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Liga BBVA | MÁLAGA 3 - REAL MADRID 2

Fuera de sus casillas

El Málaga barre al Real Madrid y lo deja a 16 puntos del Barça y a siete del Atlético. Isco adelantó a su equipo y Santa Cruz dio la puntilla con un doblete. Benzema puso emoción.

Alfredo Matilla
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El Málaga celebra el tercer gol ante el Madrid en La Rosaleda. | PEDRO ARMESTRE

El Madrid no sólo ha perdido la Liga. También el norte. Verle como acabó ante el Málaga debe hacer reflexionar a quien maneja la pizarra. Mou ya trastoca hasta lo poco que funciona. Cayó de nuevo tras dominar en el primer tiempo y deja al Barcelona ya no como campeón de invierno, sino prácticamente de verano. En Málaga compareció sin sus señas de identidad, tantas veces aplaudidas. Y no sólo porque Mourinho decidió darse el capricho de sentar a Casillas, su capitán, como hizo un día con Ramos. También porque le faltó la pegada de la que siempre presume y porque no ofreció respuesta a los problemas que se le presentaron. El Málaga primero mereció ir perdiendo, luego debió golear y acabó pidiendo la hora tras regalar dos goles inútiles. Variar más en menos tiempo es imposible.

Y es que el Madrid mereció mejor premio al final del primer tiempo. Le faltó algo de fútbol, aunque le sobraron ocasiones. Desde el arranque al final. Fue el único que disparó a puerta y, además, vio cómo no le señalaron un torpe penalti que parecía claro a Khedira en el minuto 35. Cristiano puso a prueba al inicio a Caballero con una falta con metralla. De nuevo el portugués, unos minutos más tarde, desaprovechó un perfecto pase con el exterior de Di María, recuperado para la causa. El delantero empalmó con fuerza y, sin embargo, falló a placer. Parecía que al Madrid no le costaría dominar. Error.

El Málaga tocaba y tocaba. Casi como obsesión para defender el estilo Pellegrini ante quien lo desprestigió. Lo hacía casi todo bien. Hasta que llegaba al área y Saviola, inmenso en su despliegue, chocaba contra los centímetros de Pepe y Ramos. Dio la impresión que faltaba un referente en ataque para que Monreal y Joaquín, soberbio de nuevo, tuvieran un socio al que enviar centros. También malgastó demasiadas fuerzas en la protesta, a veces lógica. El Madrid, por el contrario, parecía serio, ordenado y duro cuando debió. El partido lo exigía. Anduvo más junto que nunca en defensa; quizás para no desnudar a Essien en el lateral. Así, fue haciéndose con el partido y sumando puntos hacia una victoria cicatrizadora. Di María no acertó a conectar un buen pase de Cristiano. Ni Pepe a cabecear un par de córners bien sacados.

El descanso cambió todo. Radicalmente. Donde hubo un Madrid correcto, nos encontramos con un esperpento sin equilibrio ni solidaridad. El Málaga salió con la portería como obsesión y el Madrid, con temores desconocidos. Isco le hincó el diente en la primera vez que pudo pisar el área. Joaquín encaró desde la izquierda y cuando se encontró en un callejón, cedió el balón al ‘Golden Boy’, que esperaba en el borde del área. La perla del Málaga se orientó el balón con un control burlando a Khedira y puso el zapatazo dirección al palo derecho de Adán. Era el primer disparo a portería. Después, en solo diez minutos, el Málaga pudo ampliar la renta, sentenciar y hasta firmar la goleada. El Madrid era un muerto.

El Málaga pudo, y hasta debió, preocuparse por guardar la renta. Y nada de eso. Se gustó y quería premiar a su gente. Su estilo es de los que fidelizan. Por momentos dio un baño a su rival. Su afán por estirarse vino de maravilla al Madrid, cuyo único camino hacia la salvación es el de casi siempre: la contra, la heroica, nadar contracorriente. A pesar de las facilidades, el empate llegó por pura suerte. Sin esperarlo. Un balón dividido en el área pequeña acabó con un remate a la desesperada de Benzema, tirado por los suelos tras mil afrentas. Su disparo tropezó en Sergio Sánchez y se coló ante la sorpresa de todos. El partido se abrió. Se volvió loco. Y, donde suele mandar el Madrid, dominó el Málaga. Hasta en la suerte. Otro penalti de Eliseu por manos quedó sin castigarle.

Pellegrini, maestro además de ingeniero, no varió su plan y siguió inculcando el toque como mejor defensa. Por eso se encontró con el segundo gol. Gámez centró al primer palo, Joaquín remató de tacón y el rechace, en boca gol, lo empujó Santa Cruz para delirio de La Rosaleda. Una asociación de genios que dio de nuevo frutos cinco minutos después. Esta vez Joaquín, dueño del partido, encaró a la defensa frontalmente hasta que el delantero paraguayo le dio opción de pase. Joaquín la puso en profundidad y el ariete, sin avisar, pegó de primeras al palo más cercano. Adán, otra vez, no pudo hacer más que lamentarse. El Madrid estaba partido y, a pesar de ello, se encontró con otra vida merced a un fallo de Camacho y al oportunismo de Benzema. Quedaba poco y el Málaga supo aguantar. Lo mereció Demichelis y toda la banda que lideró a instancias de Pellegrini. Donde su rival siembra debates y polémicas con un fútbol ramplón, él recoge resultados con una apuesta que enamora.

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