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Liga BBVA | Real Madrid 3 - Sevilla 0

Ni cansancio ni Sevilla

El Madrid hizo sus deberes y alimentó el sueño del alirón. Cristiano y Benzema (2) acabaron con la resistencia. Los de Míchel, sin pólvora ni llama.

Ni cansancio ni Sevilla Ampliar
AL PALO. Cristiano estuvo cerca de transformar un libre indirecto en el área sevillista tras un juego peligroso de Fazio a Benzema. Su remate dio en el palo derecho de Varas.

Se esperaba mucho más del Sevilla y algo menos del Madrid. A partir de ahí nos imaginamos un partido que no sucedió. Fabulamos con un duelo reñido, al límite de la sorpresa, y la realidad es que el líder no encontró rival ni razón para despeinarse. A Mourinho se le puede discutir el estilo y la pizarra (el Bayern lo hizo), pero no se le cuestiona la arenga. Con él, la pereza o el cansancio son tentaciones implanteables. Así se explican los 91 puntos y los que están por venir. O que Di María no se detenga nunca. El entrenador abre frentes para cerrar partidos e inventa enemigos para contagiar venganzas. Se corre más cuando se huye que cuando se persigue.

La matiné comenzó revuelta, entre nubes negras y sueños de alirón. No llovió mucho ni largo rato, pero las gotas eran tibias y enormes, como si alguien se hubiera empeñado en bautizarnos; tampoco vendría mal. Lo mismo podría comentarse del Real Madrid. Su juego no fue constante, pero caló al Sevilla, empapado y aterido como los amantes abandonados. Algo le ocurre a este equipo. Y no es bueno. Se puede andar mal de musas o de talento, pero la falta de pasión resulta imperdonable. Morder es el mínimo requisito para quien se mide a un adversario superior. Rebelarse, enfurecerse, odiar (Mou System).

El Sevilla, en cambio, no mata a una mosca. Su peor imagen llegó cuando le tocó enfrentar la portería de Casillas, varias veces. Podríamos decir que Negredo, Navas o Reyes gozaron de oportunidades magníficas, pero lo cierto es que no las gozaron en absoluto. No hubo una pizca de deseo en sus miradas. Precipitación, sí; desmayo y angustia, también. Pero ni rastro de instinto asesino, de delectación por la sangre. Míchel tiene un buen equipo, pero es vegetariano.

Instinto. El primer tanto de Cristiano hizo flagrante esa diferencia. En cuanto tuvo ocasión se inventó un gol tan básico que nos dejó perplejos. Amagó con la zurda, recortó con la misma y sentenció con la diestra. Gol de colegio, en dos movimientos. De los que se chutan con el empeine y se marcan con autoestima. El día que Cristiano rebaje su ego ganará amigos y perderá gol. Otra vez la huida y la venganza, el ángel y el demonio.

Pese al tanto, el Sevilla siguió hallando caminos. Le bastaban tres buenas paredes o dos buenos pases para llegar a posiciones de remate. Pero ahí, en la teoría, solía terminar todo. Después entraba en acción la batidora mental. Para Negredo fue más fácil abordar a Pepe que asaltar la portería; cosa extraña. Navas se agotó aburrido de no encontrar cómplices y Reyes se ha vuelto tan rácano que ya nos cobra los buenos zurdazos.

En el Madrid, Granero, única novedad respecto a la Champions, aportó agilidad y sentido común. Mucho de todo. Ha madurado en condiciones adversas y nos hemos perdido el proceso. Jugó varios partidos seguidos después de un reproche del Bernabéu al técnico y lo hizo a un nivel muy alto. Sin embargo, por bien que lo haga, siempre parece condenado a habitar en la casta de los becarios, como Callejón, meritorios permanentes.

Benzema es otro capítulo y otro pabellón temático. Marcó dos goles sin hacer apenas ruido. El primero lo anotó al aprovechar un despiste de Coke, que ayer tuvo el día maléfico y sumó una docena de medios penaltis. El segundo lo hizo con el más rudimentario de sus golpes; Ramos le puso el balón en la cabeza y Benzema, en lugar de saltar a por la pelota, se arrojó sobre ella. Lo más desconcertante y esperanzador de este gran delantero es que todavía tiene cosas que aprender.

Olvidé señalar que el Sevilla debió adelantarse con un gol mal anulado. Quizá en ese tren viajaba el partido que imaginábamos, aunque me cuesta creerlo.

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