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Carles Puyol cuenta cómo volvió a sentirse futbolista

El central del Barcelona cuenta en primera persona cómo encontró la solución a las molestias que le perseguían desde hacía tiempo y le impedían realizar su trabajo.

As.com

Carles Puyol ha pasado en los últimos meses de la última temporada y durante el verano pasado uno de sus peores etapas como futbolista. La lesión que le obligó a pasar por el quirófano llegó a hacerle pensar que nunca podría volver a jugar a nivel profesional. El central del Barcelona cuenta (además de publicar varias fotos de su recuperación) en primera person en la web '55dslstories' cuál fue la solución que no pudo encontrar en la cirugía.

"Lo peor que existe en el fútbol son las lesiones y, por suerte o por desgracia, he sufrido unas cuantas. Hubo una en concreto que pensé que directamente me iba a obligar a retirarme. Pasé muchos días recuperando. Trabajando mañana y tarde con mi fisio Juanjo Brau, pero sin encontrar solución. Algunos días parecía que la molestia se marchaba pero era solo durante unos instantes. Siempre volvía a aparecer.

Todos los días al despertarme lo primero que hacía era el movimiento para ver si la molestia seguía allí y no había desparecido. Después de cuatro meses tuve que pasar finalmente por el quirófano. Aunque no era mi primera operación, entrar en un quirófano da siempre un poco de miedo. No tenía más opciones. El día después de la intervención ya empezamos la recuperación. Otra vez sesiones de mañana y tarde para estar lo antes posible recuperado, pero la molestia seguía allí. En esos momentos se te pasan muchas cosas por la cabeza. Te planteas la posibilidad de que quizá no vuelvas a jugar nunca más.

Un día hablando con Juanjo me dijo que había pensado que sería bueno cambiar de escenario para seguir con la recuperación. Me pareció una buena idea. Le dije que me gustaría ir a Ibiza. Él no lo veía muy claro porque mucha gente relaciona Ibiza con fiesta pero por suerte le convencí. Nos fuimos con mi hermano y mi mejor amigo y seguimos entrenando allí mañana y tarde hasta que las cosas parecía que iban mejorando y decidimos que era el momento de empezar a correr: la prueba de fuego.

Fuimos a una zona que yo conocía cerca de la playa de Ses Salines. Conseguí hacer toda la sesión completa sin dolor. Por fin descubrí que podía seguir compitiendo al máximo nivel. Al terminar aquel entrenamiento estaba tan feliz como cuando ganas un título. Nos quedaban muchas horas de trabajo pero aquellos 55 minutos vi la luz que hacía tiempo que necesitaba ver".

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