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Liga BBVA | BARCELONA 3 - CELTA 1

Un récord en el alambre

El Barcelona juega con fuego ante un buen Celta pero no falla y firma el mejor arranque liguero de su historia. Marcó Adriano, empató Bermejo y decidieron Villa y Jordi Alba.

Juanma Rubio
Un récord en el alambre Ampliar
Adriano marcó y después se tuvo que retirar, lesionado. | CARLOS MIRA

El Barcelona juega con fuego pero no se quema. Nunca, por ahora. Y en la temporada en la que menos suspiros provoca se ha convertido en un martillo que ya ha amasado el mejor arranque liguero en la historia del club: diez partidos, nueve victorias y el empate del Clásico. 28 puntos de 30 en ritmo de campeón. Más ritmo que sensaciones. Habrá quien piense que el equipo está agotando su cuota de fortuna y que quizá la eche más tarde de menos. Pero también quien afirme que volverán Puyol y Piqué y se seguirán entonando los que empezaron la temporada de forma demasiado discreta. Unos creerán que al final sensaciones y resultados se igualarán. Otros que si este equipo no falla ahora, de ninguna manera lo hará después. ¿Quién tiene razón? El tiempo lo dirá.

Pero el hecho hasta ahora es que el Barcelona ha cruzado el primer cuarto de Liga a velocidad supersónica, sin un solo despiste. Y lo ha hecho con un fútbol de vértigo, sin el control de la era Guardiola, sin red en sus caminatas sobre el alambre y con un sentido ofensivo más vertical, más inclinado al intercambio de golpes. Su última víctima fue un Celta que arregló su pobre imagen del Bernabéu con un partido tremendo, en el que respondió a la avalancha del Barça en la primera parte y jugó sus bazas en la segunda. El encuentro se vertebró entre un primer tiempo colosal y un segundo de perfil mucho más bajo. En uno acumuló méritos el Barcelona, en el otro evitó la taquicardia. Y en los dos echó de menos a Messi, que no encontró el gol para Thiago y dejó uno de sus peores partidos de la temporada. Falló dos o tres goles de los que no suele y participó menos de lo habitual. Y terminó con molestias en la rodilla. Al día que jamás olvidará le siguió un día del que no se acordará mañana.

En ese primer tiempo de tambores de guerra hubo tres goles (dos del Barcelona, uno del Celta) y cuatro faltas (tres y una). El Barcelona atacó con lucidez pero defendió con el rosario en la mano. Empezó con tres defensas (Adriano, Mascherano, Alba), metió después a Busquets como central y jugó la segunda parte con Bartra al lado de un Mascherano en cuya espalda se cebó el Celta. De esos espacios y del toque vertical e incisivo de los de Paco Herrera surgieron las mejores llegadas, al limbo en momentos decisivos. Un minuto antes del 1-0 Aspas chocó con Valdés en un mano a mano clamoroso. A la vuelta de vestuarios y con 2-1, otra vez Aspas no definió ante el portero. El Celta basculó en torno a Varas y salió al galope en cuanto pudo. Firmó un buen partido y tuvo opciones hasta el 3-1, a media hora del final y en clamoroso fuera de juego.

Porque el Barcelona no sujetó el partido, no lo sintió bajo control hasta ese tercer gol. Primero pudo marcar muchos goles y encajar alguno, después apenas tuvo llegadas. Pero ganó y ganó porque uno de sus mejores noticias es la vibración de una banda izquierda estruendosa: Alba como lateral, Villa como extremo e Iniesta como interior y apoyo en la generación de superioridades. El manchego firmó un primer tiempo primoroso en el que mejoró cada balón que pasó por sus pies. El segundo gol fue una combinación maravillosa con Villa que remachó el asturiano. El primero sin embargo llegó por la derecha en otra jugada de altos vueltos entre Pedro y Adriano, que la inició, la remató y luego se lesionó. En un buen día de Messi el Barcelona habría marcado más goles pero en un mal día de Valdés habría encajado alguno más. El partido, con todo, no se cerró hasta que Alba recibió en fuera de juego un taconazo de Villa y marcó el tercero.

Los números del Barcelona son incontestables pero sólo algunos de sus partidos siguen un guión previsible o al menos imaginable a priori. Este tampoco fue uno de ellos. No gobernó el juego con puño de hierro, sólo se sintió cómodo a ráfagas y ni siquiera hubo gol de Messi para celebrar su paternidad. Se echa de menos terriblemente a Puyol y a Piqué y se celebra la puesta a punto de Villa y la aparición motorizada de Alba. Así gana el Barcelona y así marca el ritmo según el que late el corazón de la Liga. Y por ahora parece suficiente.