Actualizado

Actualizado a las

Liga BBVA

liga bbva

campo fútbol
jugadores

Liga BBVA | REAL MADRID 4-ZARAGOZA 0

Este Real Madrid es dinamita

El Madrid resolvió con goleada un partido que dominó el Zaragoza una hora. Higuaín y Di María abrieron el camino. Remataron Essien y Modric.

Juanma Trueba

Siesta, pereza o dosificación de esfuerzos. Desliz o virtud. Los ganadores escriben la historia y eligen la excusa. El Real Madrid marcó dos tantos en menos de media hora y otro par en los tres minutos finales. Entre medias, el partido no estuvo relleno de aire, sino de Real Zaragoza. El visitante dominó, disparó al larguero y vio cómo le anulaban un gol que pareció legal; incluso tuvo tiempo de presentarnos a un interesantísimo lateral zurdo de 26 años por el que habrá pelea de gallos a no mucho tardar: Abraham, patriarca postdiluviano del pueblo zaragocista.

El argumento de la pegada resulta cansino, pero es tan cierto como que el sol calienta (el de noviembre, menos). Hace tiempo que el Madrid ha derribado la barrera psicológica que separa del gol a muchos equipos, la mayoría. Tan fácil le resulta alcanzar ese objetivo que el trámite se descuida, cuando no se elimina directamente. En términos literarios, y acordes con el calendario, diríamos que este Don Juan no necesita hablar en verso para rendir a Doña Inés.

Ayer, sin empeñarse en exceso, el Madrid encarriló el marcador en dos repiques de Higuaín y Di María. En ambos casos se equivocó (ligeramente) quien menos se esperaba: Roberto. Al excelente guardameta del Zaragoza le respondieron los reflejos y le falló la adherencia. Primero repelió un cabezazo de Albiol, felino en la reacción; el problema es que dejó la pelota a los pies de Higuaín. Muy poco después despejó con mérito un tiro de Di María; la pega es que le entregó una segunda oportunidad.

Cumbre.

En semejante tesitura se encontró el Zaragoza cuando logró calentar los músculos. Debía escalar una montaña mucho más alta de lo previsto; el milagro inicial se había convertido en una hazaña con looping y doble tirabuzón. A pesar de las dificultades, no se quedó muy lejos de la cumbre.

El proceso fue el siguiente: el equipo de Jiménez fue creciendo al contacto con el balón. Apoño y Movilla guiaron a sus compañeros por el campo del Madrid como el abuelo que trata de demostrar a su nieto que en el armario no hay fantasmas. Abraham fue el primero en animarse y le siguieron Montañés y José Mari, Víctor y Sapunaru. El Zaragoza se desplegó en el Bernabéu como los grandes y Postiga, delantero curtido y poco hablador, agradeció la valentía. Pudo marcar varias veces y cuando lo logró le castigaron por adelantado a su tiempo.

Para desgracia del visitante, Casillas no participó de la desidia del Madrid. Iker recuperó el nivel de su mejores noches (que son casi todas) y sacó un par de balones mortíferos. Él también forma parte de la pegada que ensalzamos en el campeón. Sin su mentón de Supermán no habría lugar para las siestas, ni para las fiestas.

El Zaragoza pensó que el tiempo le daría la razón, pero se la quitó. Cristiano despertó al gigante con un trallazo al larguero en lanzamiento de falta. Todavía temblaba la portería cuando varios toques aclararon el horizonte y marcó Essien. Y aún aturdía el golpe de Essien cuando Modric logró el cuarto. El Zaragoza, estupefacto, sólo acertó a recoger los pedazos de un buen partido, el suyo.