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Ronaldo goleó a Fuleco, la mascota del Mundial 2014

Es una evidencia que el papel de Fuleco debiera haber correspondido al personaje más representativo del Brasil contemporáneo. Nos referimos a Ronaldo el feliz.

El Mundial de Brasil cometió un error imperdonable cuando designó como mascota a Fuleco, un armadillo de la especie tolypeutes tricintus. El animal, feo como sólo puede serlo un tolypeutes, no reúne ni una sola de las condiciones que se exigen a una mascota. Ni es típico ni es amigable. Piensen en Brasil y el armadillo no estará entre sus mil primeras evocaciones, casi todas dulces. A saber: fútbol, samba, carnaval, chica de Ipanema, Senna, Amazonas (río y jinetes), caipirinha, Xuxa

Es una evidencia que el papel de Fuleco debiera haber correspondido al personaje más representativo del Brasil contemporáneo. Y no nos referimos a Paulo Coelho (brasileño de interior), sino a Ronaldo el feliz. En su perfil encontramos el fútbol, la samba, el carnaval, la totalidad de la población femenina de Ipanema y, por supuesto Xuxa. Ronie, además, se ha convertido últimamente en mascota de sí mismo (alegría perenne y rizos al viento), con lo que es posible ahorrarse el dibujo. Observen su retrato junto a Fuleco: cuesta identificar el peluche. Ronaldo sonríe más y conecta mejor; hasta parece más suave. Ronaldo es Brasil y fútbol; cuando toca, su barriga también simboliza lo emergente.

Reto. Alguien con enfermiza querencia por los armadillos relegó a Ronaldo cuando le nombró embajador del Mundial 2014. Poco le importó a Ronie. Su especialidad es reinventarse desde la felicidad. Igual le vale un concurso de televisión o su nueva etapa como estudiante de publicidad. "Han pasado 18 años desde que dejé la escuela. He aprendido mucho viajando, viviendo en el extranjero, en la escuela de la vida. Pero siento una enorme necesidad de volver a ser estudiante".

Otros futbolistas marcarán más goles, ganarán más Mundiales y hasta es posible que alguien, en el futuro, haga vibrar a aficiones tan opuestas como las de Barça y Real Madrid. Pero nadie conseguirá jamás atender con igual dedicación e idéntico éxito al trabajo y al placer, a la obligación y a la devoción. Ni siquiera Fuleco, ese maldito armadillo.

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