que le cuesta arrastrar gente al estadio y parece preferir ahuyentarla (30 euros la entrada más barata para los no abonados, no fuese que algún despistado quisiera acercarse), depararon un triste espectáculo. Un campo vacío, un equipo local sin fe alguna en la remontada y un Atleti al trantrán, mandando por incomparecencia del rival, deseando irse a casa a cenar. Un tostón.

El único que saltó al césped como si fuese a disputarse un partido de fútbol de verdad, fue Falcao, al que tres semanas sin jugar le convierten en el genuino Tigre enjaulado. Y pudo pagar caro su ímpetu ante la permisividad de Pérez Montero con las contundentes faltas azulonas, único recurso que parecían manejar para detener al colombiano. Tanto dejó rascar de inicio, que Rafa pensó que todo el monte era orégano y cortó una cabalgada de Falcao hacia Moyá con una patada inmisericorde. Era el minuto 33 y descubrió el límite del árbitro: roja directa y disculpa inmediata por parte del central, que igual hasta agradeció librarse tan pronto del aburrido compromiso.

Hasta ese momento, tampoco había dado el Getafe ningún síntoma de creer que aquella noche mágica de 2007 ante el Barça podía vivir una segunda edición. Luis García alineó dos delanteros, pero crearon el mismo peligro que cuando saca sólo uno: nada. Su única ocasión fue un cabezazo de... Miranda, al intentar despejar. Courtois casi lo agradeció al poder quitarse el frío con una estirada. La temprana lesión de Lafita sólo bajó aún más la temperatura.

Arda, otro que volvía para coger ritmo, no es Falcao y pegarse por pegarse no está en su naturaleza, así que le tocó a Raúl García asumir más responsabilidad creadora de la que sus virtudes recomiendan. Como Emre no se sale del manual que le garantiza el aprobado pero jamás le acerca al sobresaliente, y Mario Suárez sigue agobiado en un calabozo creado a partes iguales por Simeone y su volátil confianza, el Atleti dominaba con el peligro de un oso amoroso.

Tras una horita de entrenamiento, Simeone quitó a Falcao y Arda y recurrió a Diego Costa, que siempre anima. El brasileño no decepcionó y tardó un minuto en crear la ocasión más clara. Pero tras aprovechar un error de Juan Rodríguez y recortar a Moyá, se quedó sin ángulo y su pase atrás lo cortó Xavi Torres. Aún generaría Costa tres oportunidades más. En la primera, un resbalón le quitó la ventaja en el mano a mano; después, su cabezazo se fue alto y, de postre, Raúl García pegó una patada al aire cuando un gran pase del brasileño le había dejado solo. La noche no estaba para goles.

Y así murió el partido, como empezó, en un estadio vacío y sin nada que llevarse a la boca. La eliminatoria había acabado antes de Navidades en el Manzanares, cuando el Atleti pidió cita para cuartos. Paso a paso, se acerca a su destino. Avisó el Cholo: quiere la Copa.

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