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SUPERCOPA | Barcelona 3 - Real Madrid 2 | La contracrónica del lado blanco

El Bernabéu reventará

El Barça jugó mejor, el Madrid acusó la falta de fondo físico y todo pintaba a Supercopa cuesta arriba y casi utópica. Pero Di María, un tipo que siempre va de frente, obligó a Valdés a cometer la pifia de su vida. 3-2 y vuelta eléctrica.

Angelito de mi vida. Cuando todo parecía perdido, con un 3-1 que escocía como la sal en la herida y un Camp Nou enardecido por la majestuosa exhibición de mi paisano Iniesta, apareció este argentino narigón, corajudo y pasional que rescató la sonrisa y la fe de todo el madridismo. Su pintoresco gol es un acto de fe propia de los tiempos de Pirri y Camacho. Cualquier otro no habría disputado esa pelota a Valdés, pero allá que fue el rosarino de los siete pulmones para porfiarle la pelota al mejor portero de España por detrás de San Iker Casillas. Valdés se enredó, por un momento dejó de ver bola y sólo vio jugador hasta hacérsele de noche. El turbina Di María se adueñó del esférico y a puerta vacía silenció al Camp Nou. Agua helada para el debut de Tito Vilanova, que ya imaginaba un paseo imperial hacia la Supercopa para la vuelta en el Bernabéu. Di María sólo jugó 25 minutos para preservarle de esas roturas musculares que tanto daño le hicieron el último curso. Pero media hora de Di María basta para no rendirse nunca. Angelito de mi vida, has salvado al madridismo de una semana terrible...

Clos Gómez. Al árbitro le tenía cogida la matrícula desde un derbi en el Calderón en el que anuló tres goles legales al Madrid (dos a Raúl y uno a Van Nistelrooy). Cuando Cristiano abrió la lata, el ayudante de Clos habilitó a Pedro en una acción ajustada, que para mí era fuera de juego. Ese gol del canario metió al Barça en la pelea. Y luego ya fue más fácil para ellos. Partido descosido, el Madrid arriesgando (lo que no hizo en la primera parte) y ese manchego universal que empezó a liarla parda. Posiblemente, Iniesta no ganará nunca el Balón de Oro (tampoco se lo dieron a Raúl), pero Don Andrés es la verdadera estrella del Barça. Cuando él juega, los demás aparecen. El penalti que le sacó a Ramos fue increíble, con un recorte bestial. Luego completó su concierto con la asistencia a Xavi. Pero el Camp Nou se puso a celebrar el título y ahí se equivocó. Al Madrid nunca hay que darle por muerto. Ramos empezó a mandar atrás como si fuese tres Pepes en uno. Marcelo saltó a la medular para dar imaginación al juego, Higuaín mordía arriba y Di María se encargó de hacer el resto. Ese regalo de Valdés sabe a gloria. Los precipitados que tiraron cohetes con 3-1 puede que ahora se estén arrepintiendo...

Cristiano, mejor.Con su gol de cabeza se convierte en el primer jugador de la historia del Madrid que marca por cuarta vez consecutiva en el Camp Nou. Que nunca más le acusen de esconderse en las grandes citas. En la vuelta del Bernabéu, veremos al verdadero Cristiano.

Coentrao, ¿por qué?No haré sangre, pero repito lo que les dije aquí el otro día. Si Mou insiste en dejarle titular en detrimento de Marcelo, la afición se va a enfadar. De hecho, ya está enfadada. Un coladero. También hay que tirar de las orejas a Alexis, piscinero en plena ola de calor. Si el chileno quiere tomar el relevo escenificador de Alves se equivoca. Mal camino.

El Bernabéu arderá. Me llaman mis amigos de las Peñas Iluro de Mataró, Paco de Gavá, Pepe Ribó de Pineda de Mar, Alfonso Moreno de Oliva, Manolo el trompetista de la Filarmónica desde el Royal Concert de Amsterdam y Jorge Borda y Christian Paredes, de la nueva Peña El Sur de California. Todos creen en la magia del Bernabéu. La Supercopa se debe quedar en Cibeles. ¡A POR ELLOS!

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