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Liga BBVA | REAL SOCIEDAD-SEVILLA

Los últimos de San Sebastián

Las cosas no han cambiado demasiado por San Sebastián y Sevilla desde febrero, cuando Míchel debutó en el banquillo sevillista en Anoeta.

Javier Santos

Las cosas no han cambiado demasiado por San Sebastián y Sevilla desde febrero, cuando Míchel debutó en el banquillo sevillista en Anoeta. Por aquel entonces, la Real se gustaba en la mitad de la tabla y los hispalenses depositaban en el madrileño sus esperanzas para remontar un vuelo que Marcelino García Toral no había podido levantar. Igual que antes Manzano o Álvarez. Hoy, diez meses después, Míchel retorna a San Sebastián con un Sevilla sumido en una crisis aún peor y que alcanza a todas las áreas: la deportiva (con el equipo 13º tras el 9º puesto del curso anterior), la económica (con la necesidad imperiosa de vender estrellas de forma inminente) y la social (con cada vez menos público en el Pizjuán y gran parte del mismo abroncando al palco).

La Real de Montanier quiere dar un paso adelante este año y ya busca algo más que alejarse del peligro. Ha fichado bien (en palabras de Monchi, de los que mejor lo han hecho) y parece haber encontrado la velocidad adecuada para ello: no pierde desde principios de noviembre y ha dado buena cuenta de equipos como el Málaga o el Valencia. En el otro extremo, el Sevilla: ocho puntos de los últimos 33. Sólo la crisis económica y el cambio de política respecto a los entrenadores mantienen a Míchel, cuyo trabajo parece tener convencidos a los que mandan.

Cambios obligados.

Tiene parte de razón el técnico cuando se queja de que su Sevilla tiene menos puntos de los que merecería por juego. Pero en fútbol los resultados no se merecen, se consiguen. O no. Y el Sevilla se ha acostumbrado a perder de mil maneras y a ganar sólo cuando todo funciona a la perfección, incluidos factores externos. Tampoco levanta la cabeza en la enfermería: Perotti no acaba de cerrar la puerta y es baja. Otra vez. Como Rakitic, que se concentra ya en 2013, y Fazio, sancionado. Otra vez. Serán Manu, Reyes y Botía quienes les suplan en un once que se parecerá en todo lo demás al que hizo una primera parte primorosa ante el Málaga, pero que no ganó.

En la Real es todo tan bonito que no hay bajas. Montanier tirará de lo mejor que tiene para agradar a un Anoeta de fiesta y pensando en Europa. Al Sevilla le queda más lejos y no parece que se vaya a cumplir el símil que hizo ayer Del Nido con 2005, el primer año de Juande, que empezó con pañuelos al palco y terminó en exitazo. Al plantel le pidió fe y resistencia, como aquellos españoles que fueron sometidos al célebre Sitio de Baler en 1898, pasaje que también recordó el presidente. 'Los últimos de Filipinas' resistieron un año hacinados en una iglesia. El Sevilla, refugiado en Míchel y sin apoyo externo, aún está de pie. En Anoeta, de donde parece no haberse movido en diez largos y tortuosos meses.

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