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Liga BBVA | Betis 1 - Granada 2

Rico le da aire al Granada y amarga al 'Currobetis'

El equipo de Anquela supera a un mal Betis con un golazo de Mikel Rico a poco del final y sale del descenso. Torje hizo el 0-1 y Rubén Castro empató.

J. Antonio Espina

Rico le da aire al Granada y amarga al 'Currobetis' Ampliar
MAGNÍFICO TANTO. Mikel Rico sortea a Cañas antes de batir a Adrián con el gol que decidiría el partido. Un tanto de genio. |

No por sorprendente fue menos esperada la derrota del aún cuarto contra un equipo que ayer dejó de ser penúltimo, el Granada. Fiel a su historia de petardazos el Betis perdió cuando mejor lo tenía para pegar un estirón en la tabla, y lo hizo además con merecimiento. El Granada dio más sensación de empaque y peligro, y si pudo irse del Villamarín sin ganar o incluso perdiendo fue por cierta fragilidad defensiva que ayer no logró aliviar del todo.

Modo Currobetis, pues. Espantá a la vista para el equipo de Mel. Fallón atrás y sin pase fácil delante, en parte porque el Granada mordía para salir al contragolpe. La espesura verdiblanca llegó a su clímax pronto, en un esperpento de pérdida de balón perpetrado por Paulao y Nelson para que Dani Benítez pegase una de sus múltiples escapadas por la izquierda, Adrián no acertase a despejar sino a las piernas de Torje. El rumano inauguró pronto su noche de inspiración y la mandó a la red (1-0, 7').

El partido reivindicó la pierna izquierda. Fue otro extremo zurdo, Juan Carlos, quien llevó el mayor peligro hasta la meta de Toño, pero sin precisar sus centros, y el lateral izquierdo local, Álex Martínez, el que asistió a Rubén Castro (1-1, 62') para el Betis cuando la segunda parte había madurado ya y el Granada, que había desperdiciado varias contras clarísimas, parecía inmolarse al son del tópico: "el que perdona pierde".

Pero no. Después de que Molina la mandara al palo y el Betis decidiera plantar la tienda en el área granadina, apareció Mikel Rico con una jugada de genio (1-2, 74'). Una corná definitiva para los verdiblancos en una de esas noches curristas que acaban por torcerse por mucho que las parezca enderezar. El vasco se revolvió en el área y le dio aire a su equipo mientras los béticos negaban con la cabeza: la historia se repite en Heliópolis.