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Liga Adelante | RACING 0-SABADELL 1

De cuando se cambia todo para que todo siga igual

La revolución de Gay no sirvió más que para subrayar las carencias. Un Sabadell que se acomodó permitió que el Racing pudiera empatar

Roberto González

De cuando se cambia todo para que todo siga igual Ampliar
NO HUBO HÉROES. El Capitán América regresó antes de lo previsto, pero no tuvo su mejor día. | Nacho Cubero

Giuseppe Tomasi di Lampedusa ha pasado a la historia por una sola novela, 'El gatopardo', casi por una sola frase: "cambiarlo todo para que todo siga igual". Más o menos, depende de la traducción. En eso lleva Harry toda la temporada, de debacle en debacle hasta victoria final (eso se cree él). Y a eso se ha puesto esta semana, con la mejor voluntad del mundo, José Aurelio Gay. No son Alain Delon y Burt Lancaster, los Tancredi y Príncipe de Salina protagonistas del famoso diálogo en la película de Visconti, pero es lo que tenemos. Ayer el Racing fue otro, pero igual de pobre, de triste, de impotente y perdedor que siempre.

Parece razonable que después de cinco derrotas consecutivas, tres de ellas abiertamente ridículas, se cambien cosas. Muchas cosas. Incluso si, como es el caso, el entrenador no conoce a la plantilla. Algo habrá que hacer, pensó. El problema es que el partido ante el Sabadell le habrá dejado claras muchas cosas, casi todas malas, que los demás, los seis mil que hemos visto a esta plantilla evolucionar desde julio, ya sabíamos.

Pensar que una defensa formada por Rochela, Yuste, Bocanegra y Bautista, la más lenta que uno pueda imaginar, puede tirar la línea en el centro del campo es un ejercicio de fe. Creer que volviendo a colocar juntos en la sala de máquinas a Gullón, Óscar Pérez y Dorca el Racing puede tener la pelota y generar fútbol es no haber visto los suficientes videos, y alejar a Jairo del extremo derecho es como pegarte un tiro en el pie. Ahora Gay también lo sabe. Su suerte es que esta semana le van a empezar a traer fichajes.

Ya visto.

El primer tiempo fue una especie de deja vu. Un equipo tímido con el balón en los pies, lento y blando en las jugadas divididas, que a las primeras de cambio se viene abajo. Fue en el minuto siete. Un balón regalado, más que perdido, en el centro del campo propició un pase facilísimo en profundidad al mejor jugador del partido, Lanzarote. Verle correr emparejado a Bocanegra produjo angustia. Gol y, como ha pasado en cada ocasión en que se ha encajado el primer tanto, partido perdido. El resto del primer tiempo fue, aunque con pocas ocasiones, un toque en toda regla del Sabadell.

La segunda mitad fue otra cosa. Sobre todo porque los de Lluis Carreras se durmieron. Sin jugar bien, a trancas y barrancas, el Racing llegó algo más y tuvo tres o cuatro ocasiones. Pudo incluso haber empatado. No hubiera sido, por voluntad, injusto. Tampoco lo fue la victoria catalana.

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