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El descaro y la paciencia del campeón quieren el triplete

SEMIFINAL | PORTUGAL 0 - ESPAÑA 0 (2-4)

El descaro y la paciencia del campeón quieren el triplete

El descaro y la paciencia del campeón quieren el triplete

EDDIE KEOGH

REUTERS

España supera a Portugal en la tanda de penaltis tras un partido muy igualado en el que sólo logro ser superior en la prórroga. Ramos, que lanzó a lo ‘Panenka’, y Casillas fueron claves.

El triplete está más cerca. Por la paciencia y fe en un estilo. Y por el descaro perfectamente representado en el lanzamiento torero de Sergio Ramos cuando la critica le acechaba tras su 'despeje' en la Champions. A esta Selección nada le asusta. Ni siquiera las patadas. Y, mucho mejor, no teme al futuro porque el horizonte le pertenece. De ahí que en la prórroga volase. España se encontró un partido repleto de trampas pero halló la solución sin estresarse, mascando un partido trabado y resolviendo una tanda de penaltis que se puso cuesta arriba desde el inicio. La Roja se muestra como un equipo veterano cuando único que le sobra es juventud. Alonso falló el primer lanzamiento pero Casillas, de nuevo Casillas, llegó al rescate una vez más para voltear las ilusiones de un país entero y poner a la Selección en una nueva final de la que antes sólo éramos espectadores.

Iniesta, Piqué, Ramos a lo ‘Panenka’ y Cesc superaron con sus gestos de responsabilidad a un adversario fiero, al que el planteamiento de Paulo Bento también le hizo merecedor de la final y al que el árbitro permitió más de una patada intimidatoria. Moutinho y Bruno Alves erraron en el momento clave y no dejaron ni lanzar a Cristiano las última pena máxima. La victoria, tan sudada como la que nos quitó los complejos frente a Italia en 2008, significa mucho más que un paso más en la competición. Da sentido a una forma de pensar y corrobora una manera de entender este deporte. España ha dejado de dudar y lamenser las heridas. Ahora el balón habla su idioma y, pase lo que pase el próximo domingo, nadie podrá olvidar a esta generación sublime de amigos que enamoran con la pelota.

El culpable fue Portugal

Portugal pareció sorprender a todos de salida menos a Del Bosque. El técnico español alineó a Negredo por una cuestión que se nos escapaba. La presión lusa obligaría en determinados momentos a traicionar el estilo para buscar el balón profundo como única salvación. España jamás estuvo cómoda por la asfixiante presión rival. La Selección debió tocar y tocar sin desesperarse. Sin rubor hasta encontrar el objetivo de siempre: forzar una superioridad, ganar la espalda de los mediocentros y encarar. Sin embargo, la frescura no acompaña y tanto hemos insistido en perfeccionar ese plan a nuestro gusto que las exigencias parece que se contagiaron.

Xavi desplazó más que nunca. Busquets arriesgó como no suele. Piqué creó dudas por momentos. Sólo Alba y Ramos eran los de siempre en la creación. Así, el dominio nunca fue regular ni autoritario. De hecho, Portugal dio el primer aviso en un córner de Veloso y, tras pelearle la posesión a España con valentía, sembró el miedo en cada carrera punzante. España estaba colapsada. Su físico no le da para ir a la pelea contra esta roca y su fútbol carecía de la chispa adecuada. Sólo en la banda izquierda había luz. Aunque parpadeaba. Alba e Iniesta jugaban a otra cosa. Ellos aportaban las únicas señales de vida. La mejor de sus conexiones nos regaló una pared en el vértice del área que tras ciento y un rechaces en busca de Negredo cayó en los pies de Arbeloa. Era una situación inmejorable para un imberbe en el remate. El lateral pudo usar el empeine u optar por el interior para asegurar. Al final, tanto miedo le dio fallar y avivar las injustas críticas a su figura que le pegó con un poco de todo, olvidando echar el cuerpo encima. Un caso parecido al que protagonizó poco después Iniesta con una rosca cinco estrellas.

Cristiano entendió entonces que a su equipo no le valía con su hambre ni sus arrancadas. Necesitaba su disparo, su desborde, su gol. Así, en la primera vez que pisó el área favorecido por una pérdida de Alba, mandó un zurdazo raso que más de uno vio dentro. Fue algo más que una amenaza. Un dardo a la confianza. Menos mal que fue de los escasos que nos envió.

Cambio de plan y de mentalidad

España comenzó con algo más de calma tras el descanso para hallar rendijas por las que colarse. También reapareció con una nueva estrategia. La del nueve mentiroso. Cesc sentó a Negredo. Más tarde Navas hizo lo propio con Silva. Del Bosque buscó más aliados en medio campo y más llegada desde atrás. Dio la vuelta a la pizarra. Xavi fue el más agradecido, ya que Veloso tuvo más deberes que perseguir la sombra del pivote. Aun así, la mejoría tardó en llegar. Almeida siguió sembrando dudas con dos galopadas mal finalizadas. Que España llevara más faltas que Portugal a esa hora era un dato revelador.

El cansancio apareció. Con él, Portugal dio unos centímetros de tregua. Y España hilvanó triangulaciones para la esperanza. Xavi probó a Rui Patricio. Cristiano a Casillas de falta. Nada cambiaba. Portugal no encontraba metros a la espalda ni España huecos que ocupar. La prórroga acechaba. Con permiso de Cristiano. En el último minuto previo al alargue, y con España inútilmente volcada para rematar una falta sin torres, mandó al limbo una contra de manual que pudo decidir la semifinal antes de tiempo.

A España le hacía más gracia la prórroga. El futuro le motiva. Y no se equivocó. Media hora más con Pedro al mando venía de lujo para su fútbol y era una tragedia para las fuerzas de Portugal. Ahí llegó la mejor versión de España. La del toque con llegada. La que emociona y fideliza. Navas tuvo una buena ocasión de puntera. La más importante de la tercera parte fue de Iniesta tras un jugadón de Alba. Ramos tuvo otra con una falta cargada de rabia. La gloria estaba más cerca. La tocamos con otro disparo de cruzado de Navas. España no quería que acabase el partido. La victoria se mascaba. Pero acabó sin que nadie se desgallitara. Era la hora de los valientes. De Casillas y sus socios. España tiene estrella y desde 2008 se ha propuesto darnos una alegría cada verano que compita. El domingo, más. De estos chavales es pecado dudar.

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