Cholo (capitán del 'Hai que roelo')
"Conducía el trolebús mañana y tarde y en medio me entrenaba"
Durante 12 años fue el indiscutible capitán del Pontevedra, la mitad de ellos en Primera División, en los gloriosos años en los que se forjó el 'Hai que roelo'. Ahora, casi medio siglo después, el regreso de la Selección española a Pasarón lo ha vuelto a sacar del anonimato.
Xabier Fortes
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Lo suyo sí que tenía mérito.
Bueno, sí. Eramos un equipo humilde, pero muy orgulloso. El equipo cuajó, entre los que éramos de casa y los que vinieron de fuera, algunos rechazados por otros equipos, como Martín-Esperanza, que llegó medio cojo, o Neme, al que no quiso el Atlético...
Ahora hablamos del equipo, pero me refiero a lo de usted, jugador de élite y conductor de autobús.
Sí, je, je. La verdad es que yo de profesión era conductor del trolebús que iba a Marín y Lérez. Mi padre era el jefe de revisores de la empresa, y entre eso, y que era jugador del Pontevedra, siempre me dejaron adaptar los horarios. Conducía por la mañana temprano los primeros servicios. Aparcaba. Me iba a Pasarón a entrenar, y al salir, de nuevo al trolebús.
¿Y cómo aguantaba tanto trajín?
El fútbol era mi pasión y el calor de la gente en la grada te hacía olvidar que no tenías tiempo libre. Del trolebús al campo y de nuevo al autocar. Así unos doce años.
Un ejemplo de estajanovista pontevedrés. Por eso el 'Pravda' le debió sacar en la portada.
(Vuelve a reír). Sí, eso se comentó, aunque la verdad es que yo no conozco a nadie que haya visto esa portada. Como para hacerse con un ejemplar de un periódico soviético en aquellos años, je, je.
Pero, ¿cómo fue posible aquella locura del segundo lustro de los sesenta?
Ya le decía que el equipo cuajó de inmediato con muchos descartes de otros equipos. Nadie daba un duro por nosotros tras ascender por primera vez a Segunda en la dramática eliminatoria contra el Burgos y aquel recordado gol de Guillermo en la Puentecilla de León en el 59, en el desempate. Tres temporadas después, un gol de Ceresuela al Celta en la penúltima jornada nos llevó a Primera. Aquello fue la bomba.
¿Y después?
Bajamos ese primer año por mala suerte y resultados extraños. Llegamos a ganar al Madrid, de nuevo con un gol histórico de Ceresuela. Al año siguiente, en Segunda, con Marcel Domingo de entrenador, hicimos una temporada extraordinaria. El primer partido fue en Gijón y Marcel, que era un gran motivador, nos llevó la víspera a ver una película de acción, creo que era La matanza batutsi, para salir con tensión al campo. Se le fue la mano y en el primer tiempo ya teníamos dos expulsados. Neme, nuestro delantero, tuvo que acabar de portero porque en la segunda parte hasta expulsaron a nuestro guardameta. Pero luego toda la temporada fue un paseo. Apenas perdimos partidos y ganamos todos los de casa. En la Prensa, de broma, al Pontevedra se le apodaba como "Atila, el rey los Hunos", porque en la quiniela en Pasarón era siempre un uno fijo. Ascendimos a Primera a varias jornadas del final.
Y de 'Los Hunos' pasaron a ser el equipo hueso, el 'Hai que roelo'.
Sí. Fue sensacional. En la temporada 65-66, la primera del Hai que Roelo, fuimos líderes en dos ocasiones. La primera al derrotar al Sabadell (me acuerdo que debutó Irulegui) y, sobre todo, el más recordado, cuando le ganamos 1-0 al Atlético de Madrid con gol de mi amigo Pepín Odriozola. Nosotros ese año fuimos subcampeones de invierno, trofeo a la deportividad y conseguimos la mejor clasificación de nuestra historia en Primera, el séptimo puesto. Teníamos un equipo muy corto de efectivos. Al final, entre lesionados, falta de recambios y dejarnos llevar perdimos tres puestos en las últimas cuatro jornadas, pero debimos ser cuartos. Entonces no había el estímulo de la UEFA y nos dejamos llevar un poco.
Y claro, aquello en la ciudad fue una locura.
La gente que no lo ha vivido no se lo puede imaginar, pero éramos dioses en la ciudad. Y en los días de partido la gente iba al campo con huesos, que eran el lema del Hai que Roelo. Inolvidables las victorias al Real Madrid, una vez les ganamos 3-0 en Pasarón, al Barcelona, al que derrotamos en el Camp Nou con gol de Neme... Éramos la leche.
En los años dorados, el presidente era Miguel Otero. Se dice que era algo autoritario pero un gran presidente.
Sí, las dos cosas. Fue una pena cómo se marchó, tras el descenso, con aquellas protestas en la grada. Era algo autoritario pero un gran presidente, si no cómo ibamos a ascender a Primera y estar ahí seis años, con todo lo que hicimos.
Y dicen que usted fue capaz de callar a Di Stéfano en el mismísimo Bernabéu.
Don Alfredo era y será el mas grande. Yo era defensa lateral izquierdo, y como él se movía por todo el campo cuando venía por mi banda nos las teníamos tiesas. Yo creo que fue nuestro primer año en Primera, que debió ser su última temporada en el Madrid. Ya no tenía tanta movilidad y utilizaba recursos de veterano. Me dio una patada por detrás al quitarle el balón y yo, que nunca dejé que me tosiera nadie, le arreé un castañazo en toda la cara. El Bernabéu protestó, Di Stéfano trató de revolverse y el árbitro lo vio justo en ese momento y... vamos, no lo expulsó por ser quien era. Años después me lo presentó nuestro entrenador, el gran Héctor Rial, y bromeamos con aquella jugada.
Don Héctor Rial, un mito del madridismo y de la afición granate.
Un señor de pies a cabeza y un gran entrenador. Nos sacaba lo mejor. Quería mucho al Pontevedra. Cuando lo incineraron dejó dicho que junto a la camiseta del Madrid quería que estuviese también la granate. Y así fue.
¿Y cuándo colgó las botas?
No lo podré olvidar. Fue el día de nochebuena de 1969. El declive del equipo era total. Había envejecido y no tenía recambios. A mitad de la temporada 69-70 ya estábamos descendidos a Segunda. Yo ya tenía casi 37 años y una lesión en el tobillo. Era ley de vida, pero cuando me lo comunicaron... fue el día más triste de mi vida.
¿Y dejó de ir al fútbol?
Eso nunca. Me dieron un homenaje muy emotivo, toda la ciudad se volcó, en los escaparates de las tiendas había fotos mías y caricaturas con el trolebús. Me dieron un pase vitalicio para Pasarón. Dos o tres años después me sentí mal en un partido (la cosa iba mal) y me dio un mareo. Fue un amago de infarto y decidí devolver el carnet. Les dije que no quería morir en el campo. Desde hace dos años he vuelto a ir.
Y ahora cómo lo ve. Un campo de lujo, pero el equipo en Tercera. Algo habrá que hacer. ¡Usted es el presidente de honor!
A mí me hicieron el honor de ser presidente de honor, je, je. Voy ahora a casi todos los partidos, pero a veces siento una pena y una nostalgia terrible. Pero no desespero, sé que volveremos a ser grandes.
De momento la visita de la Selección ha vuelto a hacer que suene lo de 'Hai que Roelo'. Incluso Villar preguntó por usted en el palco de Pasarón.
Sí, je, je. Será que tiene problemas en el lateral izquierdo.
