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Liga BBVA | Málaga 3 - Real Madrid 2

Y ahora qué, señor fiscal

Manuel Pellegrini ganó el pulso a Mourinho, que dejó a Iker Casillas en el banquillo. El Real Madrid acabará el año a 16 puntos del Barcelona. Doblete de Roque Santa Cruz.

Juanma Trueba
Y ahora qué, señor fiscal Ampliar
Isco celebró ayer su galardón marcando el primer gol del partido y cuajando una gran actuación. |

No fue sólo perder, fue dejar a Casillas en el banquillo, fue acabar con Ramos de delantero centro, fue desperdiciar los últimos minutos con balones colgados al área cuando resultaba evidente la superioridad del Madrid con la pelota en los pies. Todo eso pertenece a Mourinho y nada tiene que ver con la mala suerte, o con los errores del árbitro, o con el mal estado del césped, circunstancias ciertas, pero menores. Ayer Mourinho perdió en lo corpóreo y en lo simbólico. El entrenador que apabulla a los demás con los resultados, está aplastado por los números en la 17ª jornada. El vigente campeón se encuentra a 16 puntos del Barcelona y a siete del Atlético; sólo dos por encima del Málaga de Pellegrini. Cifras, estadísticas, balances de los que gustan a Mourinho cuando le abrillantan las medallas; no tanto ahora, deduzco, mientras le oigo hablar del esfuerzo de los chicos y de la mala suerte del equipo con los contragolpes del Málaga. Agotadas las excusas, la justificación es que nadie tiene la culpa, feliz navidad a todos.

Tampoco debe ser responsabilidad de Casillas, por lo que se ve. Tan acostumbrado al éxito de sus cambios más extravagantes (Callejón volvió a jugar de lateral) y obsesionado por demostrar su poder, Mourinho hizo realidad una vieja aspiración al dejar en el banquillo al capitán del Real Madrid y de la Selección española, un portero al que sólo se le puede echar en cara la mejor versión de sí mismo, pues nadie le hace sombra. Sí, es verdad: Casillas está flojo pero sólo en relación a Casillas. Anoche quedó claro: sin que Adán hiciera nada mal, se echaron de menos los milagros de Iker, esa costumbre que no todos practican.

Clave. Pellegrini ejerció de verdugo para completar el círculo y la moraleja. El Málaga, aturdido a ratos durante la primera parte, desarboló a su rival en la segunda. Su primer gol, un chutazo seco de Isco, llegó en su primer tiro entre palos. Sin embargo, no fue eso lo más asombroso: lo extraordinario es que el Málaga se impuso practicando el juego que prefiere el Madrid, rápidas carreras en campo abierto, ida y vuelta, frenesí. En semejante escenario, su supervivencia estuvo íntimamente ligada a Demichelis, formidable en la anticipación y en el corte, valladar por alto y taponador prodigioso. El argentino se pasó el partido metiendo el dedo en las pistolas del Madrid. Sólo un mal rebote, primero, y una pérdida de Camacho, después, se salieron de su control.

Desde los centrales (otras veces temblorosos) y a partir del portero (Caballero salvó un par de goles en la primera parte), el Málaga observó como la circulación de su sangre y de su juego alcanzaba a Joaquín, Saviola o Isco. Cada vez que el balón pasaba por ellos su juego adquiría otra dimensión. De pronto el gato era tigre y de repente el gigante se sentía tuteado, zarandeado en ocasiones. Así ocurrió en el segundo tanto del Málaga, una contra eléctrica que hubiera firmado el mejor Madrid y culminó Santa Cruz.

El paraguayo volvió a marcar, tras taconazo de Joaquín, y el Madrid se hizo ilusiones con el gol de Benzema. Pocas. Ya no hay fe, ni líder. Sólo un hombre vanidoso y ciclotímico sentado en el banquillo.

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