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Los equipos grandes no saben cómo llenar en la vuelta

En la edición del año pasado se dio una circunstancia feliz: la vuelta se jugó el 20 de diciembre, Navidad, lo que llevó a las gradas a muchos chavales con sus padres.

P. P. San Martín
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POCO INTERÉS. Sólo 6.500 aficionados fueron a La Romareda a ver el Zaragoza-Granada. |

Con eliminatorias definitivamente sentenciadas en la ida, los dirigentes de clubes como Real Madrid, Atlético, Valencia y Barça se preguntan cómo vender entradas para los partidos de vuelta, que se disputarán nada menos que el 28 de noviembre, ¡casi a un mes vista! El interés de los aficionados locales será mínimo.

En la edición del año pasado se dio una circunstancia feliz: la vuelta se jugó el 20 de diciembre, en vacaciones de Navidad, lo que llevó a las gradas a muchos chavales con sus padres. Aún así, al Pizjuán fueron sólo 12.000 aficionados a ver al San Roque, al Calderón 15.000, aunque el Albacete dio la campanada, a Valencia, 19.000 para ver al Cádiz y otros 25.000 se dieron cita en el Camp Nou con la visita de un Hospitalet que se llevó nueve goles.

El Madrid sí hizo buena entrada entonces con la Ponferradina, 57.000 espectadores, pero los dirigentes blancos temen que no pase lo mismo cuando el Alcoyano juegue en el Bernabéu en la vuelta.

La crisis, los horarios y el día laborable afectará tanto como los amplios resultados que han logrado los grandes en la ida de esta ronda, con excepción del pinchazo del Athletic, con el empate en el difícil Ipurúa, y la derrotas del Levante en Melilla y de la Real en Córdoba.

Tampoco han sido desbordantes los aforos en la ida de los dieciseisavos, en los que se ha visto mucho cemento. En Zaragoza se quedaron en 6.500 espectadores; en El Molinón, 9.100; en Valladolid, 11.700; en Eibar, 4.100; en Almería ¡2.400!... Y así casi todos.

Desde las oficinas de los clubes grandes se programan estrategias de venta de localidades a precios muy asequibles para la vuelta, porque en algún estadio al que por norma ya va poco público (Getafe) el panorama puede ser desolador.