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SUPERCOPA DE ESPAÑA | Barcelona 3 - Real Madrid 2

Valdés da vida al Madrid

Un error del portero deja la Supercopa abierta. Marcó Cristiano; Pedro empató en 'offside'. Messi no brilló. Iniesta, soberbio, relanzó al Barça.

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PENALTI. En el minuto 68, Iniesta se interna en el área, recorta a Ramos, que le hace una entrada y le derriba cometiendo un penalti que Clos señaló.

Minuto 83: Casillas rechaza un disparo en raya de gol a bocajarro a Messi. Pudo ser el 4-1. Minuto 84: Valdés intenta regatear a Di María, pierde la pugna el portero y el argentino firma el 3-2. Dos jugadas que resumen un Clásico trepidante, cargado de emoción, pletórico para correr el tempranero mes de agosto. Cristiano marcó, Pedrito respondió al minuto, Messi apareció, Iniesta lo bordó para que rubricara Xavi y, cuando el Camp Nou bailaba por una Supercopa casi en el saco, Valdés arruinó la fiesta a sus fieles muriendo con una idea que ya le ha dado varios disgustos. El Madrid salió derrotado, pero sin dolor, apoyado en una imagen solvente que le avala para resolver en el Bernabéu.

Cinco goles en la segunda parte prácticamente obligan a obviar lo que sucedió en la primera. Mourinho consiguió su propósito hasta el descanso, replegando a su equipo, y desgastando al Barça. El Madrid soportó los golpes, unas veces apoyado contra las cuerdas, otras subiendo la guardia y encajando con toda la entereza posible. Messi dio dos avisos, pero poco más hizo en este período y en todo el partido, salvo marcar de penalti. No fue el día más brillante de la Pulga, sometido a un bloqueo sistemático por Albiol y Ramos.

El juego de riesgo del Madrid incluía el desacierto de Benzema y Özil, el trabajo sufrido pero gris de Callejón y la cesión del balón a Xavi, Iniesta y compañía. Si olía a gol, era por el bando azulgrana, aunque los blancos llegaron ilesos a la ducha y tenían un plan.

Vuelo de gol.

El plan consistió en aprovechar un zarpazo a saque de esquina en el 54'. Antes, Arbeloa había porfiado con Alexis, reclamando el chileno un posible penalti que pudo ser si Clos Gómez se hubiera puesto severo. Pero dejó ir y fue fatal para el Barça, porque apareció el vuelo majestuoso de Cristiano, dejando pasmados a Busquets y Valdés. Así son los grandes: con un salto cambian las emociones. El Madrid se sintió gigante en el Camp Nou.

Pero... El gol no fue más que la apertura de las hostilidades. Aún estaban abrazándose en el banquillo blanco cuando Pedro ganó la espalda a Coentrao aprovechando dos cuartas en fuera de juego y la clavó. Mou entró en acción: se fue Benzema, entró Higuaín; Di María (por fin) relevó a Callejón. Y entonces la respuesta no vino de Tito Vilanova, que se mantuvo pasivo, sino del talento descomunal de Iniesta, el mago, no la marioneta. Primero, para sacarle a Ramos un penalti que Messi convirtió en gol; después, diseñando una jugada soberbia entre los centrales blancos (su única laguna) para servir a Xavi en bandeja el 3-1.

El reloj marcaba el minuto 82 y en la nube barcelonista se percibía que aquello podía ir a más, una vez que el Madrid sufría una crisis de identidad profunda. Apenas Di María y Xabi Alonso mantenían el barco a flote, achicando los demás agua a cubos, eso sí, como guerreros. Y quizás esta aparente superioridad fue la que traicionó a Valdés cuando Adriano le cedió el balón: controló mal, reaccionó mal, se cayó mal ante Di María y dejó al Camp Nou con cara de pasmo. Hay partido de vuelta y es aconsejable no perdérselo.

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