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Liga BBVA | Athletic 1 - Celta 0

Aduriz sentencia al Celta

Ibai le dio medio gol y el ariete no perdonó. El Celta de Vigo empezó y acabó mejor el partido. Los de Marcelo Bielsa defendieron la victoria como si fuese una final.

Nika Cuenca
Aduriz sentencia al Celta Ampliar
EL CELTA SE ESTIRÓ EN LA SEGUNDA MITAD. Iraizoz desbarata una oportunidad de gol de Quique de Lucas que salió de refresco y protagonizó ocasiones de peligro. |

El Athletic sudó tinta china para batir a un Celta decoroso y sin pegada. Mientras Iago Aspas estuvo metido en el partido, sin perderse entre protestas con rivales y árbitro, le fue mucho mejor. Es buenísimo, aunque le puede la boca. Ya de previa los leones le tenían ganas por decir en su día que Susaeta no merecía ir a la Selección cuando fue citado. Habla mucho mejor con el balón. Se fue echando pestes y Paco Herrera le esperó en el túnel para enseñarle la penúltima lección. Hay futbolista. Debe calmarse.

De eso sabe bien Aritz Aduriz, que a veces se perdía en soltar los codos y ahora es un jugador contrastado, eficaz, un líder. Fue él, quién si no, el ejecutor de un nuevo rival. Lleva nueve dianas ligueras, casi la mitad del Athletic, y es el nuevo referente en grada y campo. San Mamés estuvo tranquilo, sin broncas, con el donostiarra al frente. Mientras, Fernando Llorente se pasó toda la segunda parte calentando y no jugó. Los hinchas del Celta se unieron a los del fondo norte local para incomodarle con cánticos a veinte metros de su zona de estiramientos. Y Bielsa prefirió tirar de un Aduriz mermado al final para evitar tentaciones de un cambio de viento. Así de triste anda el patio en el viejo estadio.

El honrado y atrevido Celta asustó de salida. Sabedor de que el Athletic no está fino, presionó muy arriba y dio el cuarto de hora a La Catedral. La movilidad de Iago Aspas, inquietante toda la tarde, traía de cabeza a Amorebieta, que para el minuto doce ya tenía una amarilla por una falta al borde del área. Los de Balaídos tocaban fácil, mandaban sin apreturas. Hasta que Aduriz empezó a notar la inferioridad en medio campo y se descolgó para buscar la profundidad en las bandas.

Se echaba de menos el control del sancionado Iturraspe, cuando de repente emergió San José para dar solidez al equipo en medio campo con varios robos de balón. Y el Athletic, a partir de ahí, creció por el costado izquierdo, donde Ibai dio la tarde a Hugo Mallo. Ramalho proponía carrera en el otro costado.

Ibai quiso agradecer a Bielsa que dejase en el banquillo a su amiguísimo Muniain y cuajó una actuación convincente. Ya sorprendió con un tiro a gol a Javi Varas, anulado por ajustado fuera de juego de Aduriz, y poco después pillaría dormido a otro elemento de la defensa, al central Túñez, que se tragó un buen centro al área pequeña. Aduriz no perdonó. El 1-0 había partido de un agresivo robo de balón de Amorebieta. Demostraba así que para noquear al valiente Celta había que poner alma, una virtud que no abandonaron los locales en toda la tarde. El ardor fue su mejor arma. No hubo más que ver cómo celebraron al final la victoria ante, en teoría, un equipo que debería estar a mayor distancia.

Los vigueses apenas se acercaron a Iraizoz en la primera mitad más que en un mal entendimiento de cabeza con Amorebieta, en el que Aspas lanzó la caña. La sensación que quedó fue que el Athletic llegaba mejor al descanso.

Vaivenes. Y el comienzo de la segunda mitad pareció presagiar un 2-0 temprano. La conexión Ibai-Aduriz volvió a terminar en gol tras una falta, pero hubo fuera de juego por esa táctica de intentar meter a la defensa rival más dentro del área arrancando desde offside. Luego, un defensa sacó en la raya un cabezazo de Amorebieta y de repente, con la entrada de De Lucas, el Celta se reactivó.

El ex pupilo de Bielsa tuvo el empate en su bota derecha, pero Iraizoz cazó con su mano derecha el intento de picadita. Los gallegos acumularon gente de ataque y los locales defensas. Hasta seis jugadores de contención llegó a situar El Loco para defender el tesoro. De Lucas desperdició una falta en la línea del área y el danés Krohn-Dehli paralizó los corazones de La Catedral con un tremendo derechazo fuera en la última jugada.

 

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