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GETAFE 0 - REAL ZARAGOZA 2 | LIGA BBVA

El Zaragoza es un milagro

Apoño y Helder Postiga hicieron los goles en un partido muy accidentado. El Getafe acabó el partido con ocho; el Zaragoza, con 10.

DAVID F. SANCHIDRIÁN

¡Sí se pudo! El Real Zaragoza obró un milagro asombroso, de los que se cuentan de abuelos a nietos, de los que erizan el vello cuando revives el momento... Porque el equipo blanquillo jugará el año que viene en la Liga BBVA y lo hará tras una remontada jamás realizada por nadie. Ha sacado la cabeza del fango en la última oportunidad después de estar empantanado desde la jornada 14 del campeonato y llegando a estar a doce puntos de la salvación. Y a base de casta, coraje y calor de una afición de Primera, ha conseguido enderezar una nave que muchos, incluso los propios protagonistas, llegaron a dar por estrellada hace pocos meses.

De puertas para afuera diremos que el mérito es de todos. Y en realidad lo es. Pero esta proeza recae mayormente en Manolo Jiménez. El de Arahal llegó la pasada nochevieja para calmar los ánimos de un conjunto fracturado por todas partes. El equipo no jugaba a nada y por momentos se hablaba más de Agapito Iglesias que de la trágica situación deportiva. Jiménez consiguió dejar a un lado todo lo extradeportivo y centrarse únicamente en el juego. Su papel ha resultado fundamental para salvar a un equipo que sólo ha estado diez jornadas fuera de los puestos de descenso.

Salir victorioso de la 'Batalla de los 90 minutos" apuntalaba al equipo maño otra temporada más en la Liga BBVA. Y si hacemos memoria nos damos cuenta de lo conseguido. Porque otro año más el equipo blanquillo sella la permanencia in extremis, como los estudiantes más corrientes. 'Vagueando todo el curso' para chapar como un animal durante la última semana.

Las voces de la experiencia siempre nos dicen que esa táctica no suele salir bien, pero al Real Zaragoza le salió a pedir de boca. Ha medidos los tiempos del campeonato a la perfección para sacar la cabeza del pozo en el momento más oportuno. De hecho, al ritmo de las últimas jornadas podría haber aspirado a la Champions League (ha sumado 31 puntos en la segunda vuelta). Ahí es cuando se encienden las bombillas de los 'malpensados'.

Por suerte el Real Zaragoza no debía desviar miradas hacia otro lugar que no fuera el Colisuem. Y decimos Coliseum pero perfectamente podríamos decir La Romareda porque los casi 10.000 seguidores aragoneses desplazados a la localidad madrileña arroparon a su equipo como si estuvieran en casa. El calor de los suyos sacudió la previsible ansiedad que podía invadir al Real Zaragoza en los primeros minutos. Tanto que llegó incluso a preocupar. El balón pasó la mayor parte del tiempo por las botas de los aragoneses pero sin arriesgar lo más mínimo y buscando siempre la espalda de la defensa azulona con balones largos de sus centrales. Ni Micael, ni Zuculini (éste recuperado en tiempo récord), ni Apoño filtraron balones a Helder Postiga.

Pero a falta de creatividad, buenas son las autoexpulsiones. El equipo zaragozano no terminaba de arrancar en el verde getafense y de repente todo se solucionó gracias a Sarabia. El excanterano del Real Madrid, traicionado por la inmadurez o la calentura del momento, enfiló el túnel de los vestuarios antes de la media hora de juego tras cometer una falta sobre Lafita. Al centrocampista no le sentó bien la decisión de Teixeira Vitienes II y tras ver la amarilla aplaudió en la cara del colegiado.

Si el Real Zaragoza ya dominaba en igualdad numérica, la superioridad le dio la chispa necesaria para empezar a avisar a Moyá. De los balones largos y la incertidumbre azulona en las jugadas a balón parado se pasó al monólogo zaragocista hasta el ecuador. Se dio un paso adelante en todas las líneas, el centro del campo ya desmenuzaba el juego, Lafita sacó el puñal en el costado zurdo y por consiguiente el número de disparos aumentaba, aunque sin la puntería necesaria. En los últimos minutos del primer tiempo se mascó el gol del Real Zaragoza tras un remate de Postiga a la salida de un córner, un lanzamiento lejano de Apoño e incluso se pidió un penalti de Valera sobre el delantero portugués. Pero sin duda la ocasión más clara la tuvo Pablo Álvarez con el tiempo cumplido. Una falta sacada por Apoño tocó en la barrera, el despiste obligó a Moyá a rechazar como buenamente pudo y el lateral argentino falló en boca de gol.

Manolo Jiménez echó más carbón a la maquinaria aragonesa tras el paso por los vestuarios con la entrada de Luis García por el renqueante Zuculini. El guión fue el mismo del final de la primera parte. Seguía dominando, incluso llegado, pero la cuenta atrás había despegado y la ansiedad se hacía hueco por Getafe. Entonces todo cambió. Todo el trabajo de las últimas semanas tuvo su recompensa con el esperado tanto de la salvación y mandó toda la tensión a 17 kilómetros, exactamente a Vallecas. Teixeira vio a Miguel Torres tocar el balón con la mano dentro del área y no dudó en ningún momento. Apoño mostró valentía en enero al embarcarse en pleno naufragio aragonés y no iba a temblar a la hora de lanzar el penalti de la salvación. El malagueño no falló.

El trabajo estaba realizado 24 jornadas después y tirarlo por la borda así como así era de locos. El Real Zaragoza juntó sus líneas y esperó sin llegar a embotellarse porque el Getafe tampoco apretó el acelerador. Aunque tuvo su oportunidad a falta de diez minutos para el final tras un saque de falta que Güiza desaprovechó en boca de gol.

Hubo tiempo para ver cómo Dujmovic y Miku enfilaron el túnel de los vestuarios pero eso poco importó. Los de Jiménez pusieron la guinda al pastel con un golazo de vaselina de Helder Postiga en el descuento. El Real Zaragoza sí que pudo obrar el milagro y estará el año que viene en la Liga BBVA.

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