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Liga BBVA | Deportivo 4 - Barcelona 5

Bendita locura en Riazor

Deportivo y Barça firman un partido de época. Messi, tres goles, y Cesc, tres asistencias, imperiales. Los de Oltra, de ser víctima a gran amenaza

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UN COLOSO. Messi cuajó otra actuación memorable y volvió a ser decisivo para el Barcelona con un ‘hat-trick’. En la imagen, Leo pugna por un balón con Laure.

Hay un fútbol que gusta a los entrenadores y a los analistas y otro que pone la piel de gallina a los espectadores. Este último es el que explica que este deporte sea lo que es. Y ayer, en Riazor, Deportivo y Barça jugaron el partido que ningún entrenador quiere dirigir. Ese partido que queda en manos de los jugadores, de la suerte, de la improvisación y si encima le añadimos un arbitraje como el de Paradas Romero, resulta una ruleta rusa tan apasionante que hace imposible que no te enganches a este deporte. La bendita locura que se vivió ayer en A Coruña es de esos partidos que los espectadores recordarán, que se emitirá en los resúmenes de dentro de 20 años y que los extraterrestes estudiarán cuando nos conquisten para ver cómo se divertían los terrícolas ibéricos. Alguien dirá que un 4-5 es un partido de otra época. Puede ser. Lo que está claro es que fue un partido de época.

Pasó de todo. Cesc dio un recital y lo cambiaron, el Depor, que apuntaba a corderillo camino del matadero en los primeros 20 minutos (0-3) se los puso por corbata al Barça, Messi dejó claro que es un jugador de otra galaxia (apunten en el dato señores de las naves para cuando corresponda), Xavi salió del banquillo para dictar cátedra bajando unas pulsaciones que estaban al límite de fibrilar y a pesar de perder el partido, la gente salió del estadio con una sonrisa que parecía que se habían comido a un payaso. Una gozada.

Alguien dijo alguna vez que la superioridad del Barça ante sus rivales, unida a su estilo de juego, provocaba el aburrimiento. Ayer, el Barça decidió quitarles la razón. Los de Vilanova se apearon del Rolls Royce y se subieron al Dragon Khan. Y si salieron vivos no fue por aturdimiento. Fue porque en el combate a cara descubierta tienen al mejor jugador del mundo. Se llama Leo Messi.

Episodios. Como esas series que tienen enganchado al espectador a la pantalla semana a semana, el partido se dividió en capítulos. En el primero, el Barcelona impuso su ley gracias a un Cesc imperial que se transmutó en Michael Laudrup y se hartó de dar asistencias. Se llegó al minuto 17 con un 0-3 que aparentemente aseguraba los tres puntos para el Barça y que dejaba al Depor camino de la humillación.

Pero entonces apareció el factor Paradas. No hay un gran partido sin un árbitro nefasto y el colegiado andaluz ayer estuvo inversamente proporcional a lo que hicieron los profesionales del balón. El Depor marcó su primer gol en una jugada en la que el árbitro se equivocó dos veces. Si era falta, era fuera del área. Pitó penalti. Y si lo pitaba, tenía que expulsar a Mascherano. Pizzi marcó el 1-3 y tras un saque de esquina, Valdés se comió el 2-3 de Bergantiños. Cuando la cosa se ponía calentita, Messi lo tranquilizó con el 2-4. Todo parecía controlado, pero un golazo de falta de Pizzi puso el 3-4 y Paradas, que no quería quedarse fuera de la fiesta, expulsó a Mascherano. Con diez, el Barça se encomendó a Xavi para frenar el juego y a Messi para decidir. ¡Y cómo decidió! El 3-5 fue una obra de arte. Ni así estuvo el Barça tranquilo porque un autogol de Alba mantuvo la locura hasta el final. Una bendita locura.

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