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Javi Guerra

"Ni antes era el mejor, ni ahora soy el peor"

Tras marcar 49 goles en dos años en Segunda, el delantero malagueño pasa por un mal momento de cara a portería, pero tiene la confianza de que todo cambiará con el primer gol. El sábado volverá a La Rosaleda en Primera.

I. Bailador

Dicen que está anímicamente tocado, ¡cuénteme!

No es fácil acostumbrarte a estar en el banquillo. A nadie le gusta, pero llevo los últimos cinco años jugándolo casi todo, siendo titular, y soy consciente de que esto puede cambiar. No tengo que obsesionarme, ni bajar los brazos.

Usted ha hecho 49 goles en dos años y ahora parece que tiene que empezar de cero

Sí, pero también es verdad que yo era un jugador importante en Segunda y ahora me toca demostrar en Primera que puedo jugar y hacer goles. De todas formas esto es fútbol y queda mucho. Tengo claro que ahora hay otro compañero que lo está haciendo muy bien. Manucho está haciendo goles, está ayudando al equipo.

Ahora hace otro trabajo, menos vistoso, y a usted le cuesta más estar en contacto con el balón, amén de que esto es Primera

Está claro que se nota el cambio. Es evidente que los equipos son mejores y las defensas tienen mayor calidad, pero también es verdad que no dominamos tanto como en Segunda y, al final, te sientes un poco solo arriba y no te llegan balones, aunque es verdad que hago otro trabajo.

Y en estos momentos, ¿en quién se apoya Javi Guerra?

Supongo que, como todo el mundo, en la gente que te quiere. En mi familia, en mi mujer, mi hijo. Cuando llegas a casa desconectas. No soy un tio que me vuelva loco y le dé mil vueltas a la cabeza. Tampoco nos volvamos locos. Esto es fútbol. Ni antes era el mejor delantero del mundo ni ahora el peor. Sólo tengo que creer en mis posibilidades.

Su hijo Javi, con cinco años, ¿ya quiere ser futbolista?

Lo lleva en la sangre. Siempre quise tener un hijo para que disfrutara de su padre, para que fuera a verme. La verdad es que le encanta y ve muchos partidos, a veces más que yo. Es muy del Pucela, se conoce todos los nombres

¿Le recomienda la vida de futbolista?

Sí, pero es verdad que los que más sufren son los padres porque hay que irse de casa desde pequeñitos.

¿Su padre también jugaba?

Jugó en el Vélez, en el equipo de mi tierra. Fue directivo, entrenador. Un hombre de fútbol, además es conserje en el colegio "Zona Norte.

¿Su primer regalo, cuando era niño, fue un balón?

No creo. Me parece que me regalaron un tambor. Al ser mi padre conserje nosotros vivíamos en la casa del colegio. Ahí no faltaban nunca balones.

¿Usted quería ser futbolista de pequeño?

La verdad es que sí. Sobretodo con mi hermano gemelo, Emilio, siempre que podíamos jugábamos al fútbol, en cualquier parte, desde pequeños.

¿En aquella época entre Vélez y el filial del Málaga soñaban con la Primera División?

Está claro que era un sueño muy lejano. Cualquier niño cuando empieza a jugar sueña con eso. Al final, con muchísimo trabajo y sin la ayuda de nadie, de hecho he llegado a Primera con 30 años, lo conseguí y ahora quiero consolidarme. Recuerdo sobretodo que jugábamos por diversión.

...pero reconózcame que veía La Rosaleda y...

Está claro que siempre piensas en poder jugar ahí en Primera. En aquellos años estaba en Segunda y lo entrenaba Joaquín Peiro, con el que me entrenaba a menudo.

Y cuando el sábado pise La Rosaleda, en un partido de Primera, ¿qué sentirá?

Mucha emoción, ya he jugado allí en Segunda, pero esto es Primera. El sentimiento es de mucha emoción, ir a tu casa y que la gente vea que eres de allí, que te ha ido bien. Tendré un sentimiento de orgullo.

¿Se acordará de Emilio?

La verdad es que me acuerdo de él todos los días. Somos gemelos hasta para jugar al fútbol porque él también es delantero. Ahora ha vuelto al Málaga B. Él no ha tenido suerte, pero es un pedazo de delantero. Quizás en temas de fútbol no nos decimos las cosas de verdad, preferimos motivarnos.

Marcar su primer gol en Primera en La Rosaleda, ¿sería cerrar el círculo y un alivio?

Sí, la verdad es que sería un punto de inflexión, quitarme esa presión por marcar. Ojalá, sería superbonito.

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