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Europa League | Atlético 2 - Académica 1

Emre ilumina una noche gris

El Atleti encarrila el pase bajo la lluvia. Soporífera primera parte. Diego Costa abrió la lata. Golazo de falta de Emre. Agobio final tras marcar Cissé

Emre ilumina una noche gris Ampliar
RABIA Y ALEGRÍA. Emre, autor del segundo gol de los rojiblancos, celebra puño en alto su tanto. Gabi, Tiago y Filipe Luis se acercan a su compañero para felicitarlo.

Otra victoria más y van once seguidas. El Atleti, con suplentes y sin más brillo que un fogonazo de Emre, lleva tres de tres en esta Europa League y tiene la clasificación para dieciseisavos en la mano, así que el torneo deparará más noches desangeladas como la de ayer, sin tensión ni prisa, sin estrellas ni grandes retos. Bendito aburrimiento tras tantos años de convertir cualquier montículo en el Everest. Tiempos pasados, aunque ayer se empeñase en darle emoción al final. Pero este Atleti ha invertido la tradición: los goles decisivos en el descuento son suyos.

Bajo una intensa lluvia, la primera parte hizo merecedores de homenaje e insignia de brillantes a los 13.000 fieles (o insensatos, que no siempre es lo mismo) que acudieron al Manzanares. Los dos puntos álgidos fueron el peinado de Ricardo, al que corta el pelo una exnovia rencorosa sin lugar a dudas, y el vodevil del Cata y las camisetas. Tras hacerse una brecha y vendarle la cabeza en el mejor disfraz de futbolista de los años 50 que se recuerda, el pulcro cuarto árbitro le obligó a vivir un tiempo en la banda, camiseta va, camiseta viene, hasta que no quedó un rastro de sangre. Ni una madre examinando la habitación de su hijo adolescente.

Y mientras las anécdotas se convertían en protagonistas por eliminación, Sílvio volvía a un once sin pena ni gloria, Adrián dejaba escapar otro DeLorean del regreso al pasado y sólo Emre y Koke, con disparos lejanos, provocaban algo parecido a peligro. La Académica no hacía honor a Coimbra: ni ímpetu juvenil ni ganas de fiesta. Muy poca cosa, salvo un par de destellos sin destino de Marinho.

En el vestuario alguien debió compadecerse de los aficionados y el Atleti metió una marcha más. De segunda a tercera, tampoco se crean. Bastó para que Diego Costa abriera el marcador casi de inmediato. En un córner, Koke volvió a demostrar que es un arma a tener en cuenta a balón parado, Tiago peinó en el primer palo y el brasileño, algo aturullado hasta entonces, remachó en el segundo. No siempre es bonito verle, pero suma mucho.

El gol animó a los rojiblancos que le dieron a Ricardo la oportunidad de redimirse (más o menos) por lo del pelo. Sobre todo en una doble parada a disparos de Diego Costa y Adrián, que volvió a toparse con el portero en una volea a los pocos minutos. Su racha no mejora. Pero nada pudo hacer el guardameta cuando Emre lanzó una falta directa (forzada de nuevo por el especialista Cebolla) como si la barrera la formaran niños de 10 años. Se acercó andando, golpeó con la izquierda sin aspaviento alguno y superó la barrera rumbo a la escuadra. Al turco le sobra calidad y de físico está mejor de lo esperado: pide a gritos más papel.

Sólo entonces asomó la Académica, gracias a Cissé, ese delantero guineano de 19 años que comenzó a jugar al fútbol federado hace sólo un año, siendo refugiado político en Italia. La historia es bonita y puede ser preciosa: el chico tiene condiciones para llegar lejos. Ayer marcó el 2-1 en posición dudosa, tras ganarle la espalda al Cata y cabecear picado. Apretaron algo los portugueses en el tramo final, más ímpetu que peligro, pero Asenjo respondió y así murió un partido que sólo se recordará por la joya de Emre. Poco, pero selecto.

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