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Liga BBVA | BARCELONA 5 - ATHLETIC 1

El Barça tira otra 'bomba racimo'

Sentencia con facilidad y con su goleada enloquece al Athletic y, de paso, condiciona el derbi madrileño. Goles de Piqué, Messi (2), Adriano y Cesc. Soberbios Alba e Iniesta.

Alfredo Matilla
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El Barça celebra uno de los goles del partido ante el Athletic. | LLUIS GENE

El Barça tenía la gran oportunidad de meterle presión al Madrid, el eterno rival, y ya de paso mandarle un mensaje al Atlético, su perseguidor más fino. Era la noche ideal para lanzar una bomba racimo y dejar a todas las víctimas posibles por el camino. Su misión pareció clara y concisa: resolver antes de que echase a rodar el derbi. No quería esperar a que los videomarcadores del Bernabéu hablasen o que las radios interpretasen los hechos. Quiso que el recado calase en madridistas y colchoneros con la antelación suficiente para digerirlo. Quería influir, acosar y acongojar. Que hubiera tiempo para que Cristiano, Falcao y compañía echasen un ojo a la tele situada junto a la camilla. De ahí su salida rabiosa y, por eso, la sentencia prematura. Al descanso en el Camp Nou los deberes estaban hechos. El Barça hinchaba el pecho. El Athletic pedía oxígeno. Y Madrid y Atlético hacían cuentas. El plan perfecto.

El 3-0 en el intermedio pareció sencillo. Y no fue así. Llegó, no sin superar antes algunos baches. Y, eso sí, fue mejorado con detalles patentados. El Athletic salió con una gran chispa pero fue decayendo a medida que su marcaje al hombre descolocó su orden. Bielsa quiso sorprender con una estrategia suicida y volvió a pagarlo. Echó de menos la calma que aporta Muniain en la salida y, cómo no, el respeto que infunda Llorente, de nuevo en el banquillo. El Barça apretó y combinó hasta que las marcas flaquearan. Sólo así sabe destensar la cuerda que a veces lo ata. Y lo logró de la forma menos esperada. A balón parado, en un córner y poniéndolo en juego a la olla. Algo pocas veces visto. Messi sacó, Fàbregas remató con insistencia y, aunque Iraizoz se lució, Piqué machacó solo; sin oponente y a la sombra del larguero.

El Barça estaba en su salsa. Y al Athletic le entraron las dudas: seguir persiguiendo sombras o desplegarse para presentarse de una vez ante Valdés. Iniesta, Xavi y Cesc no dieron elección. El balón fue suyo. Así que mandaron a su antojo con permiso del gran portero que tenía enfrente y de la concesión de Mateu a la barra libre de faltas. Lastre que también pagó el Athletic. Entonces, Messi, que aún no había aparecido decisivamente, decidió desperezarse y dibujar un desmarque que sólo Xavi entiende. Leo quedó mano a mano ante Iraizoz, picó sutilmente el cuero por encima y cuando éste se marchaba más desviado de lo que deseaba, Amorebieta machacó con desesperación e inconsciencia. Pareció en propia puerta y Mateu se lo dio a Messi. El valor es el mismo.

Lo que ocurrió a partir de ahí fue la crónica de una goleada anunciada. Puso llegar de inmediato. Aunque no se produjo hasta que Adriano sentenció en el 46’ tras un pase inconfundible de Cesc al espacio. Era el tercero y no sería el último. Este Barça no se conforma con ganar ni gustar. Es más de avasallar. El hambre de Jordi Alba y el descaro de Iniesta no entienden de resultados. Y la afición lo agradece. El pase con el exterior del manchego a Cesc en el 4-0 fue la pincelada a una gran obra. Solucionado ya el partido a esas horas, y con los rivales directos ya pensando en otra cosa, sólo el Athletic y Müller parecían inquietos.

Por un lado, la avalancha que se atisbaba podía dejar una huella imborrable en Bilbao, así que entre Iturraspe e Ibai enlazaron una jugada magistral que sirvió de maquillaje. 4-1. Y, a la vez, el dominio culé hacía peligrar el mayor de los récords goleadores del mítico alemán. Messi no descansa. Los retos le afianzan, así que volvió a marcar. De forma inusual, con la derecha, pero gracias al mismo engranaje que tantas y tantas ocasiones perfora la banda izquierda. Pedro desmarca y Alba asiste. Lleva 84 y está a uno de hacer historia. Müller respira al ser el único superviviente de esta bomba racimo. Pero él sospecha, y los demás intuimos, que su reinado agoniza. Messi y el Barça no frenan. No les vale haber firmado el mejor arranque de una Liga.

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