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Liga BBVA | Málaga 1 - Valencia 0

El libro de la Champions

El Málaga fue muy superior a un Valencia agotado.

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LA ALEGRÍA DEL TRIUNFO. Los jugadores del Málaga aplauden a sus aficionados tras terminar el partido.

El Málaga clausuró el paraíso del Valencia en La Rosaleda, donde no perdía desde hace 12 años. Manuel Pellegrini celebró su victoria número 150 como entrenador en España de la mejor manera posible, batiendo al tercer equipo de España y consolidando un soñado, y otrora impensable, cuarto puesto, pasaporte universal para la soñada Champions League.

Los malagueños fueron muy superiores a un rival que se comportó como un telonero. Fundido y acelerado, el escuadrón de Emery abusó de las faltas, en modo inversamente proporcional a sus argumentos ofensivos. Mientras Kameni apenas tuvo que desentumecer músculos, Guaita, como sucediera en el Santiago Bernabéu, fue su mejor hombre.

El gol llegó en el minuto 27. Joaquín sacó de banda con el formato inteligente que siempre defendió en sus tratados don Benito Floro; Jesús Gámez centró a la olla e Ignacio Camacho remató (mitad con la cabeza, mitad con el hombro) con la fortuna suficiente para que el balón adquiriera un benévolo efecto y superase la eficacia del cancerbero valencianista. La Rosaleda enloqueció. Y el medio aragonés, también. Su anterior diana data de 2008 cuando era futbolista del Atlético de Madrid.

El Valencia fue poco pulcro, se dispersó. Ineficaz en ataque, con un Soldado demasiado raso y bien detenido por los generales Weligton y Demichelis, se excedió con la dureza de Maduro y la imprudencia de Feghouli, que dejó a su equipo con 10 jugadores a causa de una segunda cartulina amarilla por una evitable entrada sobre Eliseu. Unai Emery dejó en la biblioteca su tratado sobre la mentalidad ganadora y se centró en sostener el goalaverage particular (el Valencia ganó por 2-0 en Mestalla) que hubiera sido volteado en caso de haber entrado el bello zambombazo de Cazorla que chocó con la madera (83') o cualquiera de sus diez disparos a puerta (entre ellos otro al palo de Eliseu). El sheikh Al-Thani, por fin en el palco, disfrutó con su propiedad y, de paso, se decepcionó con los ché.

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