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Liga de Campeones | REAL MADRID 4 - AJAX 1

De la pajarita a la confusión

El Madrid se valió de dos grandes asistencias de Modric y un golazo de Kaká para sentenciar. Luego se durmió. El Ajax empezó blando y se espabiló. Callejón hizo el 4-1.

Alfredo Matilla
De la pajarita a la confusión Ampliar
Callejón, Cristiano y Kaká celebran uno de los goles del Real Madrid. | JUAN MEDINA

El Madrid pudo lograr un resultado insultante y por momentos miró hasta el reloj. La intensidad es la que le hizo bipolar. El primer tiempo fue suyo y se gustó. Modric sacó la chistera con dos pases claves para que Cristiano y Callejón mejoraran sus números en la competición. Uno ya es pichichi y el otro, con el doblete firmado al final, se consolida como el suplente perfecto. De la segunda mitad se valió para sentenciar y, como consecuencia de tanto relax, para airear una versión algo caótica que mosqueo al respetable. Es difícil digerir cómo un equipo puede cambiar tanto y tan rápido. Las rotaciones, la lesión de Coentrao, el reajuste en defensa y la gasolina de varios meritorios podrían ser algunas de las razones más a mano.

Atendiendo a las sensaciones de salida, el Madrid pareció jugarse algo más que el prestigio. Cuando en realidad era su rival el único que podía convalidar los puntos por un premio. La Europa League estaba en juego y si no se esfumó fue por otro favor del Manchester City. El equipo de Mourinho salió enérgico. Con la misma seriedad con la que afrontó el derbi. Parecía una prolongación. El tercer tiempo. Benzema pronto vio cómo le anulaban un gol de forma justa. Coentrao estrelló poco después un balón a la madera; justo antes de ser sustituido por precaución. Sus molestias, con Marcelo de baja, son tan preocupantes como una rotura. La insistencia permitió que los goles no tardaran en llegar. Uno en el 13’ y el segundo en el 28’. Después, Cristiano de falta, Khedira desde media distancia y Modric de volea pudieron sentenciar antes del descanso. El Ajax era un equipo burgués, sin más arma que el toque por filosofía. Con tan poca mordiente, hasta Carvalho se vio sobrado a esas horas.

De este dominio se puede rescatar la buena respuesta de los suplentes. Modric brilló con luz propia. La trajo de Londres. Por eso se le fichó. Pero, al parecer, la tenía recargando. Hasta la fecha, había dado muestras de lo buen jugador que es. Sin embargo, también había generado dudas para gobernar los partidos, tener peso y, sobre todo, mostrarse decisivo. Esta vez, ante un Ajax blando y manso, se reivindicó desde la posición de mediocentro. Dos pases suyos dibujados con escuadra y cartabón sirvieron para que el Madrid encarrilara el partido. Benzema agradeció el primero de sus envíos para habilitar a Cristiano. En el segundo, Callejón no desaprovechó su precisión para controlar con temple y batir a Vermeer con hambre.

En la segunda mitad se esperaba que el Madrid se dejara llevar. El resultado invitaba y la Liga obliga a centrarse. Pero no. El arranque nos sorprendió. La pájara vino luego. Kaká quería su minuto de gloria. Justo lo que tardó en hacerse con el primer balón entre líneas y encarar a una defensa de plastilina. El brasileño pudo pasar, recortar o probar. Y probó. Su disparo con la zurda fue una mera caricia con rosca que entró tan cerca del palo como de la escuadra. El 3-0 espoleó al Ajax en busca de la vergüenza torera y permitió al Madrid caminar más de lo necesario. Por eso se niveló el partido. Hasta el punto de que el Ajax marcó y soñó con intimidar al Madrid. En la jugada de autos, en el minuto 60, Adán salió de puños para intentar cortar un pase bombeado con dirección a Hoesen. Su irrupción, mal medida, acabó con un despeje sin gas. El rechace, un regalo para Boerrigter, acabó siendo el 3-1.

Mou comenzó a enfadarse. Y terminó de maldecir a medida que el Ajax inquietaba más y más, y la intensidad blanca decaía por arrobas. El portugués miró al banquillo y encontró a José Rodríguez para aportarle al equipo las ganas que le faltaba. Un niño ien maduro. El ataque no presionaba y la defensa no se entendía. El Ajax tuvo tres oportunidades para meterse en el partido. Adán rugía entre la complacencia de su zaga y la bronca de su líder por querer lucir un brazalete que aún le queda holgado. El frío se apoderó del Bernabéu con tanta descoordinación y sólo recobró su aire europeo con la entrada de Morata. El canterano sólo tenía diez minutos para demostrar su valía. Le sobraron varios de ellos. En una gran arrancada por la banda derecha se deshizo de sus rivales son suficiencia y regaló un centro a Callejón para que el granadino devolviera la calma con la cabeza. Un estado de ánimo tan caro como irregular en el madridismo.

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