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Liga de Campeones | Real Madrid 2 - Borussia 2

Empate que sabe a gloria

El gol de Özil en el 88' hizo justicia al orgullo del Madrid en la segunda parte. El Borussia se exhibió en la primera mitad. Essien y Callejón fueron los cambios clave.

Juanma Trueba
Empate que sabe a gloria Ampliar
EL RODILLO ABATIÓ AL CAPITÁN. Arbeloa, al intentar despejar el balón, superó a Casillas y los alemanes se adelantaron 1-2 antes del descanso. El capitán, que no pudo hacer nada, se quedó abatido ante la alegría de los alemanes, que festejaron el tanto con Götze, protagonista de la jugada. |

El Real Madrid empató en el último instante, sumó un punto, robó dos al Borussia, recuperó la autoestima, limpió su imagen y renovó la confianza del Bernabéu. Todos los peligros que acechaban y comprometían hasta la clasificación para octavos (perder y que venciera el City) se esfumaron cuando Özil inventó la banana inteligente, un balón cargado de efectos especiales que se perdía por fuera hasta que lo encontramos por dentro. Siempre nos hubiera quedado Mancini, pero mejor así.

El empate hizo justicia al coraje del Madrid en la segunda mitad, a su deseo por apurar hasta la última gota y, también, de otra parte, castigó merecidamente el conservadurismo final del Borussia, pecado mortal salvo que en realidad fuera agotamiento, las mismas ganas, pero ninguna fuerza.

Aunque las historias se escriben con el último sabor de boca, la primera mitad del Borussia resulta insoslayable. Hasta ayer mismo teníamos al Madrid como el mejor contragolpeador del mundo. Anoche el Borussia le discutió esa condición. Sus primeros 45 minutos fueron una exhibición de agilidad en el despliegue. En ese tramo, el Cristiano-sistema (esquema inicial) quedó anulado con un plan de ayudas que doblaba los marcajes al portugués: un alemán le disputaba el balón y otro le cerraba el paso.

Maniatado Cristiano, Di María fue el único recurso del Madrid y de sus botas surgió el poco peligro del anfitrión en la primera mitad. Entretanto, Xabi y Modric no conseguían mandar sobre el partido. Lo del croata se veía venir, pese a un par de buenos encuentros. En choques de cuajo es la mitad de un centrocampista, un futbolista con talento, pero demasiado leve. Habrá quien eche en falta a Khedira, pero puestos a practicar la melancolía recomiendo la invocación a Marcelo. El brasileño es el factor sorpresa del ataque del Madrid, la tercera vía (tras Cristiano y Di María), el desatascador universal. Y ayer el atasco era considerable.

Coronilla. El primer gol del Borussia nació de una prolongación de Lewandowski con la cabeza. Si existiera el premio a la coronilla de oro lo ganaría cada año. Reus domó el balón, que no era tan sencillo, y lo convirtió en bala de cañón; su pierna derecha es una ballesta. Si se observa la repetición televisiva, se puede pensar que Casillas se dejó algo por hacer. Sin embargo, la cámara lenta no hace honor al trueno de Reus.

El cambio de papeles era desconcertante: el Borussia parecía un Madrid disfrazado y el Madrid empataba a la alemana. En la continuación de un córner, Özil buscó el segundo palo y Pepe cabeceó con el alma; lo hizo, aproximadamente, a tres metros sobre el césped. En su celebración gritó, braceó y besó el escudo con la pasión de un marinero que vuelve a casa. El estadio comenzó a hervir.

Lo extraño es que el Borussia no se dio por aludido. Jaleado por una afición tan ruidosa como la madridista, recompuso la figura y volvió a golpear al filo del descanso. Otro balón peinado por Lewandowski, el enésimo, propició la carrera de Grosskreutz y el gol del ratonero Götze, en íntima colaboración con Arbeloa (el árbitro se lo apuntó al defensa).

Espoleados. El discurso de Mourinho debió ser persuasivo porque el Madrid que volvió del vestuario fue otro bien distinto. Essien y Callejón sustituyeron a Modric e Higuaín (tocado). El canterano (con perdón) reactivó de inmediato el ataque y el ghanés condenó a Modric a la mediapunta hasta el fin de los días.

El árbitro evitó el gol de Callejón nada más reanudarse el partido al señalar un fuera de juego milimétrico. Suerte que el chico es tan bueno por su talento como por su mentalidad competitiva. Y siguió insistiendo. A su grupa cabalgó el Madrid entero, en un proceso que le llevó a reconocerse poco a poco en el espejo, brazos, piernas, historia. El Borussia tuvo la misma visión y de pronto se sintió pequeño en mitad de un estadio tan grande y frente a un club tan poderoso.

Kaká entró por Arbeloa y se inició un asedio que se prolongó durante demasiados minutos como para no terminar en gol. Se pidieron penaltis, se provocaron colapsos y Özil marcó con la bota convertida en taco de billar; gran jugador, fantástico Mancini.