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SUPERCOPA | Barcelona 3 - Real Madrid 2 | La contracrónica azulgrana

Ganó el fútbol de autor

El fútbol te da sorpresas. El fútbol de autor comandado por Iniesta se enfrentó a la estrategia de la guerra de las galaxias, cuyo experto es Ramos. El duelo fue igualado, casi, en el marcador. Pero en el campo hubo diferencias.

Juan Cruz

La batalla. Un joven teórico, Daniel Fortea, dice que el fútbol que practica el Barça es como cine de autor. Y que el que juega el Real Madrid es como la guerra de las galaxias. La primera parte azulgrana fue memorable, pero no consiguió perforar la portería de Iker Casillas. Hizo el Barça fútbol de autor, manejado de una manera magistral por Andrés Iniesta y por Xavi Hernández. Delante, el equipo más ambicioso del fútbol español resignó sus armas, y se olvidó del carácter galáctico de su guerra. Tuvo la suerte de ser reivindicado por la mala fortuna azulgrana, porque si eso no hubiera sucedido la batalla hubiera sido tan desigual como la posesión del balón. A veces, cincuenta puntos por encima.

El azar. Pero el azar juega al fútbol, y aunque el diseño del autor (Iniesta, Xavi) parecía perfecto, bastó que la casualidad se pusiera a disposición de Cristiano Ronaldo para que todo aquel andamiaje que el Barça había construido se rompiera como hielo en verano. Y helado se quedó el Camp Nou y el aficionado que contemplaba este precalentamiento de la liga como una metáfora de lo que puede venir. El empate era una desgracia inconcebible, y sobre todo inmerecida. Por eso el azar se puso de nuevo en marcha, cayó en los pies de Pedro, y finalmente, dos minutos después del jarro de agua fría, el Barça entibió otra vez el partido.

La estadística. Habían jugado, sobre todos los madridistas, con una estadística que les favorece: Messi no ha marcado en los últimos clásicos Madrid-Barça. Y ayer, a pesar de que lo intentó varias veces, no pudo marcar el argentino por la vía natural de su juego. El penalti le permitió romper el maleficio, y el Barça recondujo su esperanza de ganar con un brío que tuvo enseguida, en un resplandor de Xavi, la merecida respuesta al esfuerzo estético e infructuoso de la primera parte.

Juego de nervios. Estos clásicos son, para el aficionado, una tortura dulce o amarga, según como vaya el partido. Puede disfrutar, a duras penas, del juego, si éste conduce al fin a la victoria, y cuando el Barça encarriló tan brillantemente su triunfo tampoco se respiró una tranquilidad que teniendo enfrente al Madrid es inconcebible. Algún mal presagio había en el campo, como el presentimiento de una nueva casualidad. Lo que resultaba impensable era que el segundo gol del real Madrid, que le da salsa a la próxima convocatoria, fuera una pifia extrema de Víctor Valdés. La pasión barcelonista por jugar el balón en cualquier circunstancia ha roto más de un cántaro en el pasado, y anoche el cántaro se le rompió a Valdés por donde más le duele a un portero, por los pies. Fue el juego de nervios, sin duda, y también la estupidez que todos llevamos dentro, porteros incluidos.

El comportamiento. El partido se jugó con una corrección que borra el pasado de enfrentamientos broncos e innecesarios entre estos futbolistas. Desde el saludo entre los dos entrenadores a la charla de Mourinho en la banda con el hombre de los bigotes que fue testigo de su conflicto con Tito Vilanova, a la reacción que tuvieron los futbolistas cuando unos y otros reclamaron decisiones arbitrales, todo hace presagiar un campeonato distinto. Y ya era hora. El fútbol es un deporte demasiado grande como para dejarlo solo en manos de la pasión. Hay que dejarlo en manos del arte, y no solo del arte de la guerra, aunque éste sea el de la guerra de las galaxias.

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