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Liga BBVA | BETIS 1-REAL MADRID 0

Curro toreó en Heliópolis

El Betis firmó el partido perfecto ante un Madrid sin ángel. Beñat marcó de tiro cruzado. Penalti sin señalar de Nosa en el último segundo del partido

Juanma Trueba
Curro toreó en Heliópolis Ampliar
SIN PEGADA. Cristiano se lamenta de una ocasión desbaratada por el defensa Ángel, cuando Benzema se disponía a marcar a puerta vacía en el minuto 60. |

Si la historia tenía un millón de desarrollos posibles, el partido de anoche reprodujo el único que hacía ganador al Betis. Extraordinario guardameta, aplicación obsesiva en defensa y máxima efectividad en ataque. Un gol pronto, ninguno en contra, el fuera de juego como aliado y Cristiano distraído. Ni muy tímidos ni muy soberbios, que todo lo castiga el Madrid. También algo de suerte, por qué no admitirlo todo. Y un árbitro sin hoz admirador de Mateu.

Por esas veredas se extravió el Madrid, que hará mal si decide consolarse con el penalti de Nosa en el último segundo del tiempo añadido. Ayer no mereció la victoria, ni siquiera la excusa. Quizá, además del Betis, acusó el cansancio o la falta de concentración, que es una consecuencia directa de lo anterior. O tal vez sea el discurso del técnico lo que está gastado. Los gritos que se repiten acaban siendo ladridos en la noche; se puede seguir durmiendo. Woody Allen lo expresó de otra forma en Memorias de un seductor: "Si te quisiera como el primer día ya me habría dado un ataque al corazón". La crisis de los tres años. La vida, en fin.

Ahora, cambiemos la perspectiva. Alguien dijo que la higiene es la coquetería de la vejez, y tirando de ese hilo podríamos afirmar que el orden es la flor que adorna la solapa de los equipos que se saben inferiores. La fórmula incluye una paradoja: correr el doble y no perder la posición. Estar donde se debe visitando otros lugares. El Betis bordó la paradoja.

Comenzaremos por su portero como acto de justicia y contricción. Durante los primeros minutos le confundimos con un flan, aterrado por alto y visiblemente nervioso en cada aproximación del Madrid. Lo pensamos y lo dijimos. Al rato, y como suele ocurrir, el boomerang nos golpeó en los dientes.

Según transcurrieron los minutos, Adrián pasó de flan a turrón duro y de Jijona a Van der Saar. Ajustó sus latidos, mejoró por alto y dejó palomitas que llenarían para un calendario. Incluso más. En los últimos minutos, con el Madrid volcado, Adrián despejó con el esternocleidomastoideo un cabezazo a quemarropa de Benzema. Que alguien iguale eso.

A partir de una columna vertebral formada por Beñat, Salva Sevilla y Rubén Castro, el Betis dibujó el partido a la medida de su pizarra. Sólo ellos podían arriesgar y cometer errores, los demás debían limitarse a ser perfectos. Y lo fueron.

Valor.

En noches así queda claro que equipos como el Betis son los que puede moldear un entrenador. En el Madrid no se construye, se apila. La motivación importa más que el plan. La verdadera medida de un técnico se obtiene al observar su trabajo en grupos plagados de debilidades. En las plantillas lujosas cuesta distinguir el mérito del coche del valor del conductor. Desde ese punto de vista, podemos decir que Pepe Mel ganó ayer el campeonato mundial de pilotos.

Beñat marcó y nos hizo pensar cómo se sentirían Xavi o Iniesta en el Betis. Kaká y Modric entraron tras el descanso por Khedira y Özil. Pero esta vez la revolera no funcionó. También los toros eran más fuertes que Curro y el maestro los convertía en gatitos. Arte se llama eso. Y curro. Mucho curro.

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