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Joaquín

"Le pedimos al jeque que baje al vestuario y esté más presente"

Joaquín Sánchez vivió ante el Milán un tobogán de emociones: falló un penalti e hizo el gol de la victoria. Fue ovacionado y su padre se le echó a llorar como un niño.

Mónica Marchante

¿Está disfrutando como nunca?

Sí, porque aquí nunca se ha vivido esto y por lo que ha costado. Lo del Milán fue algo histórico. Hacer nueve puntos de nueve y haciendo el fútbol que hacemos es para estar orgulloso.

Usted ya le había ganado al Chelsea con el Betis

Eso fue especial porque era mi primera Champions, le ganamos al Chelsea de Mourinho pero sólo pudimos jugar la eliminatoria. Ahora, con otro equipo andaluz y con opciones de pasar, es muy grande.

Cuando vio el grupo que les tocó, ¿pensó que lo podían lograr?

No. En la Champions nadie ha estado con nueve de nueve, con cero goles en contra y siete a favor. No nos podíamos imaginar estar así después de todo lo que habíamos pasado.

¿Firmaría fallar un penalti y meter el gol de la victoria?

¡No! Eso se acabó. Ya me ha dicho el míster que desde la pena máxima se me acabaron las papeletas. Podía ser al revés, ¡marcar y luego fallar el penalti! Se disfruta mucho más dando los tres puntos en un partido de Champions pero se sufre muchísimo. Cuando marqué fue maravilloso, hasta se me saltaron las lágrimas.

Y eso que el fallo de un penalti marcó su carrera en Corea ¿cómo se atreve aún a tirarlos?

(Risas) Porque no lo piensas, estás ahí y hay que tirar. No pensé ni en el Mundial ni en el último del día del Valladolid.

¿Y ver ahí al Milán con cinco defensas?

Vinieron a buscar el empate pero mucho mérito fue nuestro, que salimos a por ellos desde el primer momento sin darles ninguna opción. Adriano Galliani se acercó a mí y me felicitó.

¿Quién le tiene loco futbolísticamente en el Málaga?

Isco. A la edad que tiene con ese desparpajo, esa calidad, esa chispa ojalá lo podamos disfrutar muchos años.

Ya le conocía del Valencia, ¿le da algún consejo?

Tengo una relación extraordinaria, se deja aconsejar y es entrañable. Es grandísimo como futbolista y fenomenal como persona. Es muy inteligente, pero también muy joven y le digo que las precipitaciones a veces no son buenas.

Usted eso lo sabe bien

Imagínate yo con 20 años fui a un Mundial y la verdad es que las experiencias sirven, tanto para lo bueno como para lo malo, pero afortunadamente ahora hay un seleccionador que es muy inteligente para estas cosas.

¿Le llamaron de China este verano?

Cuando aquí se armó la marimorena, un grupo de Shanghai del equipo donde juega Drogba (Shanghai Shenhua) se interesó, nos reunimos pero nunca tuve la intención de irme. Siempre tuve la esperanza de que esto se arreglase, yo siempre busco la calidad de vida.

¿Lo mal que lo pasaron en verano tiene que ver con este éxito de ahora?

Por supuesto. Lo pasamos muy mal. Cada día era una tremenda incertidumbre. Te levantabas por la mañana y no sabías qué iba a pasar. Irte, no irte, si iban a pagar, no iban a pagar Lo peor era no tener una cara que te dijera lo que pasaba. Pero lo que no mata te hace mucho más fuerte y yo creo que es lo que le ha pasado a este equipo. Este equipo se ha armado de compromiso, de confianza y de fe, que es lo que hemos tenido, mucha fe y mucho trabajo. Ahora estamos viendo el fruto de esa fe y esa insistencia.

El Jeque dijo en Canal+ tras el Málaga-Milán que piensa seguir adelante con la inversión

Sí, lo vi, pero muchas veces las palabras se las lleva el viento. Ya estamos curados de espanto. No queremos que venga a un partido cada cinco meses. Este equipo ha hecho méritos para que la gente esté ilusionada y para que vea que aquí hay un gran grupo humano. Los jugadores lo que le pedimos es que esté con el equipo, que venga y esté más presente. Que baje al vestuario, porque ese contacto nos transmite tranquilidad y eso es fundamental.

El día del Milán bajó. ¿Le dijo usted algo?

No, porque yo no hablo inglés y él cero de español. Estuvo con el grupo, nos felicitó y ese simple gesto para nosotros es maravilloso, porque vemos que por lo menos está ahí y vemos esa luz, vemos que sigue ahí. El míster es el que habla con él y le transmite los problemas diarios y las cosas que pasan en el club.

Hablando de Pellegrini, ¿ve similitud en lo que hizo con el Villarreal y lo que está haciendo aquí?

Sí. Pero esto tiene mucho más mérito, porque él se encuentra un equipo al borde del descenso y hay que echarle mucho valor. Venir, salvarlo y empezar esto no es fácil, con tantos jugadores nuevos de la noche a la mañana. Sólo está al alcance de Manuel.

El Real Madrid le quiso fichar en 2004. ¿Qué pasó?

Que no hubo acuerdo económico. Yo lo tenía apalabrado con Florentino, pero el Betis pedía mucho dinero, 38 o 40 millones. Fue una pena, hubiera sido un privilegio.

¿Podría escribir un libro sobre Manuel Ruiz de Lopera?

¡Hombre! ¡De Lopera no, de mí!

Y de la relación que tuvieron

Sí, sí, sí ¡me pasaron tantas cosas! Terminé la última reunión con él a las cinco de la mañana, después de lo de Albacete aquello era ya por KO técnico. Yo le decía: ¿dónde tengo que ir? ¿al Albacete? ¿al Tomelloso? Pero yo me quiero ir de aquí ya era una negociación por aplastamiento. Todo su afán era que yo perdonara todo el dinero posible, además de los 28 millones de euros que le pagaba el Valencia. Imagínate lo que yo pasé. Ahora me río, pero eso hay que pasarlo. Mi mujer embarazada, yo camino de Albacete bajo amenaza

Pasado el tiempo, ¿le guarda rencor?

No, para nada. Yo sé que él lo hacía por el enorme cariño que me tenía. No aceptaba que yo me quisiera ir. Negaba una realidad por cariño.

Como cuando te deja una novia y no lo aceptas

Exacto. Era un amor que él decía: no me lo puedo creer. Por eso hizo todo aquello, como diciendo: tú te vas a ir, pero te vas a acordar. Pero de rencor nada, al contrario, yo le estoy muy agradecido a él y al beticismo. Yo soy Joaquín, del Betis, porque allí lo he sido todo.

Debutó en Primera precisamente en un Málaga-Betis. ¿Recuerda qué le dijo Roteta aquella tarde?

Me dijo: ¡niño, o dejas de correr o te parto las dos piernas! Yo estaba que volaba, debutando, y me salió un gran partido. Tenía 20 años y me quería comer el mundo.

Uno de los momentos emotivos de su carrera fue el recibimiento en Mestalla

Sí. Allí había 18.500 personas. Después de pasarlo tan mal fue el recibimiento más bonito que he tenido en mi carrera. Tengo la suerte de que la gente se identifica conmigo y eso es bonito y nada fácil.

¿Se arrepintió de decir: "La selección es un despelote"?

No quise ofender a nadie. Luis después me volvió a llamar y lo entendió. Pero esa frase me hizo mucho daño porque dentro del colectivo de la Selección me perjudicó. Algunos después de aquello no me querían allí.

Mal momento, justo cuando empezó todo

Muy triste. Me tragué los dos años de 'marrones' y en el último partido me quedo fuera. Pero lo que de verdad me hizo daño fue lo de Koeman. Eso es lo que me terminó de matar en la Selección.

Siempre cuenta que su madre le dio el pecho hasta los siete años. ¿A su mujer le pidió lo mismo con sus hijos?

¡No! Son otros tiempos éramos ocho hermanos. Pero te cuento un chiste. 'Dice uno: ¿Cuántos hermanos sois? y responde: Nosotros somos quince. Y le vuelve a preguntar: ¿Tendréis a tu madre en un pedestal? y responde: no, ¡la tenemos en lo alto del ropero para que no la coja mi padre! (risas)'.

¿De dónde saca tal repertorio de chistes?

Casi todos me los cuentan. La calle es una fuente inagotable. Me paran, me pongo para hacerme una foto y me dicen: 'no, no, qué foto si lo que quiero es contarte el último' Me los mandan hasta por whatsApp, ¡y a mí me encanta! Pero el número uno es César Cadaval. Los memorizo del tirón.

De no haber sido futbolista ¿hubiera intentado lo del toro?

Sí, es una profesión que llevo muy dentro. Desde pequeño muero por el mundo del toro. Cogí antes una toalla para torear que un balón de fútbol. Mi madre no estaba por la labor y mi padre me apuntó al fútbol y no me ha ido mal.

¿Cuál sería el final feliz de este cuento que está viviendo el Málaga?

Llegar a la final de la Champions. Sería perfecto. Manuel nos lo dice, hay que disfrutarlo pero con ganas y con fe, sabiendo que le podemos plantar cara a cualquiera. De momento ver a mi padre venir a abrazarme al acabar la noche del Milán llorando como un niño es algo que no voy a olvidar. Te lo cuento y tengo el vello de punta.

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