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Portada | BARCELONA 0 - BENFICA 0

La maldición de Müller

Messi entró en la segunda parte, no marcó, no batió el récord de Müller y se tuvo que retirar en camilla con una lesión de rodilla. El Barça, que no jugó bien, contiene el aliento.

Juanma Rubio

Quizá ahora suene ventajista y desde luego es muy fácil hablar a toro pasado y desde la barrera. Dice un viejo proverbio turco que cuando el carro se ha roto muchos dirán por donde no tenía que haber pasado. No se trata de señalar a Messi por querer jugar siempre ni a Tito por concederle el deseo ni a la afición por corear su nombre en el descanso y hasta que entró, esta vez desde el banquillo. Pero si la lesión fuera grave sí llevaría reflexionar sobre el exceso de bombo que se da a algunos récords, a tantas cifras que marean y a ciertos premios cuya resolución ocupa horas y horas de tertulia, páginas y páginas de periódicos. Sucede con Messi y sucede en parte porque es tan bueno que genera números para la historia y debates gigantescos para el solaz de analistas y aficionados. Ciertas cosas importan, o eso parece, porque Leo Messi está siempre.

Y quizá ahora falte, en el mejor de los casos apenas unas semanas. Esta es la película de los hechos: Messi entró en la convocatoria de un partido en el que el Barcelona no se jugaba nada con el Torpedo Müller y sus 85 goles de 1972 entre ceja y ceja. Era el día, el único ánimo de los poco más de 50.000 que fueron al Camp Nou, el ancla de todas las previas y el gancho para la retransmisión televisiva. Messi empezó en el banquillo y entró en el minuto 57 de un partido hasta entonces intrascendente. Jugó menos de media hora, tiró un par de diagonales, recibió un par de hachazos de Maxi y Matic, dos que ya repartieron lo suyo en Lisboa, y a poco más de cinco minutos para el final encaró a Artur y cuando le recortaba el portero le tocó en la parte trasera de la rodilla. Messi intentó marcar, sin ángulo, y acto seguido cayó en el suelo. Lo siguiente fue el suelo, una mano en esa rodilla izquierda, otra en la cara y la ambulancia. En el Camp Nou sorpresa. Silencio. Pavor.

Quizá la lesión no sea grave, no de esas tan graves que cambian la perspectiva de toda la temporada, pero anima a la reflexión sobre la exigencia del calendario, la voracidad de los astros que lo juegan todo y siempre… y los juegos de tahúr de los hados del fútbol, claro. La jugada concentró toda la atención del Barcelona, y del fútbol mundial, en un puñado de minutos de un partido frustrante para todos. El Barcelona no ganó, casi no jugó a nada y no llevó a Messi al récord el récord. Y el Benfica no aprovechó la alineación y la frialdad del rival y se quedó fuera de la Champions por el gol de Celtic en el minuto 82 del partido de Glasgow. Contra un Barcelona bajo mínimos y repleto de canteranos, un buen equipo con el agua al cuello no tuvo ni fortuna primero ni fuelle después. Estas son las diferencias del fútbol actual y este fue el destino del Benfica, que perdonó demasiado primero y no tuvo fuerza después aunque terminó el partido dejando unos datos que no se recuerdan en el Camp Nou, casi el doble de llegadas al área que el Barcelona (14-27), muchos más disparos totales (8-16), ocho córners más (2-10). Al final, empate y a Lisboa sin premio.

En ese primer tiempo el Benfica llegó hasta en cinco ocasiones ante Pinto, que hizo dos buenas paradas, una con ayuda final del poste. Antes Rodrigo falló un tres contra uno, después Nolito rozó la escuadra y siempre Ola John fue un martirio para Planas, superado en la banda izquierda en una noche que le resultó mortificante. El canterano no tuvo el día como no lo tuvieron Sergio Roberto, un Thiago aún oxidado por la convalecencia o su hermano Rafinha, todavía verde. Peor fue lo de Song, otra ocasión perdida, o la soledad de Villa. Así que el Barcelona se sostuvo por Pinto y por la pareja supersónica de centrales que formaron Puyol y Adriano hasta que entraron Piqué, Messi y finalmente Deulofeu, que trató de animar los minutos del espanto, de la marcha de Messi al final. La jugada desgraciada del astro argentino cerró un segundo tiempo en el que el Barcelona jugó un poco mejor y, sin alardes, se acercó al triunfo. Pero de repente daba igual un partido de por sí destinado al olvido. Daba igual el empate y hasta el cacareado récord de Müller. El Barcelona concentra la mirada sobre la rodilla izquierda de Messi y respira porque los primeros informes restan gravedad a la jugada que hizo contener la respiración al Camp Nou y que casi convierte un día de fiesta en un funeral, el récord en maldición.

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