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Copa del Rey | LLAGOSTERA 0 - VALENCIA 2

El balón parado del Valencia fue mejor que el del Llagostera

El equipo de Pellegrino encarrila la eliminatoria frente al Llagostera. Jonas y Valdez fueron los autores de los goles. Los locales fallaron un penalti con 0-2.

P. Bargueño

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Llagostera 0 - Valencia 2 | RODOLFO MOLINA

El Llagostera, uno de los grandes escala-categorías del fútbol español (de Segunda Regional a Segunda B en apenas ocho temporadas) vistió de gala su pequeño Municipal todo lo que pudo en su cita copera, lo que se tradujo en varias gradas supletorias para duplicar el aforo. Fue el único lujo que se permitió el conjunto gerundés, que propuso un partido a cara de perro al Valencia. Con su fútbol directo y aguerrido, acabó sin querer invitando al conjunto ché a sumarse a la fiesta del balón largo. Ahí, a balón parado, ganaron los de Pellegrino.

Ya se sabía el obsequio que el Llagostera tenía preparado para el Valencia, que cumplía 500 partidos en Copa. Un terreno de juego de césped artificial de 95x60 metros y fútbol directo. Mucho fútbol directo. A estos dos ingredientes se sumó un tercero: lluvia a raudales. Con todo y con eso, Pellegrino, un funambulista más en Valencia, no quiso renunciar a sus ideas y plantó un centro del campo con Parejo y Banega, que volvía a la titularidad 8 meses después.

Saques de esquina y estrategia desde la línea de banda. Ambas fueron las principales jugadas que se pudieron ver en la primera mitad por parte de ambos equipos, especialmente en el Llagostera. Una de las más claras del conjunto catalán llegó en el minuto tres, tras una falta en la frontal que valió a Costa la amarilla. Guaita ni se inmutó ante un gran lanzamiento de Pitu.

El Valencia intentó lo imposible, poner algo de pausa al balón y elaborar jugadas. Una tarea tan entrañable en el pequeño Municipal como la que desarrollaron los locales, con balones largos como dogma de fe. Sin embargo, una de las ocasiones más claras de la primera parte se la encontró el Valencia tras una falta sobre Andrés Guardado. Jonas puso a prueba a Moragón (min. 18), que arrancó los aplausos de los 2.400 llagostenses, muchos de los cuales casi podían tocar con sus manos a los futbolistas.

El que se encontraba como pez en el agua era Marc Sellarés. El ariete del Llagostera disfrutaba como un niño con los saques en largo, los balones divididos, las disputas con los centrales, el cuerpo a cuerpo… por todo ello se le disculpa que estuviera mínimamente adelantado en el gol anulado al Llagostera (min. 20). Ni siquiera el siempre aguerrido Valdez se encontraba a gusto en semejante escenario, en el que podías romperte la crisma con las vallas que rodeaban el terreno de juego.

El partido tomaba mal aspecto para los intereses de Pellegrino. Su media era incapaz de generar juego, y tampoco ofrecía el músculo necesario en estos casos. Quizá no era consciente el argentino de que las demoliciones las planean los arquitectos, pero son otros los que pegan con el mazo.

Antes del descanso el Llagostera tuvo su momento de gloria. Pitu estuvo a punto de llegar a un buen balón de Tarradellas, pero Gayà, el chaval del filial del Valencia, estuvo acertadísimo en la cobertura. El guión previsto por Oriol Alsina, técnico local, se estaba ejecutando a pies juntillas hasta que en el minuto 45 Barragán recibió una falta cerca del lateral del área que se encargó de rematar de cabeza Jonas (0-1).

En la segunda mitad se puede decir que el Valencia tuvo algo más de control, facilitado por la ventaja en el marcador. El Llagostera no cambió de rumbo; no había más armas en el arsenal y tampoco mucha más gasolina que quemar en las piernas de lo aguerridos futbolistas de Segunda B.

Alsina realizó dos cambios -Joaqui por Àlex Moreno y Serramitja por Pitu- que parecieron dar otro aire al juego del Llagostera. Ante las buenas intenciones del Llagostera, Pellegrino respondió con algo más de fútbol directo, y en ese duelo el conjunto ché resultó vencedor. Así, Valdez remató a la red de cabeza un saque de esquina que supuso el fin de las aspiraciones locales.

Porque Sellarés tuvo el 1-2 en sus botas. Tirar el penalti de Barragán sobre Tarradellas era un reconocimiento para este delantero-retro en el mejor sentido de la palabra. Pero su lanzamiento pegó en el poste derecho de Guaita. Demasiado castigo para el ariete.

Al final no hubo sorpresas en el Municipal, y el Valencia dejó finiquitado su trabajo en estos dieciseisavos de final de Copa. Fue un día de fiesta en Llagostera, pero probablemente, el verdadero premio para ellos será jugar en Mestalla el partido de vuelta. Allí tendrán más espacio para desplegar su fútbol, que el día de mañana, si no hoy, será considerado vintage.