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Gran tributo de Messi a Pep

El argentino marcó cuatro tantos y llegó a los cincuenta. En el último corrió a abrazar al técnico como último tributo. El Espanyol jugó sin tensión. El Barça, a ratitos.

Lo mejor que hizo Messi anoche no fue marcar los cuatro goles que le ponen en unos históricos cincuenta. Lo mejor que hizo Messi fue correr hacia el banquillo del Barcelona espontáneamente y de manera inesperada, porque ya había tenido tres oportunidades para hacerlo. Esperó, nadie sabe por qué, al cuarto. Y allí fue, a fundirse en un abrazo con el entrenador que un día le colocó inesperadamente como delantero en el 2-6 del Bernabéu y lo mantuvo allí para siempre. Messi sabe que tiene muchas cosas que agradecerle al entrenador que le ha convertido en un Balón de Oro permanente y en el mejor futbolista del mundo. El abrazo, sencillo, fue la imagen del partido y, seguramente, será la foto de un adiós.

Porque Guardiola se iba a ayer del Camp Nou. Y cuando se sentó por última vez en el banquillo, lo que vio justo delante de él fue una enorme pancarta. "T'estimem Pep", pudo leer. Y allí se sentó, relajado y plácido, a ver la última actuación de sus chicos en casa. "Abrochaos los cinturones que lo pasaremos bien", dijo en su presentación en el Gamper de 2008. Puede decirse que ha cumplido, aunque lo de ayer ante el Espanyol fue un paréntesis porque el Barcelona ha convertido los últimos partidos del campeonato en un concurso de pases de balón a Messi. Obsesionado como está el argentino por pulverizar registros, todos los esfuerzos del Barça se destinan a dejar al argentino en buena disposición para hacer gol. En cierta forma, el Barça ha traicionado en este final de campeonato los principios colectivistas de Guardiola, pero después de lo que ha dado al técnico todos estos años, parecía moralmente imposible pedir otra cosa.

Messi, por supuesto, rindió merecido tributo a su gurú. Concretamente en el minuto 11, cuando acarició el balón con su pierna izquierda por encima de la barrera. Su gol número 47 en la Liga fue precioso, pero tampoco desperezó al Barça, que jugó sin tensión. Exactamente igual que el Espanyol, al que le queda ya lejísimos la palabra competir. Sin objetivos, se ha abandonado a su suerte en lo que queda de una Liga que ha sido correcta pero a la que faltó brillantez.

El Barça jugó a ratitos, tirado por Iniesta, que actuó más adelantado de lo habitual y se acercó al gol en una falta directa y en buen zurdazo. Durante un buen rato, el partido generó sopor. Interesó más lo que sucedió fuera. Los dardos de Laporta a Rosell, el adiós de Estiarte, los cánticos de agradecimiento a Guardiola cada poco... El foco en el césped iluminaba sólo a Messi, pero La Pulga se apañó para que todos volvieran a prestar atención. Primero convirtió un penalti que lanzó a su lado de siempre y luego convirtió una asistencia de Adriano en un sprint imposible hacia el 3-0. Teixeira ayudó al argentino y señaló otro penalti cometido por Busquets. Entonces fue cuando Messi corrió a abrazar a su jefe, que se marchó exactamente igual que el día que se marchó como futbolista: desde el centro del campo. "Vuelve pronto", se leyó en una pancarta.

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