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Copa del Rey | ALCOYANO 1-REAL MADRID 4

La eficacia, mejor que la moral

El Real Madrid sentencia la eliminatoria ante un gran Alcoyano. Benzema (2), Kaká y el debutante José Rodríguez marcaron. Lara, la perla del Alcoyano, dio algo de emoción.

ALFREDO MATILLA

Madrid

La eficacia, mejor que la moral Ampliar
Karim Benzema marcó dos goles en la victoria del Madrid en Alcoy, | JOSE JORDAN

El Madrid se remangó en Alcoy para evitar uno de esos sustos coperos que vive de vez en cuando y que no se olvidan jamás. No había otra escapatoria. El Alcoyano no era de fiar por su posición en la tabla y debido a un amor propio ejemplar. El equipo de Mourinho tiró de oficio, no se sonrojó por mostrar un estilo más primitivo cuando el guión lo exigió y esperó a que su rival se desgastara (y errara) para hincarle el diente con saña. Benzema abrió y cerró la goleada cuando menos méritos acumulaba su equipo. Kaká encarriló una eliminatoria en la que el Alcoyano demostró mejores maneras de las esperadas y en la que su adversario coleccionó otra víctima con la eficacia ya conocida. Para José Rodríguez quedó el honor de la sentencia con una mezcla de clase del debutante y de cantada del portero. Lara puso emoción al final. Su falta directa coronó toda una exhibición de toque y castigó la colocación de Adán.

El Alcoyano fue un dignísimo rival al que el Madrid vacunó por primera vez de la forma más inesperada y decisiva. Ese tanto cambió el panorama por completo. Lo hizo vulnerando la mayor de las virtudes de un modesto que sueña con aferrarse a su pequeño estadio para disfrutar de una fiesta merecida en el Bernabéu. El 0-1 llegó, y no debió, tras un balón largo de esos en los que los centrales reinan y después de dos despejes mal realizados que dieron rienda suelta a la pillería de Benzema. Hasta entonces, minuto 22, el conjunto local estaba sorprendiendo por su descaro. Se disfrazó de equipo grande y quiso retar al Madrid con su juego de toque y su verticalidad por las bandas. Lara, dos categorías por debajo de lo que merece, era el origen de todo. Mourinho vio tan felino a su adversario que incluso se vio obligado a prohibir a su portero el saque en corto y vigiló a todo aquel sospechoso de encoger la pierna. El choque no estaba para bromas. Selvas y sus socios mordían.

El gol de cabeza de Benzema fue clave para aplacar los ánimos del Alcoyano. Una vez amortiguada la salida de su oponente, el Madrid elaboró un plan que repitió sistemáticamente hasta que las fuerzas desnivelaran la balanza y se propiciasen las contras deseadas. El truco era viejo. El del barrio. Balón largo para buscar la segunda jugada. No era bonito ni académico. Raro siendo el Madrid. Pero sí eficaz. La estrategia obligaba al Alcoyano a recuperar la posesión, en caso de hacerlo, demasiado lejos de la portería de Adán. Con lo que cuesta luego hilvanar hasta llegar con posibilidades de pescar. Y al mismo tiempo permitía al Madrid iniciar su juego en campo ajeno sin el peligro de la amenazante presión del contrincante y de la escasa confianza en Essien para manejar. Así, sin más méritos que la superioridad física y la excelente lectura del problema, el Madrid empujó hasta dar con el segundo gol gracias a otra jugada caída del cielo que Kaká domó en dos toques para cruzar de izquierdas con precisión.

Como no podía ser de otra manera, el Alcoyano seguía con moral. Pese al resultado. Nunca dejó de mirar hacia delante. Intentó en el segundo tiempo dar algo de sentido a los 90 minutos que restan por disputarse. Sin embargo, la gasolina ya no le daba para mucho más que apostar a la estrategia. Tras ese arranque tan bravo, Remón dejó de encimar a Alex y Kaká, y a partir de ahí el Madrid empezó a elaborar con más continuidad. Los centímetros de Albiol y Varane aplacaban cualquier intento de revuelta vía aérea. Nacho se comportó como un veterano. Y los cambios no salieron a pasear. Adán sólo tuvo que atajar un balón manso de De Dios y sintió algo de temor en dos saques de banda al bulto. El tercer gol, obra de José Rodríguez, sirvió para reivindicar a la cantera. Ola a la que se subió Morata al final. Su pared con Benzema sirvió para que el francés certificase otra goleada y para despejar los fantasmas que intentó avivar Lara.