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Real Madrid | La gran fiesta del alirón número 32

"El año que viene, os traemos la Décima"

60.000 aficionados vibraron en Cibeles con los campeones de Liga

"El año que viene, os traemos la Décima" Ampliar
ÉXTASIS MADRIDISTA EN CIBELES . En torno a 60.000 madridistas festejaron por todo lo alto la conquista de la Liga 32ª. Llevaban cuatro años esperando este momento.

A las siete de la tarde, hora de partida de la caravana de los campeones, el cielo se puso negro y una lluvia disuasoria intentó apagar la euforia y el fuego de Mourinho y sus espartanos. Pero gente que gana la Liga 32ª en el Camp Nou o San Mamés no se va arrugar por un simple aguacero. De hecho, los jugadores dieron orden al chófer para que abandonase la calle Padre Damián y fuese sin titubeos hacia Cibeles, para regocijo de los miles de madridistas que esperaban pacientes bajo sus paraguas en esa fuente mítica para la religión blanca.

Serenos.

"Tranquilos, pese a la lluvia han dicho en la SER que ya han salido para acá". Cibeles estaba blindada y protegida por un sistema de seguridad inabordable. Los altercados de la noche anterior (con los vándalos de siempre dando la nota) obligaron a tomar precauciones. Pero no hacía falta. El público de ayer era diferente, con muchos padres con sus niños a hombros (empezando por el propio Mourinho), estudiantes (bastantes chicas, con sus ojos puestos en Iker y Cristiano, sobre todo) y un ambiente festivo que se vino arriba cuando se abrió el sol antes de llegar los héroes a las inmediaciones de Cibeles. La fuente fue donada por el rey Carlos IV a la ciudad de Madrid a finales del siglo XVIII, procedente de los imponentes jardines de La Granja (Segovia).

Unos 60.000 madridistas se arremolinaron en torno a la Diosa desde la confluencia de Gran Vía, calle Alcalá, Castellana y Paseo del Prado. Los ojos del madridismo han visto muchas fiestas en esta plaza vinculada desde los años 80 a los triunfos de los blancos (todo arrancó en realidad con España y con los cuatro goles del Buitre a Dinamarca en Querétaro, en el Mundial de México 86). Pero en ninguna de estas fiestas habíamos visto a un Casillas tan exultante, feliz y revoltoso.

El capitán, que en San Mamés conquistó su manita de Ligas (2001, 2003, 2007, 2008 y 2012), no se cortó un pelo. Se subió a la tarima y empezó a dirigirse a la masa de aficionados como si quisiera hablar con cada uno de ellos, respondiendo emocionado a los cánticos de "Iker, Iker, Iker" cogiéndose el escudo de la camiseta y besándolo con los ojos enrojecidos por la emoción. Bailaba, se abrazaba, cantaba, reía... Un espectáculo.

El momento cumbre del mejor portero del Mundo (elegido así por la IFFHS en los últimos cuatro años) fue cuando empezó a hacer señales con las dos manos y gestualizando que el año próximo vendrá la Décima. El chaval que desafió el star system de la época dorada de los Figo, Ronaldo, Zidane y compañía ("No soy Galáctico, soy de Móstoles") entiende que en la afición sólo hay una muesca de frustración pese a la euforia: falta la Champions. "Esta afición se lo merece todo. Ha sido una Liga muy sufrida".

Cristiano Ronaldo, que fue junto al portero el jugador más aclamado por el gentío, se unió a su capitán y ambos escenificaron una amistad que pareció sincera y auténtica. Abrazados como dos colegas, se dirigieron a la afición bailando y cantando a dúo el We are the champions. El portugués no quiso personalizar la tarde festiva en su enconada lucha con Messi por la Bota de Oro y el Pichichi: "No estoy preocupado por eso. Mi objetivo era ganar mi primera Liga en España y ya la tengo. Hemos hecho un año espectacular. Nos hemos merecido esta Liga". Por cierto, el vacile y el buen rollo que hubo en la guagua de los campeones nos llevó a momentos delirantes, como cuando los jugadores, liderados por Pepe, Marcelo y Sergio Ramos, burrearon a Cristiano el grito de "ese portugués, que hijo p... es". El 7 respondió con una sonrisa de oreja a oreja, disfrutando de su primer gran título con el Madrid (aunque en la final de Copa de 2011 ya fue el gran héroe con su golazo de cabeza en Mestalla).

Lo que fue inevitable durante los 67 minutos que duró el festejo es que la afición madridista se acordase del Barça, el gran rival de este trienio con muchas más sombras que luces.

El Barça.

Guardiola y sus sonadas quejas arbitrales tuvieron eco: "¡Pep, llorón, saluda al campeón!". También se vieron pancartas con mensajes sarcásticos: "Sin Liga, sin Champions, Pep se queda Moudo". Mucha gente llevaba camisetas y bufandas del Chelsea. Y los nostálgicos, muy numerosos, se acordaron del mítico 7: "No estamos todos, ¡falta Raúl!". Y la gente se fue a casa feliz. Sin incidentes. Una Liga más. Como siempre fue...

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