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Liga de Campeones | La intrahistoria

Leo Messi reprende de nuevo a Villa por no pasarle el balón

Se repite el feo gesto del Granada. Villa apenas gesticuló y tampoco le dio más explicaciones. Leo Messi también abroncó a Dani Alves en la segunda parte.

Juan Jiménez

Cuando la acción terminó, Messi no dijo nada. Por eso el episodio pasó desapercibido. Sólo se giró y empezó a andar despreocupado por lo que sucedía a su alrededor, dándole la espalda al balón y con la mirada fijada en Villa, que recuperaba la posición justo al revés: trotando de cara a portería para no perder de vista el saque de Forster. Villa debió sospechar o ver de perfil que Messi tenía los ojos clavados en él porque resultó evidente que prefería evitar el trago. Pero el argentino decidió mantener el pulso. Esperaría lo que fuese necesario. Así que en cuanto el campeón del mundo giró la cabeza a su derecha, casi un minuto después, Messi, que lo estaba esperando, hizo un gesto parecidísimo al del día del Granada, con su brazo derecho de arriba hacia abajo. El "pónmela" de toda la vida. Pero, otra vez, teñido de una desagradable y cada vez más habitual displicencia. Villa gesticuló. Es obvio que tenía una buena opción de pase, pero también de tiro. Esta vez, al contrario que el día del Granada, evitó dar más explicaciones. Sólo una pequeña señal y fin del pleito. A Messi le resultó insuficiente porque le aguantó el gesto desafiante un poquito más.

No fue el único reproche que hizo Messi durante el partido. Liberados Xavi e Iniesta, a los que respeta por completo en su toma de decisiones, Alves (curiosamente su pareja en los peloteos de calentamiento), desacertadísimo en el centro, también fue abroncado por Leo, que se pasó la segunda parte pegado a la banda derecha (cercanísima a la tribuna de Prensa, de ahí lo público del reproche a Villa) como en su época con Rijkaard e inicios con Guardiola.

Messi, fiel a ese carácter tan suyo, no habló con Vilanova ni con nadie del banquillo en la segunda parte por más que lo tuviese a tres metros. Parecía mentira verlo luego sonreír en la zona mixta del enloquecido Celtic Park cuando le preguntaron por la dedicatoria agridulce a su recién nacido hijo Thiago. "No soy un pequeño dictador", decía recientemente en una entrevista a Sport después de recoger la Bota de Oro. Siguiéndole 90 minutos, la frase estaría más en discusión que su trono como rey actual del fútbol.